TANGO Reporter - Nota de Tapa - Marzo - Abril 2017
Tapa 167

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Tapa 216TANGO Reporter
La aeronáutica, la música popular y el tango
Por Juan Manuel Peña y José Luis Alonzo
A comienzos del siglo XX, en la Argentina, especialmente en Buenos Aires, comenzaron a desarrollarse las ascensiones en globos y a partir de 1910 los primeros vuelos de aviones, un espectáculo que deslumbró a los porteños que subían a las terrazas de sus casas para ver como se desplazaban esos maravillosos globos inflados a gas, que llevaban seres humanos en sus barquillas o, después, los grandes insectos mecánicos manejados por valientes pilotos.
Esta nueva actividad, que tenía como fin el dominio del espacio, provenía de argentinos consustanciados con el pensamiento europeo de la época que daba a la ciencia un valor superlativo, en el sentido del progreso de las mismas y su consecuente beneficio para los hombres.
Paralelamente con esto los compositores del tango, música que también comenzaba a mostrarse en varios lugares de la capital de la República, alabó la destreza y la valentía de esos aviadores que no le temían al aire ni a nada y que saludaban a la gente a medida que evolucionaban con sus vueltas por el cielo de la ciudad, que ya había abandonado su imagen de Gran Aldea, para convertirse en una metrópolis abierta a todo lo moderno. No suele encontrarse en otras actividades, a las que también se dedicaron tangos, tal cantidad de temas, aún en otro tipo de géneros de la música popular como valses, pasodobles, shimies, etc.
Y he aquí que debemos referirnos en primer lugar a Jorge Newbery, el sportman, el primer héroe popular de los argentinos, el dandy a quien se le dedican numerosos tangos antes y después de su prematura muerte, a los 39 años, en el aeropuerto de Los Tamarindos, en Mendoza, en 1914. Su entierro en la Recoleta primero y años después en Chacarita, cuando se inauguró el mausoleo actual, fue una muestra de sentir del pueblo todo, sin distinción de clases sociales. Acompañaba el cortejo el avión de Newbery arrastrado por varios cadetes militares. Hasta Carlos Gardel y José Razzano componen un estilo llamado A la memoria de Newbery, al año de su trágica muerte, en 1915, una de cuyas estrofas canta: "En un abrazo inmortal, la guitarra y el poeta / sollozan por el artista / de la aviación nacional / ¡Newbery, el cóndor genial / que fue en sublime locura / a seis mil metros de altura / rompiendo brumas ignotas, / cayó con las alas rotas / en la negra sepultura!...".
Y asì tenemos el tango del maestro Roberto Firpo De pura cepa, con letra de Benjamín Tagle Lara que se presentó en el Armenonville, en una noche de 1913, además de Un recuerdo a Newbery que compone José A. Severino, y un numeroso grupo de partituras que se le dedican. Como Prendete del aeroplano, tango de José F. Ezcurra. O Newbery, del guitarrista Luciano Ríos. Y Tu no debías morir, tango de Eleazar J. Vega, dedicado al malogrado piloto en 1914. Y el vals El aeroplano de Pedro Datta. Sin olvidar Tu sueño, "vals sentimental para piano", compuesto por el bandoneonista de Barracas, Eduardo Arolas y el de otro as del bandoneón, del barrio de Avellaneda, Miguel Bonano, titulado Alas queridas.
Teodoro Fels se hace acreedor a los tangos Don Teodoro, de Vicente Mazzoco y Cabo Fels, del maestro Pedro Sofìa, ambos tangos compuestos en 1912. Fels había sacado de El Palomar un avión subrepticiamente, ayudado por unos amigos periodistas y con el mismo aterrizó en el Uruguay y volvió. Extraordinaria hazaña para la época.
Los amigos de Newbery e integrantes del Aero Club Argentino, institución madre de la aeronáutica argentina como el ingeniero y constructor de automóviles Horacio Anasagati y Aarón de Anchorena reciben también los homenajes de los compositores de tangos con los temas Barógrafo, el primero que compuso Roberto Firpo y El Pampero para Anchorena, compuesto por Luis R. Sanmartino. Alude al globo comprado en París por Anchorena que junto con Newbery y otros amigos fundaron el Aero Club Argentino el 13 de enero de 1908, y que fue la institución que le dio impulso a nuestra primitiva aeronáutica.
Benjamín Matienzo, que desaparece con su avión en los Andes también es homenajeado como lo es el capitán Vicente Almandos Almonacid, un argentino que ingresa en el ejército francés en la primera Guerra Mundial, bombardea de noche las trincheras enemigas, es condecorado y a su vuelta al país desfila entre grandes aclamaciones por la calle Florida. Su nombre figura en el Arco de Triunfo de París. A Almonacid se le dedicaron con su mismo apellido los tangos Almonacid del violinista Agesilao Ferrazzano y otro homónimo de Humberto Tallone y Vuelo nocturno, de Domingo Salerno. Emilia Baddia de Burugna le dedicó el vals A Chile de noche, cuando Almonacid cruzó los Andes, meta de todo aviador de la época. Piloteaba un avión Spad XIII que quiso comprar, a lo que los franceses contestaron "Al capitán Almonacid, los aviones no se le venden, se le regalan...".
A Matienzo se le dedican los tangos Matienzo, perdido en las cumbres, compuesto por Udelino Toranzo y otros tres tangos con su apellido, que pertenecen a Domingo Salerno, Enrique Delfino y Alfredo de Rosa. También se compuso el vals A Matienzo, por Adolfo B. Cia, en 1919. Lo mismo le sucede a Eduardo Bradley y Ángel María Zuloaga quienes en el globo "Eduardo Newbery" salen de Chile, cruzan los Andes y bajan en Uspallata, Mendoza. Esto sucedió en junio de 1916. Después de esa tremenda hazaña, los tangos alusivos de homenaje se llamarán Paso de los Andes, de José F. Gómez, El descenso, de Luis S. del Curto, y los valses La travesía de los Andes, de Pedro Datta y Alas Argentinas, de Ariosto del Degan.
Y qué decir del piloto italiano Bartolomé Cattàneo, que llegó a Buenos Aires en octubre de 1910, con su espíritu bravío y sus bigotes tipo manubrio, a quien el compositor Francisco Peirano le dedicó el tango Cattáneo, con letra de Juan José Barros. También hubo un pasodoble del mismo nombre. Cattáneo provocó delirio en las multitudes porteñas, dado que atravesaba la ciudad de un lado a otro, volando desde los terrenos de la Sportiva, en Palermo, yendo a Colonia, y saludando con el brazo en alto a la gente que lo admiraba desde la calle o desde las azoteas.
Y el teniente Pedro Leandro Zanni con el tango El Gato, de Atilio Cattàneo y Zanni de la guitarrista y destacada investigadora tucumana Ana Schneider de Cabrera, además de Zanni-Beltrame, tango de Elio Rietti, cuando intentó dar la vuelta al mundo, en febrero de 1924, con su mecánico Felipe Beltrame, jefe de mecánicos de la base de El Palomar, llegando a Kasumigara en el Japón. Antonio Parodi, apodado "El Murciélago" por sus vuelos nocturnos, futuro Brigadier, con el tango De ida y vuelta, compuesto también por Ana Schneider de Cabrera y nuevamente los pilotos Zan-ni , Parodi y un futuro contralmirante Maros Zar, de la Armada, con el tango El trío de Santos Aschieri (h). En la tapa e la partitura dice "Dedicado a los ases de la aviación argentina". A Zanni también se le dedicaron la zamba Aeroplano Mayor Zanni y el shimmy Zanni, de Aníbal D`Agostino (h), en el año 1924.
Claudio Armando Mejìa, piloto de aquella Fuerza Aérea del Ejército, aviador a quién llamaban el "Águila", le dedicaron Águila real, otro tango "aeronáutico" según la partitura, con música de Sebastián Piana y letra de M. Reguera y C. Romani.
El famoso actor del cine y teatro argentino Florencio Parravicini se sumó a Jorge Newbery y después de la muerte del hermano de éste, Eduardo, ascendió en el globo "Patriota", se asoció al Aero Club Argentino y tomó clases con el instructor francés Emilio Aubrùn, destacándose con el brevet No. 2 ya que el primero se le ofrecieron a Aubrun como gesto deferente, ya que el francés regresaba a su patria. Fue también, además de bufo genial, corredor de autos, yachtman, campeón de tiro, motociclista y boxeador. El compositor Albèrico Spátola, que numeraba todos sus tangos, le dedicó el tango sin número Parra, grabado por la Rondalla Atlanta y Pedro Miramonte compuso Parrita, ambos de 1913. Roberto Firpo le dedicó Alma de Bohemio y lo incluyó en la pieza teatral del mismo nombre, en la que actuaba Parravicini. El autor Francisco Payà compuso el tango El lobo de mar para una obra en que el bufo trabajaba y Ángel Villoldo lo hizo con el tango Prendete del brazo, nena, A. H. Pérez el tango de salón Échale Bufach al... vizcachón y también, esto con pocas certezas, Manuel Arósteguy le dedicó a Parra, el tango El cachafaz.
Antoine de Saint Exupery, francés, escritor, autor de los libros "El Principito", "Tierra de hombres", "Ciudadela", "Vuelo nocturno", El correo del sur", diletante del tango por sus escapadas al Tabaris y al Armenonville de la época junto a sus compañeros Jean Mermoz y Henri Guillaumet, que tienen hoy su monumentos en Buenos Aires, disfrutaban de la música del tango en sus estadías en la ciudad del Plata, a fines y principios de la década de los 30. Ellos fueron los extraordinarios pilotos que fueron uniendo las distantes ciudades del sur argentino con sus vuelos de la empresa francesa radicada en Buenos Aires, la Aeroposta Argentina. Esta designó para la dirección de su operaciones en nuestro país a Vicente Almandos Almonacid y volaron en aviones de esa compañía los argentinos Rufino Luro Cambaceres y los hermanos Palazzo. Tenían sus oficinas centrales en el centro de Buenos Aires, en la calle Reconquista y los aviones en el aeródromo de General Pacheco.
Ameriza en Buenos Aires el hidroavión español Plus Ultra en 1926, rememorando el viaje de Colón, nada menos que con los pilotos Franco, Duràn, Ruiz de Alda y el mecánico Rada y se le dedican innumerables temas como el tango Comandante Franco letra de Pedro Numa Córdoba y música de Francisco Canaro, grabado por Ignacio Corsini; Pájaro de Oro, tango de Juan Velich y Francisco Brancatti; La gloria del águila, letra de Enrique Nieto de Molina, autor de cuplés y textos de zarzuelas y música del catalán Martín Montserrat Guillemont.
Este tema se lo presentaron a Carlos Gardel, quién la grabó en 1928, dos años después de la llegada del Plus Ultra a Buenos Aires y la incluyó en sus giras por España; otros temas alusivos al célebre viaje fueron ¡Franco!, tango milonga de Emilio Fresedo y del violinista Hermes Peressini; Franco solo con música de Francisco De Caro y letra de Juan Carlos Marambio Catán. En materia de pasodobles hemos encontrado cinco temas en homenaje a los pilotos españoles, tres de ellos con el nombre de la máquina Plus Ultra siendo los autores Dionisio Lofredo, Joaquín Vera y Arturo Bernstein respectivamente, el cuarto se llama Franco- Alda y es de Alejandro Schujer y el quinto, es de los autores A. Serra en la letra y la música es de José Barreiro.
El vuelo del Plus Ultra, que tuvo un recibimiento extraordinario en Buenos Aires y en Montevideo, tiene su monumento en la Costanera Sur de la ciudad. El público porteño deliró con la llegada de los hispanos. El avión quedó en Buenos Aires, donado por el Rey de España, Alfonso XIII y hoy se lo puede apreciar, totalmente restaurado, en el Museo Histórico ubicado en Luján.
Lo mismo sucedió en el vuelo que, de Nueva York a Buenos Aires, iniciado el 24 de mayo de 1926, abriendo nueva ruta para el desplazamiento aéreo realizaron los aviadores Eduardo Olivero, Bernardo Duggan y el mecánico Ernesto Campanelli en una extraordinaria epopeya subidos a un hidroavión que se llamó "Buenos Aires", que llevaba pintados los colores nacionales en una parte del fuselaje, que dio lugar también a tangos como Olivero, de José Martínez; Horas de angustia, con letra de Manuel Romero y música de Alberto Gandolfo; el vals Los héroes del día, de Natale y Cárdenas, de 1926, que grabó Rosita Quiroga; el shimmy Juruna, con música de Emilio C. Vidal, en homenaje a la embarcación que los auxilió cuando sufrieron un accidente en las costas del Brasil; el foxtrot De norte a sud, de Armando La Valle; el tango canción Duggan, de Vicente De Cicco; el tango de J. Trilles Campanas de gloria, en homenaje a los tres héroes; el tango Campanelli, con letra de Silverio Manco y música de la bandoneonista Margarita S. Gasquet y el tango Duggan, Olivero y Campanelli (Los tres ases), compuesto por Petrucelli, Silliti y Azor; El Buenos Aires, por el nombre del avión de Alfonso J. Diez Jones, además de los pasodobles El triunfo, Hidroavión Buenos Aires, Glorias Argentinas (Rosas y Espinas), y los valses Blasón de la aviación argentina, Duggan- Olivero los shimmies Hurra! y Nueva York-Buenos Aires, los foxtrots Triunfo argentino y De norte a Sud, las marchas Nobles caballeros del aire y De Nueva York a Buenos Aires y el estilo para canto y piano Por el cielo voy volando.
Otras reminiscencias del tango se dan en el piloto con nombre de prócer, Juan José de Urquiza, que atraviesa los cielo argentinos con un avión que tiene nombre de tango: Yira Yira, o el ingeniero Jorge Duclout que siendo integrante del Aero Club y profesor de la Escuela de Aviación, donó en 1913 la tela de cauchutaje de varios globos aerostáticos, según acta no. 76 del mencionado club, y se le dedica la marcha ¡Hurra aviadores, compuesta por María Amelia Castro Principi en 1912, y el vals de Isidoro Gómez titulado Aéreo, en 1910.
Osvaldo Fresedo, director de orquesta de tango, aviador él mismo, brevet No. 231, ganador de una carrera a La Plata en 1923 y autor del tango La Ratona, nombre de su avión Curtiss en el que volaba habitualmente y hasta hizo de reportero del diario porteño La Nación, llevando los diarios a Mar del Plata, trayendo además notas y material fotográfico desde Montevideo que tiraba en la plaza Colón, detrás de la Casa se Gobierno, donde su hermano Emilio las recogía para entregarlas. Osvaldo fue también el autor del tango Desde las nubes, entre otros, dedicado "A los soñadores del aire", con letra de su amigo Amadeo Canale y que Azucena Maizani estreno en el tercer Baile de los Aviadores.
Los Bailes de los Aviadores, que se realizaban habitualmente el primer día del Carnaval de cada año, en los teatros Casino y Opera y alguna vez en el Colón y que se hicieron desde 1923 hasta 1936, donde se estrenaron tangos con y sin motivos aeronáuticos, por Fresedo, Canaro, De Caro y otros y donde Ada Falcón cantó el tango Bésame en la boca, en el cuarto baile. A estos eventos concurrían numerosos aviadores civiles y militares. Se elegía Reina de los Aviadores y Príncipe Consorte, según diarios de aquellos años.
Debe mencionarse aquí a la Sociedad Sportiva Argentina, ubicada donde hoy se encuentran las canchas de La Catedral del Polo en Dorrego y Libertador, desde donde ascendían los globos, que llevaron entre otros conocidos personajes de aquellos tiempos al entusiasta Dr. Alfredo Palacios, abogado y primer diputado socialista de América por la Boca, y miembro del Aero Club Argentino, dirigiendo su Boletín. Pocos saben que cuando la Sportiva no tenía lugar para el despegue, los mismos se hacían desde los jardines del restaurant y lugar donde se escuchaban tangos, el llamado Pabellón de las Rosas.
También los aviadores uruguayos , algunos de los cuales había aprendido el difícil arte de manejar esos monstruos del aire en la Argentina, como Ricardo De Tomasi que tiene su homenaje en la música popular en el estilo para piano A De Tomasi, de Pascual Risoli y es de 1915. A Tydeo Larre Borges, otro uruguayo, se le dedicó el tango de 1926 Larre Borges, el águila uruguaya, de Díaz y Schneider. Enrique Delfino le dedicó a otro oriental, Francisco Bonilla, el tango de 1914 Bonilla aviador y finalmente Genaro Nerón Domínguez compuso el tango que dedicó al fundador de la aviación de nuestro país hermano, el Uruguay, Cesáreo Berisso, que se formó como aviador en El Palomar, donde recibió su brevet. Este tango milonga se llama Berisso. Y nuestro pianista y compositor Lucio Demare, junto a Fioravanti De Cicco compusieron un tango dedicado a los aviadores uruguayos que llamaron Río de oro.
Al coronel italiano, conde Francisco De Pinedo, un enviado del fascismo italiano con un saludo para los pueblos del Plata, que desembarcó aquí en febrero de 1927, a bordo de un avión Savoia llamado "Santa María", le dedicaron los tangos Coronel De Pinedo, de Vendittuoli y Cavazza, y el tango-can-ción De Pinedo, con música de Alberto Fresco y letra de Martín Vilanova. Además un tercer tango le fue dedicado por Caffaro y se llamó De Pinedo. Otro visitante italiano llegó y también tuvo su tango que se llamó Locatelli, compuesto por Enrique Delfino, "Delfy", el vals instrumental de Pascual De Gullo El león de la guardia y nada menos que una marcha llamada Triunfo de aviación, de Eugenio Barone.
El Zeppelin, dirigible alemán que surcó los cielos de Buenos Aires en junio de 1934 con su imponente estructura , tiene dedicado un tango denominado El Zeppelin, de Augusto A. Gentile que grabó Canaro. Pocos argentinos saben que tuvimos dos dirigibles, comprados en Italia, cuyo punto de amarre era las instalaciones del Fuerte de Barragán, cercana a la ciudad de La Plata y luego la base de Punta Indio. Se llamaban El Plata y Los Andes y el primero tiene dedicado el tango El Plata, compuesto por Vicente Cassero.
La tragedia aérea de Medellín no puede estar ausente de esta crónica donde el gran Carlos Gardel, en la cumbre de su fama, muere en el choque de los aviones trimotores, uno el F31 comandado por el colombiano Ernesto Samper Mendoza, y el otro el "Manizales", que tenía como piloto al prusiano Hans Ulrico Thom, en el aeropuerto de la mencionada ciudad colombiana, debido a una mala maniobra y al viento reinante en el lugar, aproximadamente a las 15 horas del 24 de junio de 1935. Dramático y hondo fue su sepelio, así como el farragoso traslado de sus restos a su querida ciudad. Cuando los restos del Zorzal criollo llegaron a Buenos Aires, en una manifestación aún superior que la de Newbery, durante su velatorio y posterior traslado de los mismos al cementerio de la Chacarita, donde hoy se encuentran junto a la estatua del ídolo, conformaron con el gran aviador los dos primeros héroes populares del pueblo.
Y gustaban de los aviones y volaban en ellos, gente del tango como el pianista Osmar Maderna, otro prematuro desaparecido al chocar su avión con otro, autor de los famosos Concierto en la luna, Lluvia de estrellas, Luna de plata y Escalas en azul; Julio Martel, Nelly Omar, Mario Casale, Yoyi Kanematz, Manuel Pizarro, Saúl Cosentino, piloto y pianista que compuso un tango dedicado al francés Antoine de Sait Exupery que se llamó Vuelo hacia la gloria y también el Himno aerocomercial; el paraguayo Silvio Pettorossi con dos tangos Pettirossi del autor Manuel Padilla y Adiós para siempre de Jaime Vallbona, los chilenos Carlos Borcosque y Osmán Pérez Freire, éste último autor del tango As, dedicado a la Misión Francesa en la Argentina y Capitán Aracena, héroe chileno.
El maestro Carlos Di Sarli y el avión El ángel de los niños y el tema de Héctor Marcò del mismo título; Evaristo Barrios y su recitado musicalizado Volando arioplano (sic); el contrabajista de Armando Pontier, Horacio Manuel Cabarcos con su Aerotango, grabado por las orquestas de Pontier, Baffa-Berlingieri y El Arranque; el cellista y también aviador Ennio Bolognini; el tandileño Sebastián Peyrel con su tango de salón Peyrel y Emilio Poli que tiene un tango dedicado por los hermanos Juan y Francisco Canaro titulado Desengaño; José Elverdìn, a quién "Pacho" le grabó el tango El verdìn; Enrique Adriàn Roger con el tango Primer amor de Carlos Dix y música de Julio de Caro; y las mujeres Azucena Maizani, Rosita Quiroga, Carola Lorenzini, Amelia Figueredo, la uruguaya Aris Ema Walder y la escritora chilena María Luisa Bombal, y muchos otros.
Los bandoneonistas Jorge Caldara y Daniel Lomuto compusieron el Tango 05, en 1966, dedicado a la Fuerza Aérea Argentina; otro bandoneonista Nicolás D`Alessandro el tango Volando a Tokio; Alberto Harari en la letra y música de Juan Bautista Tiggi, grabado por José Basso y su orquesta, cantado por Héctor de Rosas, hicieron el tango El vuelo 102; el poeta Luis Alposta y Acho Estol compusieron la canción El aviador y la temperamental cancionista María José Demare, es autora de la letra alusiva a los aviones, de dos recientes tangos de Daniel García llamados A nueve mil metros de altura y Está rota mi angustia.
Lo que no hemos encontrado, salvo las referencias a unas pocas mujeres aviadoras, tangos u otros temas dedicados a ellas, que si se encuentran en abundancia en los hombres. Ello no desmerece para nada la actuación de esas mujeres en el mundillo aeronáutico, que fueron pasajeras, controladoras de vuelo, azafatas, pilotos y un sinfín de actividades hasta llegar al presente que las encuentran en un par de igualdad con los hombres, en el ejercicio de su vocación.

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