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Tapa #87-AinTANGO Reporter

Casimiro Aín bailando ante el Papa

Por Carlos Hugo Burgstaller

Todos estamos de acuerdo que el tango nació bailado o para bailar; sin embargo difícil sería encontrar los nombres de aquellos (hombres y mujeres) que fueron dándole a esta danza sus pri meros pasos.

También podemos coincidir en que la suma de las inspiraciones de aquellos anónimos bailarines fue dando forma a ese vuelo quebrado entre el cuerpo y el alma que es el tango bailado. Poco a poco alguno de ellos fueron puliendo esos pasos primitivo elevándolo a una categoría que bien podríamos llamarla profesional. Y es muy posible que, en el recuerdo o en la memoria, (que tal vez no sean la misma cosa) surja el nombre de José Ovidio Bianquet, “El Cachafaz”, para muchos el más grande. Sin embargo los cortes y las quebradas de “El Cachafaz” no alcanzaron (aunque paseó su talento por Europa) las cumbres del éxito y la popularidad que si logró Casimiro Aín, “El Vasquito”, en aquel continente.

Ahora si Bianquet fue mejor que Aín no es tema que me interese debatir hoy, pero si rescatar el hecho que, entre otros, Aín posee el mérito de haber logrado que el tango fuera bailado por lo más encumbrado de la sociedad europea.

En aquel barrio de Buenos Aires que aún se llamaba La Piedad, Casimiro Aín aprendió a bailar de muy pequeño al compás de los organitos callejeros. De su padre, un vasco lechero, heredó el apodo. Su capacidad para el baile le permitió formar parte de la trouppe del célebre payaso Frank Brown.

Sin embargo el sueño de alas errantes que germinaba en Aín le pronosticaba otros destinos, mucho más lejanos y glamorosos. En 1901 se embarca en un buque de carga rumbo a Europa donde trabaja de todo menos de bailarín. El año 1904 lo encuentra nuevamente en la Argentina, y si el viaje no había resultado lo que sus anhelos le prometían el baile seguía siendo su pasión. Junto a su esposa Marta comienza a presentarse en teatros porteños hasta que los festejos del Centenario (1810-1910) le traen el éxito y el reconocimiento definitivo para convertirse en profesional. Un nuevo viaje a Europa en 1913 lo lleva acompañado del trío formado por Vicente Loduca en bandoneón, Eduardo Monelos en violín y Celestino Ferrer en piano. Otra historia comenzaba a escribirse.

Los años que vinieron podemos resumirlos de la siguiente manera: En París se presenta en el famoso y mítico cabaret EL Garrón, reducto de la comunidad argentina. Luego fueron tres años en New York y el regreso a Buenos Aires en 1916. La década del 20’ lo encuentra nuevamente en París donde, junto a su compañera Jazmín, gana el Campeonato Mundial de Danzas Modernas realizado en el teatro Marigny compitiendo contra 150 parejas. Más tarde junto a la alemana Edith Peggy recorre toda Europa.

1930 es el año del retorno definitivo a la Argentina donde actúa unos años más falleciendo un 17 de octubre de 1940, había nacido el 4 de marzo de 1882, tenía apenas 58 años.

Pero a esta altura de la nota debo confesar que el recuerdo de Casimiro Aín es solo una escusa para referirme a otro tema que bien podemos llamar: El tango y la iglesia (o el Papa).

Creo que todos hemos escuchado aquella historia sobre el Papa (luego veremos cual) que pidió que se bailara frente a él un tango para emitir su juicio y que fue Casimiro Aín el encargado de hacer la demostración. Ahora, a medida que uno va adentrándose en esta historia descubre que fueron tres los papas que intervinieron: Pío X (1903-1913*), Benedicto XV (1914-1922*) y Pío XI (1922-1939*). Sin embargo esto provoca algún tipo de confusión, no pudieron ser los tres, ya que en una sola oportunidad Aín bailó ante el Papa. Pues veamos:

Historia 1 - Comencemos por el relato que hace Néstor Pinzón en su nota “Casimiro Aín” publicada en la página de Internet Todo Tango. Según este autor la historia no pasa de ser una leyenda ya que nunca fue debidamente comprobada. ¿Y cuál es esa historia que no pasa de ser leyenda?: El primero de febrero de 1924 y por iniciativa del entonces embajador argentino ante el Vaticano, Don garcía Mansilla –muy preocupado por disipar las nubes de inmoralidad que rodeaban al tango para la iglesia- logró que Casimiro Aín bailara frente a Pío XI (1922-1939*) bailara el tango Ave María de Francisco y Juan Canaro. En esa oportunidad la compañera de “El Vasquito” fue la bibliotecaria de la embajada, una señorita de apellido Scotto; el tango elegido fue ejecutado en un armonio.

Pinzón se basa para decir que solo es una leyenda en base al a investigación que realizó el musicólogo Enrique Cámara, catedrático de la Universidad de Valladolid y con muchos años de residencia en Italia. Cámara recorrió la hemeroteca del Vaticano, en especial su diario L’Osservatore Romano, sin encontrar referencia al hecho. Sin embargo Pinzón afirma en su nota que el mismo Aín relató ese encuentro en un reportaje que le hicieran a su regreso de Italia. Ese reportaje, realizado por el periodista Abel Curuchet en una publicación del 21 de marzo de 1923, fue reproducido en la revista Tango y Lunfardo Nº 34 dirigida por Gaspar Astarita.

Historia 2 - El segundo testimonio llega de la mano de Guillermo Bosovsky quien extrajo los datos de una nota, de autor anónimo, titulada: “Gloria y ocaso de El Cachafaz y de El Vasco Aín”. Y en esa nota se sostiene que Aín bailó frente a el Papa Benedicto XV (1914-1922*)

Historia 3 - Horacio Salas en su “Tango. Una historia definitiva” habla de Pío X (1903-1914*), y allí relata que muchos prelados habían criticado abiertamente las connotaciones sexuales que contenía el baile. Encabezaba estas críticas el arzobispo de París. Según este relato de Salas Pío X no encontró pecaminosa la danza aunque recomendó reemplazarla por la furlana, danza de origen Véneto que había conocido en su juventud.

Historia 4 - El mismo Horacio Salas traza un relato, un poco diferente, en su libro “El tango”. En el sostiene que los arzobispos de París, Cambray y Sens, junto al obispo de Poitiers, rechazaron el tango desde sus respectivos púlpitos y que le fue encargada a la Santa Congregación de la Disciplina de los Sacramentos, analizar el problema. Los oscuros y pecaminosos orígenes del tango ponían en jaque al pensamiento de la iglesia. Fue entonces que a principios de 1914 el papa Pío X (1903-1914*) se encargó de juzgar, personalmente, los peligros del tango. Lo que llevó a intervenir al Papa fue explicado en la edición del 7 de marzo de 1914 en la revista P.B.T. Allí se contó que varios jóvenes de la nobleza habían reclamado por la injusticia que significaba que, a causa de una disposición del Ministerio de Guerra Italiano, la oficialidad del reino no pudiera participar de la danza (el tango en los próximos festejos del Carnaval). Fue así que a instancias del cardenal Merry y del Val, el príncipe A. M. (¿?) y su hermana, -según P.B.T.- fueron recibidos por el pontífice en audiencia privada y lo bailaron en su presencia. El papa no condenó el tango pero sí se burló de una moda que “0bliga a sus esclavos a bailar una danza tan poco divertida” y recomendó, en cambio, la furlana (una danza campesina surgida a comienzos del ochocientos). La prohibición a los oficiales se mantuvo, el papa no se sumó explícitamente a la censura castrense italiana lo que fue tomado como una tácita aprobación. De todas maneras en Buenos Aires circulaba una letrilla que sostenía: "Dicen que el tango es una gran languidez / Y que por eso lo prohibió Pío Diez...

Historia 5 - Y el último relato para esta nota, pertenece al libro de José Gobello, “Brevísima historia crítica del tango”, y que me parece la más clara y completa.

Gobello relata, al igual que Salas, que los obispos franceses fustigaron severamente al tango cuando este hizo irrupción en París. Y al igual que los escritores argentinos Lugones, Larreta e Ibarguren, los obispos consideraban al tango un baile lascivo y obsceno. Ahora coincidiendo con el relato de Salas para 1914 algunos jóvenes romanos habían comentado con el cardenal Merry de Val, que les habría gustado bailar el tango pero no lo hacían porque los obis pos enseñaban que era pecado (aquí no hay referencia al decreto del Ministerio de Guerra Italiano).

De Val le comentó al Papa y este sintió deseos de ver bailar un tango para formarse una opinión. La presentación estuvo a cargo de dos jóvenes de la aristocracia romana (hermano y hermana) que bailaron frente al papa algo parecido al tango; pues era una danza purificada por un famoso maestro de baile romano, el profesor Pichetti. Al Papa le pareció que el tango era aburrido y aconsejó a los jóvenes bailar la furlana. Pío X nunca se pronunció en contra del tango y, sostiene Gobello, que aquella letrilla, para él inventada en España y no en Buenos Aires, y que decía: -“Dicen que el tango es una gran languidez

Y que por eso lo prohibió Pío Diez...” es mentirosa.

A pesar de que el comentario de Pío X solo hizo referencia a lo aburrido que le pareció bailar tango, la mala fama del tango persistió en Europa. Tanque que diez años después, otro papa, Pío XI (1922.1939*), quiso tener su propia experiencia. Y aquí aparece otra vez el embajador argentino Daniel García Mansilla (como también cita Pinzón) quien fue el encargado de presentar a la pareja de baile al Papa. García Mansilla ya era embajador ante el Vaticano en 1914 pero no había participado en aquella presentación ante Pío X.

Echo los arreglos correspondientes el 1· de febrero de 1924, a las 9 de la mañana, ingresó Casimiro Aín en la Sala del Trono acompañado por la señorita Scotto, que sería su compañera de baile y que ya no era bibliotecaria como en el relato de Pinzón sino traductora de la embajada Argentina. La pareja bailó el tango Ave María, cuyo título no hace referencia a la Virgen sino que se refiere a la interjección castellana de Ave María que denota asombro o extrañeza.

Hacia el final del baile Aín improvisó una figura que colocó a la pareja de rodillas frente al Papa. Luego Pío XI se retiró de la sala sin hacer ningún comentario.

Para finalizar reproduzco el texto del comunicado (Gobello) de la Junta de Historia Eclesiástica dependiente del Episcopado Argentino, con relación al juicio que el tango merecía de la iglesia firmado por su presidente Guillermo Gallardo y su secretario Fray José Brunet, cursado a la Academia Porteña de Lunfardo el 3 de noviembre de 1967:

“Tenemos el agrado de di-rigirnos al señor Presidente de la Academia Porteña de Lun fardo y, en respuesta a la solicitud dirigida a la Junta Histórica Eclesiástica Argentina con fecha de 2 de octubre, sobre si existió una prohibición eclesiástica formal del tango, o si la Santa Sede o la autoridad eclesiástica local condenó ese baile y que carácter revistió la condena, en caso de haber existido, le manifestamos no tener conocimiento de prohibición expresa alguna sobre el particular ya que, bajo el aspecto moral, tanto éste como los de su género se hallan comprendidos en los principios general de la moral”.

Luego de recorrer todos estos datos creo que es justo cerrar con algunos datos finales de la vida de Aín, que en definitiva dio origen a esta nota: Anduvo paseando su arte por Dinamarca, Alemania, Rusia y Portugal y supo reunir una respetable fortuna.

En 1927, para otros en 1930, regresa a la Argentina y va desapareciendo de la actividad pública. El destino en forma de ironía le expone a una intervención quirúrgica en una pierna que derivó en una amputación. Aquel eximio bailarín tuvo un final con muletas, y a los pocos meses murió.

El mayor mérito de Aín fue pasear el tango por Europa, principalmente París y Roma, y su viaje a aquel continente (que antecedió a El Cachafaz en 4 años) fue decisivo para que el tango conquistara el mundo.

Creo que es justo pensar que cada bailarín le dio al tango una parte de su alma y colaboró así en su enriquecimiento. Cuando aquellos creadores ignotos fueron pisando más fuerte en las pistas de baile comenzaron a aparecer nombres que, por distintas razones, quedaron en la historia y llegaron hasta nosotros·

*Años de pontificiado

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