Cuento elegido por el jurado integrado por Horacio Salas, Isidoro Blainsten y Mempo Giardinelli para otorgarle Mencion Especial en el "Concurso de Cuentos Tangueros B.A. Tango 2001", Buenos Aires, Argentina.

El tango de Bapsi

Por Carlos G. Groppa

No sé por qué lo escuché. Cuando Aurelio se sentó, ese atardecer de verano, a mi mesa del Starbucks de Sunset Strip, me largó un infumable rollo sobre una película corta de Torres Nilsson que ni la rubia que venía con él se lo fumó.
La rubia, una espectacular rubia con olor a almohada, se vendió a sí misma como modelo de Versacce. Pero como la casa Versacce usa más modelos que ropa, vaya a saberse si era cierto. Lo que sí era cierto, era que Aurelio estaba totalmente convencido de la veracidad de su historia sobre un cortometraje que filmó Torres Nilsson sobre el tango, su sentido social, intelectual y sicológico.
Aurelio me afirmó haber leído el libreto original de Beatriz Guido escrito en colaboración con Enrique Cadícamo y basado vagamente en su tango Madame Ivonne. Con la honestidad dibujada en su camandulesco rostro, me aclaró que nunca llegó a ver el corto. A pesar del gran silencio mantenido por los medios informativos de ese entonces, sabía positivamente que Torres Nilsson lo filmó en 1963, como un ejercicio de estilo antes de realizar su pesado San Martín. Como cuota de veracidad, agregó que Néstor Escurra, crítico de cine de La Nación, le dijo que era magnífico. Claro que los críticos usan muy a menudo la palabra "magnífico" porque es gratuita, de lo contrario tendrían que hacer una real y honesta crítica.
Lo que más me llamó la atención del relato de Aurelio fue que en mi encuentro neoyorquino con Bapsi –así llamaban a Torres Nilsson en ciertos círculos– en el invierno de 1964, no me habló del film, que según afirmaba Aurelio había realizado pocos meses atrás.
Torres Nilsson había ido a New York "en uno de esos breves, casi incógnitos viajes –que tienen impregnado algo de vergüenza y de descanso–, con idea de conseguir la posible venta de un film no demasiado bueno para vender con alegría ni demasiado útil para olvidar...". Así de escueto narró Bapsi su visita a la Ciudad de los Rascacielos en el primer párrafo de su cuento "El que aúlla". Claro que a mi me contó sus motivos más bordados amparado detrás de sus impenetrables gafas ahumadas. Como nada había conseguido, quizás no me comentó lo del corto porque no estaba de humor como para hablar de tangos. Aunque, no sé si como terapia, desahogo emocional o actitud típica del argentino de alardear, me hizo un tango al relatarme su aventura con Gladys, figura central del mencionado cuento.
Torres Nilsson era tanguero, tanguero de alma, pero de avanzada. El fue uno de los primeros cinematografistas que usó en sus películas la música de Piazzolla, en ese momento revolucionando el tango. Además, lo bailaba decentemente y a veces hacía alarde de ello, sobre todo en reuniones socio-culturares fuera de su país. Total, quién iba a animarse a criticar a un director de cine considerado como el Igmar Bergman del Cono Sur.
El silencio de Bapsi sobre su corto gatilló que la historia que me expusiera Aurelio me oliera a cuento chino. Nada de lo que me dijo encajaba en mis conocimientos. Creo que lo escuché por cortesía, porque incluso ni la rubia me interesaba. Parecía más un travesti con peluca rubia que una rubia auténtica. Cuando ambos se fueron, me quedé intrigado Realmente lo que me había contado Aurelio me intrigó, a pesar de oler a quimera. Yo no recordaba haber leído nada parecido en libro alguno.
Picado por la curiosidad, llamé a Angelito Bellaba, productor de la película "Tango" de Saura, a la sazón viviendo en un lujoso departamento en los alrededores de Century City. Al consultarlo al respecto, se quedó mudo. No le vi la cara, pero presentí su boca abierta por el asombro.
–Mira, Carlitos –me dijo en tono paternal, luego de toser en medio de una pesada pausa–, ese es un cuento, una de las tantas leyendas tejidas alrededor de Bapsi. Mosalini ya me lo había advertido cuando me encontré con él en París. ¿Sabes quién es Mosalini, no? Un tipo muy serio, un ex-bandoneonista de Pugliese. El, a quien le achacan haber escrito la música del corto no sabe de qué se trata. Por otra parte, Bapsi detestaba el tango. Lo sé de buena fuente....
No lo seguí escu-chando. Le mandé saludos a su familia y corté. Qué sentido tenía seguir escuchando leyendas.
El tango es cosa seria, tanto como el cine. Todo se sabe y queda registrado, pero el cortometraje de Torres Nilsson no figuraba en ningún lado, ni en los archivos de la Cineteca de la Academia ni en la Biblioteca del Congreso en Washington ni tan siquiera había sido mencionado en "Cahiers du Cinema", que siempre le da una mano a cualquier delirante. Por otra parte, tanto en la "Historia del Cine" de Georges Sadoul como en la propia autobiografía de Torres Nilsson no se menciona el hecho. Incluso Gobello, que sabe mucho de tango, nada sabía de la existencia del corto, auque a lo mejor era porque no sabía mucho de cine. Astarita, en su "Tango y Lunfardo" tampoco lo menciona. Es más, Robert Redford, a quien le gusta el tango tanto como la pizza y anda a la pesca de material retrospectivo de tipo avant-garde para alimentar su festival de cine de Sundance, se quedó tan mudo como Bellaba cuando se lo comenté.
Aún intrigado y dispuesto a tumbar la veracidad de la historia de Aurelio, le envié un e-mail a Edgardo Filloy, que sabe de tango tanto como de cine. No sé para qué lo hice. No sólo no me sacó de dudas sino que me ingresó unas cuantas más. Escuetamente me contestó que Torres Nilsson había filmado un corto sobre tango y que luego de verlo en uno de los microcines de los Laboratorios Alex, se tomó un par de whiskys y lo destruyó.
Otro cuento. Era vox populi que Bapsi no tenía el suficiente sentido de la autocrítica como para destruir un trabajo. De haberlo tenido habría destruido alguno de sus largometrajes.
Ya que estaba en el Internet, tipié la palabra "tango", apreté la tecla del buscador y entre las tantas cosas que aparecieron en la pantalla asomó la ya hace décadas agotada y anónima "Enciclopedia de la Música Popular de los Pueblos en Desarrollo". En ella figuraba una escueta ficha técnica de un cortometraje titulado "Tango que me hiciste mal" atribuido a Leopoldino (sic) Torres Nilsson. Consignaba la ficha que había sido filmado en 1962-63 en Puente Alsina, barrio tanguero de las afueras de Buenos Aires, y ambientado con grabaciones de Betinotti, Canaro y Gardel, más un leitmotiv compuesto por B.B. Mosalini. En cuanto a los actores sólo nombraba a Alfredo Murúa, Amelita Daniel y la Tongolele. Su argumento era una disquisición sobre las etapas del tango, su entorno social y la influencia sobre el pensar de un pueblo entero. No figuraba fecha de estreno ni destino final del film.
Si usted piensa que con esto di por terminada mi búsqueda, acertó, ya que al cliquear un asterisco que se veía al final del texto, apareció una advertencia que manifestaba que los datos de la ficha técnica fueron tomados de un libro nunca editado sobre la música en el cine, escrito por un tal Horacio Molina Laínez, un oscuro y autocatalogado crítico de cine afiliado al Foreign Press de Hollywood que se decía colaboraba en el semanario La Prensa, un pasquín latino como tantos de los que se publican en Los Angeles.
Al día siguiente, cuando retorné al Starbucks de Sunset, mi horóscopo nada me advirtió de que volvería a encontrarme con Aurelio. De lo contrario no hubiera ido. Ya sin la rubia, solo y nostálgico, me habló de ella apasionadamente. Lo que salvó su remembranza fue que me dijo que no tenía el coraje suficiente como para escribir un cuento sobre ella como hizo Torres Nilsson con Gladys. Al irse, me confesó con voz queda y misteriosa que tenía la precisa: el corto nunca se había llegado a filmar. Confidencialmente, esto se lo había confirmado fehacientemente la rubia, que sabía un cojón de cine de cortometraje.
¡Mejor! Exclamé para mis adentros, así el tango, la música del tango, el concepto del tango, seguía intacto, sin el manoseo que siempre hicieron de él los directores de cine *

©Carlos G. Groppa 2001 - Tango Reporter 2002