Tapa Gardel IV










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Tango, cabaret, restaurantes y cervecerías

Por Carlos Hugo Burgstaller Tapa #91 - Cabaret

Un recorridoquizás un poco nostálgico, por cabarets, restaurantes y cervecerías que formaron parte de la vida de Buenos Aires y la historia del tango.

A riesgo de no llevar un relato cronológico podemos decir que en Buenos Aires la vin culación entre el tango, la noche, los caba rets, los restaurantes y las cer vecerías se hizo evidente ya en el legendario Pabellón de las Rosas, que estaba ubicado en la Avenida Alvear, hoy Del Libertador. Fue inaugurado con la orquesta de Vicente Greco a la que siguió la de Roberto Firpo. Muy cerquita estaba el Armenonville que toma su nombre del Pavillón d'Armenonville que se encon traba en el Bois de Boulogne de París. Era un restauran te-cabaret, muy refinado, de estilo francés y excelente me nú. Había sido construido en 1912 sobre la Avenida Alvear, (hoy Del Libertador y Tagle, donde funciona en la actuali dad un centro de exposicio nes). Gardel y Razzano actua ron en él en 1913. Entre los infaltables a la hora de cenar se encontraban Jorge New bery, Marcelo T. de Alvear y Regina Pacini, Gardel y el ine fable Florencio Parravicini. Posteriormente el Armenonvi lle se mudó a la avenida Figue roa Alcorta perdiendo catego ría y pasó a llamarse Les Am bassadeurs. Muchos años más tarde parte del local se convir tió en los estudios de televi sión de Canal 9 de Buenos Aires.

El Royal-Pigall, que esta ba en Corrientes (aún angosta) al 800 tuvo a Canaro, mientras que en Paraná al 400 brillaba el gran estilo del Chantecler, un lujoso cabaret con tres pis tas de baile y una exótica pile ta que, iluminada por reflecto res estratégicamente ubicados, pretendía recrear esa atmósfera tropical que ya había sido en sayada en los cabarets del Ber lín de la década del veinte.

Conjuntos y orquestas de tango monopolizaban la noche de los años veinte, donde el champagne re gaba las pretensiones de niños bien y, para completar el cua dro, corría la cocaína, a la que hacían discreta referencia al gunas letras de tangos de la época.

Eran noches voluptuosas en la que esos niños bien se fumaban las fortunas levanta das en décadas en las estancias de padres y abuelos. Noches que, también, sirvieron de inspiración para muchas letras de tango.

La década del treinta, de la mano del golpe de Uriburu, trajo un freno a la vida noctur na. El coletazo de la crisis del 29 obligó a muchas encumbra das familias porteñas a desha cerse de sus palacetes y los niños bien debieron restringir sus gastos. En el 36 llegó la ley de profilaxis trayendo el fin de la corrupción de décadas por la trata de blancas lo que conspiró en un evidente retro ceso de la vida nocturna.

Se le dijo adiós a las fran cesitas y a las polaquitas que, por un lado, habían dado tanto tema a los letristas de tango y mucho dinero a los traficantes.

El Tabarís abrió sus puer tas la fría noche del 7 de julio de 1924. Estaba ubicado en Corrientes 829 y en la noche del debut, como suele ocurrir en toda inauguración, fallaron algunas cosas, entre ellas la calefac ción lo que obligó al público a disfrutar de la cena con los abrigos puesto.

El alma mater del local fue don Andrés Trillas, un francés hijo de españoles que llegó a Buenos Aires a los 14 años y ganó experiencia como gerente del Armenonville y del Royal-Pigalle. El nombre del lugar fue tomado de otro que había explotado en Marsella un ex socio de Trillas.

Desde 1924 hasta los co mienzos de la Segunda Guerra Mundial, el Tabarís vivió su época de mayor esplendor. tanto por su cocina -su chef ganaba lo que un diputado na cional. Entre sus visitantes se destacaron Eduardo de Wind sor, Luigi Pirandello, Jacinto Benavente, Orson Welles, Maurice Chevalier, Lily Pond s, Federico García Lorca y Carlos Gardel. Actuaron en su escenario la chansonière Lu cienne Boyer (1938), Josephi ne Baker y madame Mistin guette (1939) de quien según se decía era dueña de las pier nas más hermosas de la época. El Tabarís cerró sus puertas en 1963

La esquina de Callao y Bartolomé Mitre estaba en marcada por El Tropezón, inaugurado en 1896. En 1901 el restaurante se mudó a Ca llao y Cangallo (hoy Presiden te Perón) donde permaneció hasta 1925. No era un lugar lujoso, pero permitía largas y discretas charlas y era famoso por su puchero con caracú al que se le sumaba la sopa de cebollas. Llegó a estar abierto 24 horas. Entre sus parroquia nos más destacados se encon traban Federico García Lorca, Ireneo Leguisamo y Carlos Gardel que siempre ocupaba la mesa 48.

Las cervecerías, que tuvie ron gran auge en Europa en la segunda mitad del siglo XIX, supieron también tener su éxi to en Buenos Aires en la pri mera mitad del siglo XX.

Quizás las cervecerías Munich (en Constitución, Bel grano y plaza Italia) fueron las que más tentaban a los porte ños con su cerveza fría bien tirada, sus fiambres, salchichas con ensaladas de papa y la clá sica repostería alemana. En 1927 y en un tiempo récord de 4 meses y 8 días se construyó el local de la Costanera Sur, proyecto del arquitecto húnga ro Andrés Kalnay convirtién dose en uno de los edificios más bellos y originales de Buenos Aires. La Munich de Costanera Sur cerró sus puer tas a mediados de la década del setenta.

Otros nom bres, muchos olvidados, formaron par te de esta historia de pla ceres y reuniones. Así lo de Hansen (en Palermo cerca de las vías del ferrocarril y de la por entonces avenida de las Palmeras) se convirtió en un mito, donde aún hoy se discute si se bailaba o no tango. El Marabú, donde en los años cuarenta brilló con las actua ciones de Di Sarli, Ángel Var gas, Aníbal Troilo y Ángel D'Agostino. El Pedemonte, fundado en 1890 donde Lisan dro de la Torre hizo su última comida antes de suicidarse.

Otros nombres acuden a la memoria y sus nombres res plandecen con el color de la nostalgias y así desfilan el Ca fé de los Angelitos, ubicado en Rivadavia y Rincón, inaugura do en 1890 por Batista Fazio con el nombre de Bar Rivada via y por donde pasaron los payadores Gabino Ezeiza y José Betinotti. En 1910 lo compró Ángel Salgueriro quien lo remodeló y lo decoró con los famosos angelitos de yeso de donde tomó su nombre y que fue inmortalizado en los versos de Cátulo Castillo: Café de los Angelitos.

De más de un siglo de historia de bares y cafés, segu ramente es el Tortoni el que guarda, por seguir vigente, una historia que aún puede obser varse en la Avenida de Mayo 826 (teniendo también una entrada por Rivadavia). Su historia comienza en 1858 en Esmeralda y Rivadavia, su propietario era un francés de apellido Touan. El nombre proviene de un local similar que estaba en París. Treinta años después tuvo que despla zarse a su actual ubicación. Su momento de mayor esplendor fue durante la dirección de otro francés, Celestino Curut chet que fue su propietario hasta 1927, quien se encargó de atraer una clientela de inte lectuales, poetas, figuras del arte y la política.

No sé si la nostalgia es recomendable, segura mente no, pero de todas maneras mantener el recuerdo de estos sitios sirve para, de alguna manera, rendir homenaje a sus fundadores y también a quienes disfrutaron de sus noches, música y comi das; y también porque forman parte de una historia que aún hoy, a pesar de agoreras opi niones, se sigue escribiendo: la de una ciudad y su música·

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