Tapa Gardel IV










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1926: Canaro en New York

Por Carlos G. Groppa Tapa Canaro

Casi un lustro después de la formación de la Típica Select en New York y que sus desilucionados integrantes, Osvaldo Fresedo, Enrique Delfino y Tito Rocatagliatta, retornaron a Buenos Aires, Francisco Canaro también intentaría la aventura norteamericana, tentado por Rodolfo Valentino cuando ambos se conocieron en París. El astro, que le habló del furor que el tango estaba haciendo en los EE.UU., le ofreció su ayuda para introducirlo en el mundo artístico y social de New York. Canaro, que en ese momento estaba actuando en "El Florida", donde había debutado el 25 de abril de 1925 con enorme éxito, no se mostró muy entusiasmado con la idea y la descartó, en principio.

"El Florida" era un aristocrático cabaret donde no todo el mundo podía actuar, y una plaza muy difícil de conquistar. Una ola de personalidades del mundo del arte de paso por París se reunía allí para escuchar y bailar tango. Arthur Rubinstein, Pearl White, Adolphe Menjou, Gloria Swanson y, entre otros, Rodolfo Valentino, siempre pasaban por el lugar. Valentino en particular, concurría a lucir sus habilidades de bailarín al compás de una auténtica orquesta de tango cada vez que visitaba París.

Tiempo después, mientras todavía Canaro estaba actuando en "El Florida", concurrió al lugar el empresario de teatro norteamericano E. Ray Goetz. Impresionado por el sonido de la orquesta de Canaro, Goetz le hizo una jugosa oferta para trabajar en New York. Titubeando, pero también recordando la ayuda que le había prometido Valentino, Canaro aceptó.

Como no podía abandonar su actuación en París así por que sí, Canaro llamó a Buenos Aires al pianista Lucio Demare para que le consiguiera algunos músicos que quisieran viajar a Francia. La idea de Canaro era armar dos orquestas, una para dejarla en París y otra para llevarla a los EE.UU.. Con algunos de estos músicos, más otros que viajarían expresamente de la Argentina a New York, Canaro estaba listo para firmar el nuevo contrato.

En ese entonces, también se hallaba en París, actuando en la "Revue de Printemps" del Moulin Rouge, la cantante argentina Linda Thelma. Canaro, que no tenía cantante, la contrató y en septiembre de 1926 abandonó la Ciudad Luz rumbo a New York, embarcándose con ella y su orquesta en el vapor "De Grasse". Entre los músicos que Canaro llevaba en esta orquesta estaban Fioravanti Di Cicco (piano), Juan Canaro, Ernesto Bianchi y Luis Petrucelli (bandoneones), Emilio Puglisi (segundo violín) y Romualdo Lo Moro (batería). Como atracción, contaba con el bailarín Casimiro Aín y su compañera, la bailarina alemana Edith Peggy.

Lamentablemente, al arribar a New York Canaro se enteró que Valentino había muerto, y con él sus promesas de conectarlo con el ambiente artístico neoyorquino. Para colmo de desgracias, Linda Thelma sufrió un ataque de ciática durante la travesía y no pudo actuar. En busca de una reemplazante, un amigo conectó a Canaro con la cantante argentina Carmen Alonso. Radicada en los EE.UU. desde hacía tres años, Carmen no sólo le cubrió a Canaro el puesto de cantante sino que además le sirvió de intérprete.

Solucionado este inconveniente, Canaro al frente de su orquesta, con todos los músicos vestidos de gaucho, debutó a fines de setiembre de 1926 en el "Club Mirador" situado en 200 West Street y 7th Avenue. Un aviso promocional en español especificaba: "La orquesta argentina de Canaro ha sido traída a este país por el señor E. Ray Goetz, con el expreso propósito de popularizar el tango. Canaro es para el tango lo que Paúl Whiteman es para el jazz". En ese entonces Whiteman, además de dirigir una de las orquestas de baile más populares y prestigiosas de los EE.UU., tenía en su currículum el haber estrenado, con notable suceso, la Rhapsody In Blue de George Gershwin con el mismo Gershwin al piano.

El debut en el "Club Mirador", según cuenta Canaro en sus memorias, fue exitoso pero no tan firme como en París. "Y no es porque a los norteamericanos no les gustase el tango" –manifiesta el maestro–, "sino que he notado que no se animan a salir a bailarlo hasta que la pista esté repleta de parejas; temen hacer el ridículo; diríase que sienten cierto respeto por nuestra danza".

Maurice Mouvet y Casimiro Aín

En el "Club Mirador", además de Canaro, actuaba como número atracción la pareja de bailarines Maurice -Mauricio, en las memorias de Canaro- y su compañera Eleanora Ambrose. Según Canaro, "ésta era una buena pareja de bailarines, pero sus exageradas pretensiones eran muy superiores a sus verdaderos méritos artísticos". Maurice inmediatamente rozó artísticamente con Casimiro Aín, que todas las noches hacía exhibiciones de tango con su pareja alemana. Tal era el éxito del bailarín argentino, que las damas habitué, solían pedirle que bailara con ellas para practicar y pulir su tango. Ya sea por celos profesionales, o por problemas de prestigio, esta situación molestó muchísimo a Maurice, al extremo de solicitarle al dueño del local que suprimiera las exhibiciones de tango de Aín. Canaro, con su solvente autoridad, se encargó de convencer a Maurice de que desistiera de su absurda pretensión, cosa que el bailarín aceptó.

El Mauricio que Canaro consigna en sus memorias con nombre en español, era nada menos que Maurice Mouvet. El mismo Mouvet que en 1921, después de retirarse su compañera de baile y esposa Florence Walton, trabajó en Europa con diferentes compañeras, como Leonora Hughes, la actriz Barbara Bennet y finalmente con Eleanora Ambrose, una bailarina de la sociedad.

Indudablemente Canaro no sólo ignoraba que su Mauricio era Murice Mouvet, sino que también ignoraba la importancia que el bailarín había tenido en la difusión del tango en los EE.UU. al ser el primero que lo trajo al país, en 1911, después de haberlo aprendido a bailar en París con un argentino –quizás Bernabé Simara. De haber sabido Canaro esto, no habría pintado a Maurice tan mal en sus memorias, o al menos habría perdonado su pedantería artística.

Decepción y regreso a París

Canaro no limitó sus actuaciones en los EE.UU. al "Club Mirador". Contratado con su orquesta, se presentó en la sala del recién terminado Cine Paramount el día de su inauguración. También viajó a Philadelphia para actuar en la Exposición de Productos Argentinos el día de su apertura en dicha ciudad.

Antes que expirara su contrato de ocho semanas con el "Club Mirador", una empresa norteamericana le propuso hacer una gira de uno a dos años por todo el país. Si bien la oferta era brillante, los músicos de Canaro lo presionaron para que no aceptara. Ellos preferían París antes que New York, dado que no les agradaba mucho EE.UU. "Muy interesante pero demasiado metódico y materialista –según Canaro– y, tal vez, hasta un poco insensible espiritualmente para nuestro modo de ser". Por lo que rechazó la oferta. Esta oportunidad única de poder difundir un tango auténtico durante un largo período de tiempo, lamentablemente para el tango, se diluyó en su apresurada y casi nostálgica decisión. Nunca más a una orquesta argentina se le presentaría una oportunidad semejante.

Solidario con sus músicos, Canaro no aguantó la falta de calidez hacia su música y persona. Sería absurdo pensar que esta falta de calidez se debió a discriminación, pero sí con seguridad a que Canaro, como conductor de su espectáculo, no pudo comunicarse con el público en el idioma de ese público. Antes de finalizar las ocho semanas del contrato con el "Club Mirador", Canaro puso al frente de su orquesta a su hermano Juan y abandonó New York rumbo a París para hacerse cargo de la orquesta que había dejado en "El Florida" al mando de su otro hermano, Rafael.

Vestimenta gaucha y fracaso

La actuación de Canaro con su orquesta en los EE.UU., fuera de la colonia de habla hispana, pasó desapercibida. A pesar de ser la primera gran orquesta de auténtico tango que se presentaba en el país, Canaro no llamó la atención del público norteamericano. Quizás su celo por lograr autenticidad con la vestimenta gaucha usada por los músicos ahuyentó a un público que concurría más en busca de sofisticación ciudadana que de folklore pampeano. La vestimenta gaucha que usaron fue requerida a último minuto por el Sindicato de Músicos para evitar conflictos laborales. De acuerdo con éste, los músicos vestidos de gaucho podían ser presentados como un espectáculo folklórico-cultural y no como una actuación comercial. Conseguido de apuro para cumplir con los requisitos sindicales, el vestuario lucía sobre el escenario -basta ver las fotos promocionales para el evento- como comprado en un negocio de ramos generales.

En descargo de Canaro y sus músicos, es necesario tener presente que años atrás Valentino había divulgado una vestimenta gaucha, que si bien tenía ciertas licencias en el diseño con respecto a la autenticidad, era más vistosa y llamativa que la real. El atuendo de Valentino, creado por una diseñadora profesional de Hollywood y concebido con un criterio más visual que auténtico para ser mostrado sobre el escenario, lucía como un pulido diamante comparado con el de los músicos de Canaro. Y Canaro, que podía haber usado smokings o vestimenta civil, falló visualmente al presentarse usando un vestuario que si bien era auténticamente autóctono, lucía pobremente sobre el escenario.

Triste destino

Que el "Club Mirador" contase con un profesor de tango para dar clases a los concurrentes y fuese un lugar nocturno de reconocido prestigio al que solían concurrir estrellas de Hollywood, tampoco incidió en la repercusión de la orquesta de Canaro a escala nacional. Entonces, ¿qué pasó con él, uno de los grandes del tango de todos los tiempos, y su auténtica orquesta de tango argentino, si años más tarde Xavier Cugat, catalán y rumbero, al frente de una orquesta de tango apócrifo, pero con un vestuario deslumbrante, muy al estilo Las Vegas, haría capote? Es fácil arriesgar una respuesta.

Finalmente, si bien Juan, el hermano de Canaro, permaneció en New York por un tiempo más al frente de la orquesta, Canaro nada dice en sus memorias sobre sus andanzas. Y por lo tanto nada se sabe, ya que tampoco ningún periódico se ocupó de él

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