Tapa 152






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Tapa 155TANGO Reporter --- Nro 155 - Abril 2009.
"San" Celedonio, o la expiación del tango.
Por Roberto Tessara

Gloria temprana la que Flores cosechó con Margot y Mano a mano, dejando en penumbra al conjunto de su obra que, al cabo de triunfos, censuras y consagración, devino en marmolado friso de estereotipos tangueros. Suele decirse que tal es el precio de la fama; y en este caso, también el inmerecido infierno de un predicador tan implacable como piadoso.
La celebridad de poeta lunfa (que él cultivó en algunos de sus tangos y poemas) contribuyó a escamoteamos su grandiosa universalidad. Filosofía grecolatina y senequista nutren las entrañas de sus versos; sátira, drama y salvación por la fe se trenzan en el escenario de una Argentina herida de grandes contrastes sociales, con dandys y miserables, pobres honrados y muchachas que alquilan su hermosura para escapar de la miseria. Pero nuestro gran Flores no termina en la mera (y fidelísima) descripción de ambientes, sino que pergeña una ética, una estética y una meditación trascendental.
Proclamó "amor y paz" treinta años antes que los jipis de California; ponderó la sabiduría existencial femenina, la amistad entre varón y mujer y el derecho de la mujer a seguir con su vida tras el naufragio de un amor, treinta años antes del apogeo del feminismo. O sea: homenajeamos a un gran "desconocido", de cuyo genio cierta crítica depredatoria del tango ha rescatado apenas un "complejo de Edipo" con Yocasta y cornudo incluidos, aparte de un presunto culto a la nostalgia sin esperanza.
Celedonio también se anticipó a esos cloqueos modernizantes, funcionales a la desnacionalización de nuestra industria discográfica y de nuestro sentido de la audición: ¿por qué escribió, si no, algo así?: "No tengo el berretín de ser un bardo, / chamuyador letrao, ni de spamento. / Yo escribo humildemente lo que siento / y pa' escribir mejor, ¡lo hago en lunfardo!" (1). Pintó como pocos a su aldea (la Gran Aldea del Centenario oligárquico y anglófilo), y en sus letras de tango puso lo que Kafka esperaba hallar en todo libro: "el hacha que quiebre el mar helado dentro de nosotros" (2).

*Muñecas bravas

El primer laurel de su corona, Margot, nos introduce en la extensa galería de muchachas fugadas del arrabal, del hogar y de la humilde decencia del novio, en busca de una vida si no mejor, distinta. Pero con Margot el autor es particularmente riguroso. Le enrostra que "vos rodaste por su culpal / y no fue inocentemente". Otras muñecas bravas de esta hipotética colección han sucumbido, también, pero con atenuantes. Y cuando el poeta escribe: "Ya no sos mi Margarita / ahora te llaman Margot", anticipa otra veta de su universo satírico: la ironía por el afrancesamiento, que en Audacia aflora aún más explícita.
La muñeca de Audacia quizás no se haya corrompido deliberadamente, pero su pecado repugna por la banalidad: "la vas de partenaire en no sé qué bataclán", donde al estribillo, "en vez de batirlo en criollo te lo baten en francés". Pero hay algo más: ella y otras minas salen al escenario "a cantar, si lo que hacen se puede llamar cantar". ¿No podría decirse lo mismo, hoy, de tantas/os "cantantes" vomitados a diario por la radio basura, el disco basura y la tele basura?
"Si tu vieja (...) te viera en esa mano tan audaz y descocadal se moria nuevamente de dolor e indignación", termina el tango. La madre que sufre por la indignidad de los hijos fue un tópico de este autor que la trivialidad freudiana con.vertiría en prueba concluyente del complejo edípico del tango.
Contracara de la madre es la bella vampiresa de La puñalada, con la que un malevo de Palermo se cruzó en el bailongo, para su desgracia. Seducida por su propia belleza, que enfrenta a los varones recios, ella cede al capricho cruel de venderla a precio de sangre. Es la trágica historia del hombre que "cayó un día / taconeando / prepotente / a un bailongo / donde había / puntos bravos / pa'l facón".
A diferencia de Margot, la muñeca de Mano a mano no inspira rencor al que la evoca, reconociendo que "fuiste buena, consecuente, y yo sé que me has querido". Su sórdido desplazamiento del fango al asfalto no le merece particular censura; pero le advierte que su buen pasar junto al "bacán que te acamala", es sólo un pasar, y que los suyos son "pobres triunfos pasajeros". Llegado el momento de la decadencia, el varón asume que más allá de la pasión fenecida, está la amistad: "si precisás una ayuda, si te hace falta un consejo...".
Larga prosapia de muñecas celedonianas (encontramos dieciséis) halla acabada expresión en Milonga fina. La finura llegó "cuando te fuiste con aquel gil, / que te engrupía con cocaína / y te llevaba al Armenonvil".
Para no abundar, ahora nos detendremos sólo en los personajes más emblemáticos de esta galería.
El varón de ¿Sos vos?, más que repudiar el ominoso ascenso social de la mujer que alguna vez amó, defiende el propio orgullo de seguir "siendo el de siempre, de gorra y de zapatillas, / no he entrao con los cajetillas y sigue aquí el corazón...". Marx diría que esto es "conciencia de clase", pero la ética de Flores tiende a reconocer la herencia latina de Horacio, uno de los precursores de Séneca, que sentencia: "quien mucho desea de mucho carece" (3).
La de Aten ti pebeta es quizás la única muñeca que no llega a alquilar su belleza, en tanto siga el consejo del viejo seductor que ha visto caer a muchas: "Cuando estés en la vereda y te fiche un bacanazo, / vos hacete la chitrula y no te le deschavés; / que no manye que estás lista al primer tiro de lazo / y que por un par de leones bien planchados te perdés". El mayor peligro que asedia a su virtud luce "guantes patito" y "polainas"; es un dandy, como tal vez lo fue su protector años ha... Según José Gobello, quien aconseja a la pebeta es "el propio autor" o "un vecino con experiencia".

* Bacanes en subida

A diferencia del clásico Don Juan, que volvió de las Cruzadas saqueador y violador, además de seductor inescrupuloso, el bacán criollo de Flores es, por sobre todo, un sujeto con cualidades morales personales que matizan al estereotipo. No parece casual que el poeta, para su "Autorretrato", haya elegido estos versos: "Pinta de ‘shushetín', visto a la moda", pero "encurdelao no soy matón ni necio". Por las dudas, aclara que "no soy vicioso, ni la carpeta / ni el burromás ligero ni el más maleta / le han sacao mucho venta a este bacán".
Bajando unos cuantos escalones desde ese ideal, encontramos a Mala entraña: "Mezcla rara de magnate / nacido en el sabalaje, / vos sos la calle Florida / que se vino al arrabal". El bacán de Muchacho es un privilegiado cabal, que vive "en un primer piso / de un palacete central". En este caso, la censura del poeta apunta a la presumida insensibilidad del dandy criollo, mera copia del original europeo: "decís que un tango rante / no te hace perder la calma / y que no te llora el alma / cuando gime un bandoneón".
Como ángel exterminador, el arrabal ejecuta la sentencia para Malevito, joven aprendiz de bacán que, en la subida, no piensa en lo que vendrá: "te vestís a la alta escuela, / jugás fuerte a la quiniela", pe-ro... "Cuando empiece a nevarte en el mate / y la línea entrés a perder...".

* Bacanes cuesta abajo

En el inexorable ocaso de sus días, el mi longuero suele tener el consuelo de un amigo que lo invita a reflexionar piadosamente. Al "bacán arrumbado" de Carta brava empieza diciéndole que "la vida me ha enseñado lo que es bien y lo que es mal. / Yo que vos, me volvería nuevamente con los viejos / a la modesta casita del barrio sentimental. / Y besándola a la vieja le diría suplicante / aquí estoy, vengo buscando paz, amor y redención". Otro milonguero cuesta abajo, como el de Cuando me entrés a fallar, se confiesa enamorado, por primera vez, de una mina que "conocí cuando entraba a fallarme la carpeta". Mientras anduvo en subida, su corazón fue duro; y ahora que una mujer buena lo ha ablandado, él se sabe "ya viejo para querer...". Drama propio de un hombre alejado de "mi vida ficticia" que, dominadas las pasiones, "tengo otro modo de ver y filosofar". En cambio, sencillo y expeditivo, el final del "matón y biabista" de As de ases es el de los que caen "bajo el plomo mortal de un bufoso". A los golpeadores de mujeres, según la ética celedoniana, les pasa como a Pedro Navaja ("a hierro mata, a hierro termina"), o bien como al bacán de Lloró como una mujer. A éste la mujer le reprocha que pretenda abandonarla después de que ella, que ahora es vieja, lo ha bancado "a fuerza de compasión". La culpa derrota al bacán, y él, "tan rana y tan compadre", acaba llorando "como una mujer".
Nostalgia dolorosa la de El bulín de la calle Ayacucho, donde "¡cuántos días felices pasé, / al calor del querer de una piba". Pero la infidelidad de la piba merece un odio que el bacán desprecia, porque "me está sobrando cancha pa' perdonarte, también. / Soy muy hombre pa' amargarte y relojearte la vida".
De soledad, ya que no de amor traicionado, sufre el varón de Viejo smoking: "no me arrepiento del vento ni los años que he tirado, / pero lloro al verme solo, sin amigos, sin amor". Joven "audaz" y con "clase" fue alguna vez el bacán de Canchero, quien no obstante reconoce que: "El cariño de una mina que me llevaba doblao / en malicia y experiencia me sacó de perdedor". Sabiduría femenina que lo ha convencido de que lo más valioso de una mujer es "que aconseje con criterio y con bondad".
En el último escalón del infierno criollo hay domadores de hembras para el mercado de la carne, como el de Apronte, que festeja: "Hoy te tengo en mi cotorro Imás mansa que gata fina".

* Mujeres traicionadas

Contraparte de las muñecas bravas, las víctimas del donjuanismo, como Beba, cargan con la desilusión: "Como él, otros muchos la engañaron"... La dignidad es el consuelo que el poeta ofrece a la pobre papusa de El alma que siente: "Preciso es que tú sepas, / muchacha sensiblero, / ser noble en la desgracia, / ser fuerte en el sufrir". El burlador, según se lo describe en De estirpe porteña, tiene "fama" de "matón" y de "Don Juan" que "no se dejó vencer el corazón". A esa clase de varones, el rencor femenil no perdona: en Cobarde, la burlada reniega de "el hombre que jura y no sabe cumplir"; y en Comadre, ella confiesa que "crei que porque llevaban pantalones / fueran enteros y más de ley".

* Injusticia y redención

Pan, Sentencia y Perro, entre otros, ilustran el padecer derivado de la injusticia social, causa de otros males con cuyas culpas las víctimas de la miseria deben cargar. Esa clase de dolor está "oculta" en los versos tal vez menos celebrados de Corrientes y Esmeralda. A metros de las luces del "Odeón y el viejo Pigall", palpita el drama de "la doliente anemia" de la "papirusa criolla" que "espera el tranvía para su arrabal".
Drama intimista de amores traicionados, épica de una sociedad injusta y cruel, el mundo de Celedonio se apoya en la identidad colectiva del criollismo para, desde allí, aspirar a la salvación. "La Musa Mistonga" cuenta que la piba de la orilla, ignora la historia de la princesa "que pecó indiscreta con el rubio paje, / pero que se apena porque Milonguita / ha dado un mal paso y llora su ultraje". Una musa inspirada en el dolor cercano, que los ricos y cultos del Centenario preferían saborear en versión importada. El mozo de "La Musa Rea" afirma que "a una opereta de Lehar (4), prefiero / los canyengues que siempre tangueó Cobián...".
La precariedad humana, tiranizada por las urgencias del mundo, halla alivio en la fe. El Dios porteño, argentino, antes que el de la Escolástica romana, hizo el milagro de "Se salvó el pibe": "Hay algo que es más fuerte que la muerte, / el ruego de una madre ante el Señor".
Treinta años antes de que Allen Guinsberg, Bob Dylan y John Lennon proclamaran "amor y paz", desde el paraíso espiritual conquistado por el poeta en Mienten, se vislumbraba el camino: "Yo creí que en este mundo uno estaba contra todos, / que eran todos enemigos, que cada hombre era un traidor. / Sin embargo, ¡cómo veo hoy la vida de otro modo! / bajo el prisma reluciente de la paz y del amor..."
Más dolorosa que su transitoria censura radiofónica, fue la distorsionada trascendencia del mensaje celedoniano. El poeta redimido por la auténtica fe quedó oscuramente asociado al primer estadio de su ascenso, prisionero de urgencias, pasiones y desencantos. De ahí su pobre fama de poeta "lunfa", fruto de un tango más bailado, y escuchado, que leído.

Notas: 1) "Musa rea". 2) Alberto Manguel, "Una historia de la lectura", Emecé. 3) Horacio, "Satiras", Nuevo Siglo. 4) Franz Lehar, compositor de operetas, austrohúngaro (1870-1948), famoso antaño por "La viuda alegre" y demás obras populares.

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