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Tapa 121
José Agustín Ferreyra: Los Tangos de un pionero del cine argentino
Por Ricardo Ostuni *

No fueron pocos los autores que arribaron al tango procedentes del cine o del espectáculo en general. Para ejemplo, sirvan –al azar- las menciones de Ivo Pelay, Manuel Romero o Luis César Amadori, hacedores de verdaderos tangos de antología. Similar es el caso del “Negro” José Ferreyra –pionero del cine argentino- que por haber nacido en el día de San Agustín (28 de agosto) de 1889 llevó como segundo nombre el patronímico del docto Santo de la Iglesia Católica.

Ferreyra era mestizo, hijo de madre negra de viejo tronco criollo y de padre ario con todos sus antepasados europeos. De esa cruza resultó un tipo singular de buen porte: la piel cebruna por la fuerza de los genes maternos y los ojos claros, verdosos, como herencia de los ancestros paternos.

El “Negro” quería ser pintor –hoy diríamos artista plástico o quizás, utilizando la forma dialectal de la izquierda vernácula, lo llamaríamos “trabajador del arte plástico”-. Esta temprana vocación la compartió con su fraterno amigo de la infancia, Atilio Malinverno el mismo que, con los años, llegara a ser una de las paletas más cotizadas de la Argentina. Los dos, siendo muy jóvenes, ingresaron como escenógrafos del Teatro Colón en tiempos en que el maestro Ferri (1908-1910) ejercía la dirección del gran coliseo.

Ferreyra, poco a poco, vió crecer su interés por el cine; le atraían las películas de Chaplin, de Griffith y en especial los filmes escandinavos que llegaban al país con producciones de fuerte realismo social. Aquellos primitivos rodajes se hacían con cámara fija y técnica teatral y entre nosotros se destacaban los esfuerzos de Eugenio Py –llamado con justicia el Lumiere argentino- y del italiano Mario Gallo quienes con esos limitados recursos, abrieron un camino para el cine argentino en los albores del siglo XX.

El Negro no participó de esas experiencias, sino que descubrió instintivamente los códigos del nuevo arte; advirtió -y esto es una remarcable genialidad- que el cine tenía un lenguaje propio ajeno a la declamación y a la mímica del teatro y así, con gran osadía, hizo su debut como realizador en 1915 con Una noche de garufa (Las aventuras de Tito), título de indudable prosapia tanguera desde que Arolas diera a conocer su tango homónimo en 1909.

Este film no tuvo difusión; fue exhibido en privado y un sólo día en el desaparecido Cine Colón de Plaza Lorea. Al año siguiente, reincidió con otras dos pelí-culas olvidables: La isla misteriosa y La fuga de Raquel. El mismo Ferreyra iniciaba la enumeración de su filmografía a partir de la obra que lo revelara como un director con ideas audaces y originales: El tango de la muerte. Es posible que los títu-los anteriores tuvieran muchas de las vacilaciones e influencias que caracterizan en general las operas primas de todo aficionado.

El tango de la muerte es de 1917; fue escrito, dirigido y escenificado por Ferreyra e interpretado por María Reino, Margarita Piccini, Nelo Cosimi, Manuel Lamas y Pascual Demarco. Lo produjo Gumersindo F. Ortiz, quien a su vez era propietario de los estudios de filmación. Se estrenó el 9 de abril del mismo año en el Cine Real.

A partir de esta película el tango, con su denso contenido de tragedia humana, estuvo presente en todas sus realizaciones. En realidad, a través del tango, Ferreyra quería indagar el lado oculto de ese Buenos Aires pujante y ostentoso de los años locos: la marginación y la miseria que eran los dramas cotidianos del suburbio y su gente. El tango, en ese sentido, le debe a Ferreyra casi un cuarto de siglo de fidelidad y dedicación en la búsqueda constante de sus esencias, para trascender en la pantalla la trivialidad anecdótica de las letras, a veces ingenuas, pueriles o ripiosas, pero siempre cargadas de humanidad.

Calki –recordado crítico cinemato-gráfico- publicó en la revista El Hogar del 21 de diciembre de 1956, un artículo titulado “El gran intuitivo” Entre otros conceptos expresa: El tango aparecía en todas sus películas; al fin y al cabo se trataba de la canción de los humildes”.

Ferreyra no fue un letrista profesional; ocasionalmente escribió letras para distintos tangos incluídos como lei motiv en sus películas. Sólo nos han llegado cinco de letras, aunque debió haber escrito varias más a lo largo de sus años. Cada una de las que conocemos corresponde a un film y tiene su pequeña historia. Sin embargo –y de modo paradójico en su film inaugural, El tango de la muerte, no recurrió a la letra cantada del tango de Horacio Mackintosh con letra de Alberto Novión, sino al verso de indudable prosapia orillera, para que cada personaje definiera su estirpe:

Margot (María Reino) era la joven modista seducida por el mundano Renard (Manuel Lamas) hombre de la noche y los placeres de la vida fácil. Para ambos personajes escribió versos concisos y ajustados al drama, con la gracia y la soltura de un vate arrabalero: “Muchacha sentimental / ¿Por qué huiste del taller / donde fuiste hasta ayer / la obrerita más formal? ¿Cuál fue tu pena o tu mal / el enigna o el misterio / que te trajo al arrabal?

Renard se presentaba con la displicente pose del cafishio para quien la vida era nada más que un juego: “Beber, amar y jugar... / de lo demás ¿qué me importa? / Al fin la vida es tan corta / que es lo mejor olvidar. / Y olvido me da el dinero / cuando me da lo que quiero / amar, beber y jugar..”.

Tampoco faltaban en el film las figuras del malevo (El Pesao, hecho a la medida de Nelo Cosimi) y de la querida de Renard, la ajada Jeannette (María Piccini), gastada por las noches de vicio y lujuria.

El primer tango conocido del Negro Ferreyra fue La muchacha del arrabal firmado con el seudónimo de “Leopoldo José” (escrito en colaboración con su gran amigo Leopoldo Torre Ríos), con música de Roberto Firpo. La obra acompañaba la exhibición de la película del mismo nombre que Ferreyra filmó en 1922 con Lida Liss, Jorge Lafuente, Elena Guido, Angel Boyano, Carlos Lasalle y Carlos Dux. Su estreno se produjo en el Cine Esmeralda con un intento de sonorización musical a cargo de la orquesta de Firpo ubicada en el foso del escenario desde donde ejecutaba el lei-motiv musical del film.

El tango fue editado por M.A. Trevino en el mismo año de 1922 y su letra tuvo amplia difusión a través de unos tarjetones que distribuía la productora Tylca. Además de Roberto Firpo, La muchacha del arrabal fue grabado por Carlos Gardel en 1923 para discos Odeón con el simplificado título de La muchacha: “Muchacha / dejame que yo recuerde / cuando allá en el music hall / borracha de pena, de alcohol y dolor / cantabas alegre / vendiendo sonrisas / y falsas caricias / canciones de amor”.

En 1925 y tras otras realizaciones que más adelante mencionaré, Ferreyra filmó Mi último tango con la participación de Nora Montalbán, Percival Murray, Elena Guido, Rafael de los Llanos y Julio Donadille. Fue estrenado el 19 de mayo del mismo año en el cine Metropol. Para esta película escribió la letra de su tango Y reías como loca con música de Eduardo “Chon” Pereyra. Lo convencional del tema de la prostituta vencida por la vida que es arrastrada hacia la muerte como única forma de liberación, es salvado por algunos bellos aciertos literarios:“Y no sé mujer / si de coqueta o de nerviosa / de rara o de vanidosa / reías y reías como loca / sin darte cuenta que el tango en su / agonía / llevaba en su triste melodía / el alma enferma de tu vida rota”.

Gardel grabó este tango en España, en la empresa Trasocean de Barcelona en 1928 con las guitarras de Ricardo y Barbieri.

En ese mismo año de 1925 Ferreyra filmó otra ambiciosa película: El organito de la tarde sobre argumento del tango homónimo de José González Castillo y su hijo Cátulo. Actuaban aquí María Turgenova, esposa del Negro, cubriendo el rol de Esthercita; Julio Donadille, Mecha Cobos, Arturo Forte, Lilita Llopis y Alvaro Escobar entre otros. Fue producida por Colon Film de Luis y Vicente Scaglione y estrenada el 13 de octubre en los cines Alvear, Gaumont, Paramount y Select Lavalle.

Además del tango que daba título a la obra, su proyección se acompañaba con la ejecución de un tango de Ferreyra con música de Raúl de los Hoyos titulado El alma de la calle. La letra es evocativa del mismo clima que creara don Pepe González Castillo al paso tardo del organito: “Callecita del suburbio / estas triste / ¿qué te aqueja? / Acaso una pena vieja / que no puedes resistir...

El tango fue editado por Juan E. Rivarola y dedicado al maestro Arturo de Bassi. Gardel lo grabó en 1926.

En ste mismo año Ferreyra dio a conocer su película Muchachita de Chiclana en la que también actuaba su mujer María Turgenova, y debutaba como galán Florentino Delbene junto a Lolita Llopis, Alvaro Escobar, Ermete Meliante y Arturo Forte. Fue producida por el mismo Ferreyra y estrenada en el mes de octubre en el Cine Esmeralda.

Para este film, el Negro escribió la letra del tango homónimo sobre música de Anselmo Aieta. Fue editado por Ediciones Musicales Alfredo Perrotti y en la carátula de la partitura, junto a dos lánguidas mujeres de inexpresivo rostro, se lee: “Este tango se cantará durante la exhibición de la película ?Muchachita de Chiclana’ por la protagonista María Turgenova”.En esta letra Ferreyra insiste con el drama de la muchachita de arrabal arrastrada hacia el vicio y el pecado, a quien admoniza con versos impecables: “Muchachita / no soñés con ser bacana / que los reos de Chiclana / te han soñado viergencita”.

Este tango fue grabado por la orquesta de Francisco Canaro.El quinto tango que nos ha llegado con autoría de Ferreyra, fue incluído en su film Calles de Buenos Aires rodado en 1933 con la participación de Guillermo Casali, Nelly Ayllon, Leonor Fernández, Enrique Maza, Mario Soffici y Miguel Gómez Bao entre otros actores. Fue filmado íntegramente en exteriores registrando el cambiante paisaje de la ciudad. La obra incluye, entre diversas canciones –algunas con la participación de la orquesta de jazz de Rudy Ayala- el tango Redención que lleva letra del Negro Ferreyra y Nolo López y música de Guillermo Casali que también fue su intérprete en el film. El tango fue editado en 1934 por la Editorial Pirovano.

José Agustín Ferreyra hizo un cine de marcado color localista en lo puramente estético, aunque de hondo contenido social a través de las dramatizaciones tangueras. Sin embargo el suyo no fue un cine de mensaje o de protesta, en todo caso fue un cine testimonial que es el mayor valor que ha conservado. Sostenía que el cine es el arte que más cerca está del alcance de la comprensión del pueblo y de tal manera hizo cine para el pueblo mostrando su dolor y sus dramas desde la esencia misma del tango.

Otros títulos recordables de José Agustín Ferreyra lo vinculan también a las esencias tangueras, a los paisajes ciudadanos y a los dramas humanos del suburbio: Buenos Aires ciudad de ensueño (1922), Melenita de oro (1923 - sobre el tango de Jose Bohr), La maleva (1923 - sobre el tango de Buglione), Mientras Buenos Aires duerme (1924 - con la participación de Anselmo Aieta como extra), La costurerita que dio aquel mal paso (1926 - sobre el conocido soneto de Evaristo Carriego), El cantar de mi ciudad (1930 - primera película parcialmente sonorizada en la que se ejecutaban un tango y un vals), Muñequitas porteñas (1931 - en el que se incluye el tango Muñequita de Haerschel y Lomuto. Este fue el primer film de largo metraje, totalmente sonoro por el sistema Vitaphone que se rodó en la Argentina), Puente Alsina (1935 – film del cual el director norteamricano Delmer Daves destacó la fuerza y el lirismo de sus escenas y calificó a José Gola como el “Clark Gable argentino”), Ayúdame a vivir (1936 - con Libertad Lamarque que interpreta cuatro temas, entre ellos Mi cariño de Malerba y Cátulo Castillo y Arrepentida de Sciammarella); Muchachos de la ciudad (1937 - Herminia Franco interpreta Asi es el tango y Carlos Dante el tango Ciudad, ambos acompañados por la orquesta de Elvino Vardaro); Besos brujos (1937 - Libertad Lamarque canta diversos temas de Malerba y Sciammarella), La ley que olvidaron ( 1937 – con Libertad Lamarque, Santiago Arrieta y un gran elenco. Libertad canta los tangos Es mia de Supparo, Yo soy María de Gonzalez Castillo y Destino de Cátulo Castillo todos con música de Alfredo Malerba)

El último film del Negro Ferreyra fue La mujer y la selva de 1941, ambientada en el Chaco, con la participación de Fanny Loy, Carlos Perelli e Hilda Lamar entre otros. Fanny Loy canta temas de Joaquín Mora y Mario Batistella acompañada por el conjunto de violas de Consuelo Mallo López.

A pesar de tan extensa filmografía, la fortuna y el éxito le fueron siempre esquivos. En 1927 luego de filmar Perdón viejita emprendió una gira por países latinoamericanos llegando a los Estados Unidos donde no pudo exhibir su película. Siguió viaje hacia Europa y tanto en España como en Francia intentó imponer las características del cine argentino mostrando varias de sus realizaciones.

Mario Soffici escribió en la revista Cine el 12 de febrero de 1943: “Ferreyra quiso llevar a los pueblos americanos su mensaje espiritual concretado en sus primeras películas. Había captado el alma del arrabal porteño, las vidas sencillas, los conflictos domésticos, los hombres humildes y las niñas románticas...No tuvo suerte. Todo le fue de mal en peor...”. Leopoldo Torre Rios había anticipado “...la pobreza trágica de Ferreyra” en una nota publicada en la Revista del Exhibidor del 18 de agosto de 1926 con motivo del éxito de La muchacha del arrabal.

José Agustín Ferreyra murió el 29 de enero de 1943 a los 53 años de edad·

Fuentes: * José Di Núbila ( La época de oro del cine -Historia del Cine Argentino) / * José M. Couselo (El negro Ferreyra, un cine por instinto) / * Raúl Manrupe-María Alejandra Portela (Un diccionario de filmes argentinos) / * Orlando del Greco (Autores que cantó Gardel.

/ * Ricardo Ostuni, ensayista, investigador, y miembro de la Academia Porteña del Lunfardo, es autor del “Repatriación de Gardel” y de varios de poemas lunfas.

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