TANGO Reporter - Nota de Tapa - Mayo - Junio 2012, Nro 187
Tapa 167

Adquiera la colección completa de TANGO Reporter. Una verdadera enciclopedia del Tango.

Biografías, entrevistas, anécdotas, letras de tango. comentarios de discos, y mucho más, escritos por las mejores plumas del tango actual.

Quedan muy pocas colecciones. Adquiérala antes que se agote

Para más información haga click aqui.

Tango Reporter, 8033 Sunset Blvd., #704, Los Angeles, CA 90046, USA
Para más información, envie un e-mail

No se pierda otras Notas de Tapa sobre Robert Duvall, Jose Luis Borges, Julio Cortazar, Astor Piazzolla, Rodolfo Valentino, Carlos Gardel y otras personaliades tanto argentinas como internacionales ligadas al Tango.
Tapa libro

Ya apareció!!! The TANGO in the United States (en inglés) por Carlos G. Groppa. La historia del Tango en los EE.UU. desde sus antecedentes en Argentina, Paris y Londres hasta la actualidad. Cubriendo bailarines, músicos y cantantes, hay capítulos dedicados a Fresedo, Cobián, Canaro, Gardel, Piazzolla y otras grandes figuras del tango argentino que actuaron durante largas temporadas en los EE.UU. Solicitelo en librerias o en amazon.com,

Tapa 187TANGO Reporter
Gizzy Gillespie, Rendez-vous con el Tango
Por Carlos G. Groppa

Lejos estaba de suponer el trompetista Dizzy Gillespie que en su primera de las cuatro visitas a la Argentina se vería envuelto con una nueva cultura e involucrado con un melódico ritmo musical. En el invierno de 1956 viajó a Sudamérica para dar una serie de conciertos, hacer patria ya que fue enviado por el Departamento de Estado norteamericano, y nada más. Salvo que al arribar a Buenos Aires se encontró con el tango, gravó algunos y dio los conciertos de jazz más espectaculares que se recuerdan en la Argentina.

El viaje de Gillespie se debió a que, dado la popularidad que había alcanzado en la década de 1950, el congresista de Harlem, Adam Clayton Powell Jr., le pidió que organizara una orquesta, pues le iba a pedir al Presidente Eisenhower que la enviara en la gira cultural por Europa y Medio Oriente auspiciada por el Departamento de Estado. Gillespie, entusiasmado con la idea de disponer de una gran orquesta que no le costaría un dólar y le aseguraba trabajo por una larga temporada, aceptó, previo acuerdo de no tener que disculparse donde fuese por la política racista de su país.

Ocupado en ese momento en un viaje con el grupo Jazz at the Philharmonic, le encomendó al trompetista y arreglador Quincy Jones, que tiempo atrás le había armado un par de orquestas para grabar, que ahora le armara una nueva para la gira y que además se la dirigiera. También le encomendó, según cuenta en su autobiografía, que reclutara un "surtido norteamericano", dado que el Departamento de Estado patrocinaba la gira con la intención de mostrar que los EE.UU. estaban promoviendo la integración. Por lo que fueron de la partida, entre negros, blancos, hombres, mujeres, judíos y gentiles, Ermet Perry (trompeta), Marty Flax (barítono), Charlie Persip (batería), Walter Davis Jr. (piano), Melba Liston (una atractiva mujer trombonista de 23 años que causaría sensación), Billy Mitchel (saxo tenor), Benny Golson (también tenor, que se enloqueció con el Octeto Buenos Aires de Piazzolla) y entre otros músicos Phil Woods (saxofonista que con el tiempo grabaría algunos tangos de Piazzolla ignorando quien era Piazzolla).

Formada la agrupación con 16 elementos y orgulloso de ser el primer músico de jazz que representaría a su patria en una misión cultural, partieron. Luego de recorrer Europa y Oriente, al regresar, las noticias del apabullante éxito de esta gira que llegaban a las agencias de noticias norteamericanas fueron de tal magnitud, que hicieron que el Departamento de Estado volviera a encomendarle a Gillespie otra gira, esta vez a Sudamérica. Programada para comenzar el 25 de Julio de 1956, abarcaba las ciudades de Quito y Guayaquil (Ecuador), Buenos Aires (Argentina), Montevideo (Uruguay), y Río de Janeiro y Sao Paulo(Brasil), con posibles escalas a la vuelta en Chile, Perú, Colombia y Venezuela.

Llegan a Buenos Aires

Luego de recoger ovaciones multitudinarias en Guayaquil, partieron rumbo a Buenos Aires, pero al sobrevolar la cordillera de los Andes, el avión perdió el uso de dos de los cuatro motores. Por lo que, el arribo al aeropuerto argentino de Ezeiza, programada para las 8:00 pm, pudo aterrizar a las 10:45 pm. Tras la rápida inspección por parte de la aduana del equipaje de más de 60 bultos, salieron rumbo al hotel sin sospechar la nueva demora que les esperaba.

Ignorando el incidente, una multitud había comenzado a agolparse en el Teatro Casino, donde debía debutar la orquesta, con gran desesperación de los ejecutivos de Conciertos Iriberri que corrían con los gastos de las presentaciones en Buenos Aires.

La expectativa que provocó la visita de Gillespie se reflejó en la crónica del diario El Plata, al manifestar que "...ante la sala acordonada por la policía por temor a la oleada humana, la gente afluía sin cesar, los vestíbulos y la calle eran un hervidero donde se pulsaba el bullir de la expectativa".

Como en esa época, cada vez que se llegaba a una ciudad, había que registrarse en el hotel a fin de obtener tarjetas de identificación a cambio de los pasaportes, ni bien intentaron descargar las valijas y el equipo en el Hotel Savoy de la Avenida Callao, auque otras fuentes dicen que fue el City Hotel de la calle Bolívar e Hipólito Irigoyen-, donde tenían las reservaciones, se produjo un inesperado y desagradable incidente: la conserjería se negó a alojarlos por haber negros en el grupo. Ironía del destino, el hotel era propiedad de un consorcio norteamericano.

Indudablemente el personal desconocía al músico o eran racistas. A estas alturas de su carrera, Gillespie, con 46 años, era reconocido internacionalmente, había delineado el bebop y su tema Manteca venía sonando desde mucho tiempo atrás alrededor del mundo.

Sea como fuese, el hecho no amilanó a los músicos que ya sabían como proceder. En esa época no alojar músicos de color en los hoteles era un acción común en su patria, donde la furia racial aún seguía vigente, por lo que no se extrañaron que ocurriera algo similar en otros países.

Usando un criterio más humano, liberal y comercial, la dirección del Hotel Continental, de Diagonal Norte y Maipú, les dio la bienvenida, además de ofrecerles un alojamiento más conveniente por estar a pocas cuadras del Teatro Casino, en la misma calle Maipú.

Finalmente ese sábado 28 de Julio de 1956, saliendo del hotel así como llegaron, subieron al escenario a las 0:15 de la madrugada del domingo, sin protocolo, sin cambiarse de ropa ni limpiar sus instrumentos, para recibir una ovación nunca vista por parte del paciente público que los esperaba, ni por Gillespie y sus músicos, según le confesó el trompetista al cronista Luis R. Marzoratti de la revista Jazz Magazine.

Eran tiempos en que la Argentina estaba en manos de los militares de la autodenominada Revolución Libertadora y querían dar una imagen de democracia inexistente. Por lo que temprano a la mañana siguiente, mientras Gillespie todavía dormía, le llegó una notificación de que tenía que concurrir a la Casa de Gobierno, porque el presidente, General Eugenio Aramburu, quería presentarle una disculpa oficial.

Por su parte, el diario Democracia del día siguiente consignó que el Ministerio de Trabajo y Previsión y la Municipalidad de la Ciudad protestaron ante los dueños del hotel, quienes se disculparon. Aceptadas las disculpas, el hotel fue multado con $2.500.

El hecho, que fue la comidilla del hombre de la calle y una gran historia en los titulas de los periódicos sudamericanos, no lo fue en los argentinos, que prácticamente ignoraron la visita de Gillespie, ni en los de los EE.UU. que callaron el incidente. ¿Por qué? El telegrama con la noticia escrito por Peter Hahn, corresponsal de CBS News, y enviado a su país desde el diario La Prensa, en ese momento en manos de los dictadores de turno, nunca salió de la teletipo.

Dejando de lado los inconvenientes que se le presentaron a la orquesta en esta gira, su éxito fue de tal magnitud que decidió al Departamento de Estado norteamericano seguir enviado músicos de jazz en misiones culturales, entre ellos Benny Goodman y Duke Ellington a Rusia y Herbie Mann a África.

El encuentro con el tango

Al día siguiente de arribar, como el Teatro Casino funcionaba de día como cine, la orquesta comenzó sus ensayos en los estudios de Radio El Mundo ubicados en la otra cuadra. Terminados estos, las calles porteñas se abrieron ante los ojos del trompetista.

Su inquieto espíritu lo indujo a fraternizar inmediatamente con las tradiciones argentinas. Durante la semana del 28 de Julio al 4 de Agosto que permaneció en Buenos Aires, recorrió con gusto las calles porteñas, aprendió a tomar mate, disfrutó de unos asados con cuero, saboreó el dulce de leche, montó a caballo, vistió la colorida indumentaria gaucha, y voraz indagador de la música de los países que visitaba, se propuso escuchar tangos. Conclusión, la tentación de además grabar algunos surgió de inmediato. Gillespie, siempre estuvo abierto a los ritmos del mundo. Pero, ¿con quién grabarlos? La respuesta la tuvo al conocer al destacado bandoneonista y director de orquesta Osvaldo Fresedo.

El encuentro de ambos músicos está un poco envuelto en una nebulosa. No hay un solo comentario periodístico de la época ni de los que fueron escritos décadas después que coincida uno con el otro al reseñar el hecho. El único dato en que todos están de acuerdo, es que se produjo en el club nocturno Rendez-vous. Con respecto al resto, un testigo que pudo ser valioso, Quince Jones, ya que iba al frente de la orquesta de Gillespie, en su libro autobiográfico sólo consigna en un par de líneas su debut en Buenos Aires, sin mencionar para nada el encuentro Fresedo-Gillespie, y confundiendo a Fresedo con Piazzolla al decir que éste grabó con Gillespie, cosa que Piazzolla nunca hizo. Incluso Gillespie, es muy escueto en sus recuerdos, dándole tan solo media página de su libro autobiográfico al asunto y en donde sólo se ocupa en relatar como fue la grabación con Fresedo sin mencionar como se conocieron ni que los indujo a ella, y ni tan siquiera por qué eligió grabar con Fresedo y no con Troilo o Salgán, dos músicos de avanzada como él.

Esta escases informática hacen que la nebulosa del entorno del encuentro Fresedo-Gillespie, salvo por el hecho concreto de un tape editado en CD conteniendo los cuatro tangos que grabaron juntos, comenzara a convertirse en leyenda. Sobretodo considerando que los pocos datos que se saben no sólo son en muchos casos contradictorios sino que descansan en la memoria, un elemento que como los teléfonos celulares, a veces falla. Gillespie escribió su autobiografía 23 años después de lo ocurrido, Quincy Jones 45 años, los recortes periodísticos argentinos aparecieron 40 largos años más tarde, y las entrevistas realizadas con involucrados casi seis décadas después.

Por lo que, usando un método muy caro a Jorge Luis Borges, hilvanando cronológicamente todos los elementos disponibles se puede reconstruir la historia de la gira sudamericana de Gillespie, desde su llegada a Buenos Aires, sus conciertos, y su encuentro con Fresedo hasta la posterior grabación de cuatro tangos. Por consiguiente, lo que sigue es una historia real, totalmente verídica para el que la quiera aceptar. Si se da por sentado que San Martín cruzó los Andes montado en un caballo blanco, hecho ocurrido casi dos siglos atrás, ¿por qué no dar también por sentado que Gillespie montó a caballo y cruzó la calle Florida para ir a grabar con Fresedo unos tanguitos, cuando de este hecho existen fotos y del de San Martín sólo una pintura de un alucinado pintor?

Sea como fuese, la historia se puede abordar centrada en tres fuentes confiables, como son tres testigos presenciales. Uno, del arribo y debut de Gillespie con su orquesta; otro, de la participación de Gillespie en una jam-session llevada acabo en Rendez-vous; y un tercero, el realizador de las grabaciones de Gillespie en Buenos Aires. Estos son Luis Marzoratti, presidente del Bop Club Argentino; Horacio Malvicino, guitarrista participante de la jam-session; y Dave Usher, ingeniero encargado de las grabaciones de la gira sudamericana de Gillespie. Los tres dan datos precisos y coinciden en sus relatos.

Marzoratti, presidente del Bop Club Argentino, fue el que recibió a Gillespie y sus músicos en el aeropuerto de Ezeiza, le estrechó la mano con un "Welcome to Buenos Aires", y ofició de maestro de ceremonias en todos los conciertos del Teatro Casino.

Malvicino, guitarrista de vanguardia, y en ese momento integrante del Octeto Piazzolla y posteriormente del Quinteto, era un miembro activo en la escena jazzística argentina, que se unió a la jam-session realizada con Gillespie.

Usher, productor de jazz unido a Gillespie por una gran amistad y con quien en 1951 formó Dee Gee Records, fue invitado por el músico para unirse a la gira. Gillespie había comprado una grabadora portátil Ampex 600 y quería que le grabara los conciertos. A Usher no le disgustó la idea y fue de la partida.

Y si bien los tres comentan el entorno que llevó a Gillespie a grabar tangos, sólo Usher recuerda que fue Fresedo quien le sugirió a Gillespie grabar juntos. ¿Cuándo ocurrió esto?

En un reportaje a Lalo Schifrin incluido en la edición norteamericana de los tangos, el músico menciona como al pasar -por lo que puede ser un desliz de la memoria- que se le brindó una recepción a Gillespie el domingo 29 en Rendez-vous. El Redez-vous, hoy en día desaparecido, era un super club nocturno, tanguero y de gran lujo, propiedad justamente de Fresedo en sociedad con Eduardo Armani, el director de la más importante orquesta del jazz argentino. Puede ser entonces que Fresedo estuviese presente y al conocerlo se ofreció para grabar juntos.

De no haber sido en esta oportunidad, pudo haber sido al día siguiente durante la jam-session nocturna que los dirigentes del Bop Club Argentino organizaron en el mismo Rendez-vous con Gillespie después del concierto del lunes 30 de julio. Según cuenta Malvicino, Fresedo estuvo presente en la jam-session, actuando previamente con su orquesta. Por lo que, lo más probable es que después de escuchar a ambos músicos, Usher captó la idea de Fresedo de grabar con Gillespie y pensó en volver con su equipo.

Lo concreto del hecho, con leyenda o sin ella, son los cuatro tangos que grabaron juntos un par de días después.

¿Por qué grabar juntos?

La aceptación por parte de ambos de grabar juntos en ningún momento debe de haber obedecido a un capricho de dos músicos célebres deseosos de entremezclar sus nombres en la etiqueta de un disco, un disco que podría hacer historia y además significar un dolor de cabeza para los coleccionistas, sino que había algo más profundo en todo esto. Datos aislados lo hacen suponer así.

En principio, ni Fresedo ni Gillespie eran ajenos a la música del otro.

Ya en agosto de 1920, Fresedo había viajado a los EE.UU. para formar la Orquesta Típica Select con otros músicos y grabar una serie de tangos para RCA. Durante su estadía escuchó jazz, posiblemente a Paul Whiteman que en esa década dominaba el panorama del jazz blanco, paseó por las calles de Harlem y de regreso a Buenos Aires, asimiló las partituras de Duke Ellington y George Gershwin. Como consecuencia de este contacto, experimentó en su orquesta con instrumentos de jazz, xilofón, batería y trompetas para grabar algunos fox-trots, two-steps y otros ritmos sincopados.

Como complemento, Fresedo compartía el escenario del Rendez-vous con su socio, Eduardo Armani, director de una orquesta de jazz tan cotizada en el jazz argentino como la suya en el mundo del tango.

A su vez, Gillespie, en la década de 1940, había sido el primer músico de jazz que había incorporado a su agrupación músicos de origen latino y percusión afro-cubana, le había dado cabida a instrumentistas de todas las tendencias y creado el movimiento jazzístico denominado bebop junto a Charlie Parker y Thelonious Monk.

Dados los hechos, es posible que Gillespie bien pudo haber pasado frente a Rendez-vous, al fin de cuentas estaba ubicada en la misma calle Maipú donde estaba su hotel y el Teatro Casino donde se presentaba, y reconociendo el inconfundible sonido de la orquesta de Fresedo, entró, esperó a que Fresedo terminara la tanda, charlaron mezclando idiomas, y concretaron los detalles de la grabación. Por lo que acordó volver con su trompeta, la Ampex y Usher para registrar unos tangos. El entusiasmo de Fresedo no debe de haber tenido límites ¿A cuántos músicos de tango se les ofrecía la oportunidad de unir tango y jazz grabando con uno de los trompetista más grandes del jazz? A él, sólo a él.

Fue así como una noche del invierno porteño de fines de Julio de 1956, un apretado grupo de desprevenidos porteños que tal vez concurrieron al Rendez-Vous sin mayores deseos que saborear un whisky, bailarse unos tanguitos o quizás en busca de un levante, fueron testigos de una cita insólita e irrepetible. Allí, como todas las noches, vieron a Fresedo -su pelo entrecano bien peinado, impecable en su traje negro, refinado en sus gestos- al frente de su orquesta considerada como el plus ultra de la elegancia, deleitando a la audiencia con sutilezas instrumentales que tres décadas largas antes otros músicos ensayaron, cuando él era, junto a Cobián y De Caro, un modernista del tango.

Nada extraño flotaba en el ambiente. Salvo una grabadora Ampex sobre una mesa, el resto del entorno seguía siendo el de siempre. Pero no por mucho tiempo, sólo hasta que hizo su entrada Dizzy Gillespie trompeta en mano y atuendo gaucho dispuesto a convertirse en el más inusual de los solistas con que pudo haber contado o soñado Fresedo.

Aquí vuelve a tomar cuerpo la leyenda del encuentro a estar por los relatos periodísticos argentinos escritos más de 40 años después rememorando el histórico acontecimiento musical. El día de la grabación -así dicen-, Gillespie pidió le dejaran un caballo en la puerta del hotel -con seguridad conseguido por el conserje en una caballeriza de Palermo- y saliendo de la habitación vestido con un típico atuendo gaucho, por supuesto que rentado en una sastrería teatral ya que ni Harrold's, ni Cervantes ni Rhoder's los vendían, lo montó con soltura de cowboy y cabalgó hasta el Rendez-vous ante la mirada incrédula de los noctámbulos porteños. Periodistas ocasionales dicen que era las 3 de la mañana.

El hecho real, de acuerdo a Usher, fue que la grabación se realizó al terminar la tarde. Fresedo le mostró a Gillespie los arreglos que le había preparado su arreglador Roberto Pancera, Gillespie, previa ingestión de un vaso de leche fresca, los vertió mentalmente para su trompeta y sin ensayos, ni tan siguiera con un "take 5", sacó los cuatro tangos de un golpe, limpios y brillantes, con cierta improvisación y un admirable sentido melódico.

Estos eventos, rememorados con estas o diferentes palabras, en poco difieren a lo que narra Gillespie en su autobiografía "To Be, or not... to Bop" (1979), y lo recordado por Usher durante un reportaje para Tango Reporter.

"En Buenos Aires -dice Guillespie- me habían preparado un golpe publicitario para la prensa vistiéndome de gaucho y hacerme ir montado a caballo por las calles de la ciudad. Habían acordonado una cuadra de la calle Florida, cercana al club Le Rendezvous (sic) administrado por Oscoaldo Frisedo (sic). El es un viejo músico de tango, e ibamos a tocar juntos. Nosotros grabamos ‘Capriche del Amer' (sic). Nunca se editó en los EE.UU., pero grabé este disco de tango acompañado por la orquesta que tocaba en La Rendezvous (sic) mientras estábamos en Buenos Aires. Fue un buen disco, y luego grabé un tema titulado ‘Tangorine' que marcó mi total experiencia con el tango".

"Cuando me dieron la ropa de gaucho y el caballo -continúa Gillespie en su libro-, y cabalgué por la calle, ya me habían enseñado un par de frases como: ‘A quin leganaste! Tomatala, swa ranbute!...' (Sic). ‘A quin leganaste!' es una expresión que usan allí, una expresión idiomática que no tiene traducción. Es sólo un giro del slang, como ‘So what...'. (...) En la calle había una mujer a la que le llamó la atención verme cabalgando vestido de gaucho. Mientras todos me aplaudían esta mujer me abucheaba murmurando ‘Hum, hum, rahn, rahn...'".

"Entonces le dije: ‘A quin leganaste!'. Y ella largó una carcajada".

"Capriche del Amer", como lo nombra Gillespie, fue en realidad Capricho de amor de Roberto Pérez Prechi. Nada dice en su libro que también grabaron, además del nombrado, el clásico de Fresedo Vida mía, Adiós muchachos de Julio César Sanders, y Preludio Nro. 3 de Roberto Pansera. Los cuatro temas, editados en ese momento en discos Orion de 78 rpm, de los cuales se hicieron mil placas, pasaron al olvido después que se agotaron en pocas horas. Nunca más se supo de ellas, ni tan siquiera fueron incluidas en la discografía de Gillespie.

El golpe publicitario montado para la prensa del que habla Gillespie no dio resultado. Ningún periódico de los mayores se hizo eco del hecho, es más, ignoraron la presencia de Gillespie y su orquesta en Buenos Aires.

Más explícita y colorida es la narración de Usher durante el reportaje. "El caballo lo rentamos en una caballeriza cerca del aeropuerto y el traje de gaucho en la sastrería del Teatro Colón. Cuando Dizzy estuvo dispuesto para ir a grabar, esto era a media tarde, montó y se encaminó hacia Rendez-vous, tal cual lo teníamos preparado para la prensa. Pero en un descuido, Dizzy le clavó las espuelas al animal que salió casi en estampida por la calle Florida, ante el asombro de los peatones que a esa hora circulaban por ahí".

El rescate de las grabaciones

Este singular encuentro de dos grandes -uno del tango y otro del jazz- había inexplicablemente pasado al olvido, hasta la edición en forma independiente y por distintas etiquetas de un CD en la Argentina y otro en los EE.UU.. Extraño hecho que no tendría que haber sido olvidado por tan largo tiempo.

Fue recién en 1999 cuando los coleccionistas de jazz en los EE.UU. pudieron tomar contacto con las grabaciones de la gira sudamericana de Gillespie al Consolidated Artists Productions (CAP) sacarlas al mercado en dos volúmenes con el titulo de "Dizzy Gilespie in South America: Official U.S. State Department Tour, 1956". Luego, en 2006, apareció un tercer volumen con el agregado en el título de "Tangos, Sambas, Interviews, And More Big Band Be-bop", conteniendo los cuatro tangos además de temas de jazz, Gillespie tocando con una banda de samba en Brasil, y entrevistas a Quincy Jones, Phil Woods y otros músicos.

En la Argentina se pudo revalorar este olvidado acontecimiento al ser reeditadados los cuatro tangos en el CD "Rendez-vous Porteño". Esta reedición, según el coleccionista Oscar Del Priore, fue sacada de discos de 78 rpm y cintas viejas de su archivo. Registradas simultáneamente, con la autorización de Gillespie y Usher, con un equipo no profesional, su deterioro es sensible. Este CD, además de los cuatro tangos con Gillespie, incluye, en vez de temas de la gira, antiguas grabaciones de Fresedo realizadas entre las décadas de 1930 y 1960: Sobre el pucho, Fuimos, Carillón de la Merced, El 11, El Espiante, y otros.

Así concluye un olvido de décadas que aclara en parte la leyenda del encuentro de dos grandes: uno del tango y otro del jazz, en una colaboración única. Nunca se había dado en el mundo del tango o del jazz, un encuentro casi mágico de dos sensibilidades musicales tan diferentes, de dos personalidades contrastantes: la sobriedad del bandoneonista contra la exuberancia del trompetista.

Algunos datos biograficos

El trompetista de jazz y compositor John Birks Gillespie nació el 21 de Octubre de 1917 en Cheraw, Carolina del Sur (EE.UU.), y falleció en New Jersey el 6 de Enero de 1993, a los 76 años.

En 1937 se trasladó a New York y trabajó hasta 1944 en renombradas orquestas de swing, entre ellas las de Benny Carter, Duke Ellington y Charlie Barnet. En 1946 armó su propia orquesta y junto al saxofonista Charlie Parker, creó el bebop, con armonías disonantes y polirrítmias afro-cubanas, siendo el primer músico de jazz en emplear ritmos latinos.

Reconocido por la forma inusual de su trompeta, con la campana inclinada hacia arriba, ésta le permitió mejorar la calidad de su sonido.

En 1990, recibió el premio del Kennedy Center.

Entre sus composiciones se destacan: Con alma, Salt Peanuts, A Night in Tunisia, y la ya mencionada Manteca.

Gillespie regresó a Buenos Aires en 1961 para presentarse en el Teatro Coliseo con un quinteto del que formaba parte el pianista Lalo Schifrin, a quien había conocido en su anterior visita. Diez años más tarde, en 1971, volvió para actuar en el Cine Gran Rex. Allí, desplegando su clásico humor, presentó a sus dos músicos blancos, el pianista Mike Longo y el guitarrista Al Gaffa, como venidos del Congo, y a los dos negros, el baterista Mickey Rocker y el contrabajista Alex Blake, como llegados de Irlanda y Suecia. De sí mismo dijo: "Y yo soy Dizzy Gillespie, venido de Mar del Plata. ¡Gaucho, gaucho!".

En 1979 regresó a Buenos Aires por última vez, presentándose en un desordenado concierto en el estadio de Obras Sanitarias, al que se había anunciado que también concurriría Astor Piazzolla.

Su siguiente visita, planeada para Marzo de 1992, lamentablemente no se concretó porque una enfermedad se lo impidió.

El bandoneonista y compositor Osvaldo Fresedo nació en Buenos Aires el 5 de mayo de 1897 en el seno de una familia acomodada. Mudada al barrio de La Paternal, se inició en el bandoneón y a los 16 años de edad integró un terceto juvenil que le valió el apodo de "El pibe de La Paternal". En 1917 grabó por primera vez.

Posteriormente formó un trío con el pianista Juan Carlos Cobián, encuentro decisivo para la evolución orquestal del tango en la década de 1920.

En 1921, viajó a los EE.UU. junto a Enrique Delfino y Tito Roccatagliata, contratado por RCA Víctor, donde integró junto a otros músicos la Orquesta Típica Select, con la que grabó medio centenar de temas.

En 1925, al pasar al sello Odeón, acompañó a Carlos Gardel en dos registros. Por esa época su orquesta se convirtió en la preferida de la aristocracia argentina.

Como compositor, su tango más célebre es Vida mía, pero además es autor de Pimienta, Arrabalero, El once, Aromas, y Ronda de ases, entre otros.

La suya fue la carrera más larga del tango, con más de 1.250 grabaciones en un lapso de 63 años.

Osvaldo Fresedo falleció el 18 de noviembre de 1984*

Bibliografía

- Gillespie, Dizzy, Al Fraser. To Be, or not... to Bop. Doubleday & Co., Garden City, New York, 1979.

- Jones, Quincy. The Autobiography of Quincy Jones. Doubleday, New York 2001

- Jazz Magazine. Buenos Aires, Nro 60, Junio, Julio, Agosto 1956 dedicado a la visita de Dizzy Gillespie a la Argentina.

Entrevistas: - Oscar Del Priore, Horacio Malvicino, Luis R. Marzoratti, Dave Usher, Phil Woods.

Referencias - Clarín, Argentina - Down Beat, EE.UU. - Jazz Magazine, Argentina - La Nación, Argentina - Tango Reporter, EE.UU.

Agradecimentos: Carlos Hugo Burgstaller, Tino Diez, Ricardo Ostuni, y Jose Maria Otero y David Usher por habernos facilitados material periodístico y fitográfico.

Si desea opinar sobre este articulo, envie un email- - - - - - - ©Tango Reporter 2012

Volver a TANGO Reporter. - - - - - -Subscribirse a TANGO Reporter.

Subscripciones / Indice / Números especiales /Tarifa de avisos / Notas de tapa / Tango Links/ TANGO Reporter Blog
Copyright © 1996-2012 Tango Reporter