TANGO Reporter - Nota de Tapa - Marzo / Abril 2018

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Ricardo Güiraldes, Un tango aristocrático
Por Carlos G. Groppa
Dado que las personas de clase alta siempre arbitraron lo que se podría poner de moda y lo que no, la alta sociedad parisina fue el vehículo ideal para que el tango siguiera adelante.
Y nadie mejor para penetrar su círculo y exhibir el tango para su aprobación que sus iguales: los ricos y aristocráticos argentinos de clase alta que vivían en París, todos habitués de los mejores lugares de baile y amigos de los músicos y bailarines de tango.
O sea que antes que los primeros músicos y bailarines de tango arribaran a París desde Buenos Aires, fueron otros argentinos los que llegaron. En su mayoría gente de fortuna, hijos de acaudalados terratenientes, gente educada que sabía como mezclarse con la alta sociedad francesa, personas a las que les gustaba bailar y sentir el tango como parte de sus raíces argentinas. Y si bien existen muchas teorías sobre quienes pudieron ser estos argentinos, ninguna de ellas habla de un responsable directo.
¿Quiénes fueron estas personas? Muchos nombres se barajan, pero por seguro que entre los principales, sino entre los primeros, sin duda alguna, el más influyente para difundir el tango en el gusto de la deslumbrante sociedad parisina podría estar el escritor y poeta argentino Ricardo Güiraldes. Güiraldes tenía todo lo necesario para triunfar: un aire varonil y afable, joven, universitario y sofisticado. Proveniente de una familia argentina tradicional, distinguida, afluente y cosmopolita, estaba al mismo nivel que la clase alta francesa. Como un punto más a su favor estaba el ser un excelente bailarín de tango y hábil guitarrista.
Desde su juventud fue atraído por el tango. Convertido en diestro bailarín, es mencionado entre aquellos que desde principios de la década de 1910, recién llegados a París, lo bailaban en cada pista de baile que encontraran. Aunque fue el mejor promotor, no estaba solo. Junto con él arribaron sus amigos más cercanos, Roberto Levelier, Alberto López Buchardo, Hermenegildo Anglada Camarassa y Vicente Madero, todos jóvenes aficionados al tango, cultos, afluentes y procedentes de las clases altas de Buenos Aires.
Güiraldes, considerado uno de los escritores argentinos más importantes de su época, había nacido en Buenos Aires el 13 de febrero de 1886, dentro de una familia acaudalada y cosmopolita de la antigua aristocracia terrateniente.
Su infancia y juventud se dividieron entre la estancia familiar en San Antonio de Areco, la ciudad de Buenos Aires y varios países de Europa. Así fue como experimentó por igual la realidad de su país, la vida mundana de su ciudad y el cosmopolitismo en sus viajes, elementos que luego se reflejarían en sus trabajos, particularmente en "Raucho" y su obra maestra, "Don Segundo Sombra", escrita en 1926 y ambientada entre la ciudad y el campo.
Sin ser un alumno brillante, estudió arquitectura y derecho, carreras que no terminó. Perfilándose en cierto modo, como el arquetipo del playboy porteño de esa época, fue uno de los muchos jóvenes ricos fascinados por la vibrante vida nocturna de los cafés, bares y burdeles, lugares casi prohibidos del distrito portuario de La Boca donde nació el tango.
En 1910, con 24 años encima, se embarcó hacia Europa, empacando con él la guitarra que le regaló su madre. Después de viajar por casi todo el Viejo Continente, el Lejano Oriente, el norte de África y Rusia, en 1911 se instaló en París decidido a ser escritor. Pero al sumergirse con sus amigos más cercanos en la vida nocturna de la capital francesa, prácticamente abandonó sus ambiciones literarias. Como antes le había sucedido en Buenos Aires, el torbellino social parisino lo arrastró desde las salas de conciertos y los restaurantes de lujo hasta los cafés y burdeles de baja categoría.
Reputado bailarín de tango —así lo tenía conceptuado la escritora Victoria Ocampo—, Güiraldes había aprendido a bailarlo, al igual que la mayoría de los jóvenes acomodados en su país, en burdeles y conventillos habitados por inmigrantes de clase baja. Pero a diferencia de esta gente poco afortunada, él y sus amigos podían permitirse el lujo de viajar y pasar largas temporadas en Europa. Así, estos jóvenes de élite, ricos y educados que podían moverse libremente entre las clases altas, sin proponérselo comenzaron a difundir el tango como parte de su bagaje cultural en los mejores lugares parisinos durante sus largas giras por el mundo.
"Los bulevares, el café de París, Fischer, l'Abbaye, todo está en su mano —así describe Güiraldes el entorno—. El tango lo ha hecho familiar en el mundo híbrido de los cafés nocturnos, y cruza saludos, apretones de manos o tuteos con amigos de ayer."
En ese ambiente, Güiraldes se convirtió en el más bullicioso de los playboys. Fiestas privadas, tango y mujeres hicieron que París secular sucumbiera a su atractivo. Cuentan las crónica sociales, aunque sin nombrarlo —para el cronista sólo era un argentino adinerado—, que una noche de 1911, habiendo concurrido con sus amigos a una reunión celebrada en el aristocrático salón de la Condesa Reszke, esposa del famoso tenor polaco Jean de Reszke, al que también estaban invitados los músicos Reynald Hanh y André Messager, compositor de operetas y conductor francés, así como nobles rusos y aristócratas alemanes, la anfitriona pidió a sus invitados que cantaran o bailaran algo que representara mejor a sus respectivos países. Los amigos argentinos de Güiraldes, por supuesto cantaron y tocaron tangos al piano.
Envuelta en el humo de los recién introducidos Gauloises, el burbujeante champagne y los lánguidos tangos, Yvette Gueté, una atractiva rubia habitué a las reuniones sociales bulliciosas, descripta por Güiraldes en su novela como "delgada, de ojos claros, con cuerpo grácil, de andar descaderado e incierto, como si se enredara en el raso blanco de su vestido que le ceñía los pasos. Era joven...", capturó de inmediato su atención, quien, con paso firmo, como sabiendo lo que estaba haciendo, se acercó a ella, la abrazó por la cintura, y ante los atónitos invitados la apretó contra su cuerpo que "...se agregaba a su cuerpo con docilidad. Temeroso al principio, hizo pasos sencillos, tomó coraje, visto la pericia de su compañera, y bailó sin reparos, dejándose andar al dictado del ritmo". Ella lo seguía plegada a su voluntad, previendo los cortes, el raso resbalaba sutil; Raucho manejaba la cintura abandonada y un vértigo blando saboreaba en él, intensamente, la comprensión de sus dos cuerpos.
Las crónicas sociales no lo dicen pero por seguro que le debe de haber susurrado al oído un "¿bailamos?" y sin darle tiempo a respuesta alguna, arrastrándola hacia el centro del salón, comenzó a bailar un tango —una leyenda tanguera dice que fue El Entrerriano, otra que fue Rodríguez Peña, que era el tango que uno de sus amigos estaba tocando. Yvette, sintiéndose guiada en brazos de un bailarín magistral, se dejó llevar instintivamente, a pesar de que música y baile eran desconocidos para ella.
"¡Oh!, yo adoro el tango", susurró ella en la novela.
¿Fue éste el primer tango bailado en la alta sociedad parisina? Posiblemente . . . Mientras no aparezca otra versión creíble, esta es válida y corroborada por Victoria Ocampo cuando afirma "Ricardo lanzó el tango en Paris con mucho éxito". De todos modos, si Güiraldes fue o no el primero en destapar la locura del tango en la alta sociedad parisina, al menos fue, sin duda alguna, uno de los que más contribuyeron.
"El tango hizo el resto —prosiguió narrando Güiraldes en su novela—. Él la plegaba a su voluptuosidad lenta, poseyéndola sumisa en la obediencia de los pasos. Ella seguía, guiada por el brazo fuerte, el compás exótico y lánguido, ritmo de una raza extrañamente pausada y voluntariosa. Y le dijo, abandonando hacia atrás su nuca consintiente: "-El tango eres tú".
Cortando esa vida fácil, y decidido a ser escritor, Güiraldes regresó a Buenos Aires en 1912. En 1917, las experiencias de sus dos años vividas en París se reflejaron en su primera novela, "Raucho", que algunos han visto como autobiográfica. Ubicada la acción en París justo antes de la Primera Guerra Mundial, el protagonista gusta bailar el tango. En el capítulo donde se describe una velada en el restaurante Maxim's, "los tziganes atacaron, a expresión libre, un tango desrimado..." sentenció el escritor.
¿Podrían ser estos párrafo de su novela reminiscencias del tango bailado con Yvette Gueté y su vida en Paris? Tal vez . . ..
Ricardo Güiraldes falleció en París el 8 de octubre de 1927 a la edad de 41 años





















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