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Tapa Nro 104
No hay más tangos
Por Carlos Hugo Burgstaller

El tango de ahora... ¿ya no es como el de antes?

Las nuevas propuestas tangueras, tanto en las letras y en la música no alcanzan la popularidad de otros tiempos. Algo parece indicar que los logros alcanzados no se volverán a repetir. ¿Por qué?

Voy por la calle y silbo o canto un tango casi como un acto inconciente, casi sin darme cuenta. Y en ese andar despreocupado entono Mano a mano, o Yira, yira, o Tres amigos, o Balada para un loco, o Garúa, o Los cosos de al lao. Y de pronto me detengo como si hubiera chocado con una pared que no vi o que surgió de golpe en mi camino y, sorprendido, me pregunto: ¿Por qué no canto, o silbo, o tarareo, un tango del dúo Betinotti-Fernández, o de María José Demare, o de Raúl Carnota o de Claudia Levy o de Alberto Muñoz. Y me doy cuenta que no tengo respuestas. No lo sé. Entonces busco un bar, me siento, pido un café y vuelvo a preguntarme: ¿Por qué? Y sigo sin saberlo.

Analizo: tengo 46 años, me crié con el rock y sigo siendo consumidor de esa música. Pero rondando los 40 descubrí, o me llegó o lo sentí o, quizás, necesite el tango. Ahora, todos los grandes clásicos tangueros desde el Choclo hasta Balada para un loco, si usted quiere, no son de mi época, o mejor dicho no representan o reflejan momentos que yo halla vivido. Pertenecen a otros tiempos y a otros escenarios. Nunca vi actuar al Polaco Goyeneche, ni a Mariano Mores, ni a Alberto Castillo y bien podría haberlos vistos pero no era mi tiempo. Y entonces por que tiembla mi alma cuando escucho Melodía de arrabal por Carlos Gardel si cuando lo grabó faltaban más de 30 años para que yo naciera. Porque cuando escucho a Troilo con Grela experimento una categoría del placer que muy pocas veces se alcanza siendo que a "Pichuco" nunca lo vi ni siquiera en televisión. Y otra vez no lo sé.

Sera, me pregunto entre el último sorbo de café y la primera pitada al cigarrillo, que de Piazzolla, Blázquez y Castaña para acá no pasó nada, se acabaron los grandes artistas. Y ojo que no soy de aquellos que le echan la culpa a la invasión de otras culturas, ni a la falta de difusión, ni al reemplazo por otras músicas, ni al estruendo del rock and roll. No! ¿Entonces?

Busco un ejemplo y el primero que me visita, no podía ser de otra manera, estoy en un bar, es Café la humedad, que por supuesto no tiene la altura de Cafetín de Buenos Aires pero no podemos negar que tiene tanto de tango como el tema de Discépolo y que se metió en la gente, que es popular y hasta el más ignorante en tango sabe de la existencia de aquel café de Nazca y Boyacá. Y entonces un atisbo de respuesta comienza a formarse en mi mente: Todos coincidimos en que el tango tiene una premisa fundamental: todo tiempo pasado fue mejor. Y de ahí deduzco una primera conclusión: El tango no tiene que ser coyuntural, sus letras no tienen la obligación de describir la actualidad, aunque creo que se debe hacer la excepción de Discépolo, y no tiene que cantarle a una Buenos Aires 2004.

Quiero decir, ¿es obligación del tango cantarle a lo nuevo, a lo que cambia? ¿Tiene que buscar, forzosamente, nuevos temas y nuevos escenarios? Pues no estoy seguro. El tango siempre cantó al amor que se fue, a la ciudad que está lejos, al barrio que ya no es el mismo, a los personajes que desaparecieron y a la juventud que se perdió entre otros temas. Así lo hizo en el 20', 30',40',50' y algo del 60'. Esto como regla general, por supuesto. Entonces ¿Por qué no seguir con ese criterio? Pero no como un simple ejercicio de la nostalgia, sino como un balance, con una mirada reflexiva, porque a veces solemos encontrar en el ayer mejores cosas que en el hoy y aunque sea un engaño siempre es mejor el verso aquel que no podemos recordar.

La descripción de estos tiempos ya está en manos de mucha gente (periodistas, locutores, estilos musicales, opinólogos) entonces me pregunto si los tangueros deben unirse a esa legión. Tengo la sensación que el tango, en épocas vertiginosas como estas, debería tener otra actitud, proponerse escarbar en un pasado, apenas lejano y darle un nuevo enfoque; si usted prefiere algo así como un revisionista. Entonces encarar los mismos temas (porque los temas son siempre los mismos) desde nuestro tiempo. Ej: Por qué no puede alguien que ande entre los 40 ó 50 años recordar sus amores de adolescente, por qué no en el 2004 cantarle a los amigos de la década del 60' ó 70'. También en esos años había minas, niños bien, injusticias, desengaños y los barrios y la ciudad eran otros, y algunos bares cerraron y algunas calles sucumbieron al ímpetu de las autopistas y las peleas a cuchillo dieron lugar a otras, quizás, más espectaculares, pero no menos violentas.

¿Por qué no buscar el recuerdo de una calle desde la ventana de un colegio sin necesidad de que el barrio sea Pompeya y el año ande por la década del 20'?

Y si todos coincidimos en que al tango se llega luego de haber recorrido una parte del camino de la vida estaríamos incorporando a muchos que aún no encontraron en el tango algo con que identificarse. No digo con todo esto que no sean válidas los nuevos tangos que hablan de travestis, cacerolazos y cartoneros. Está bien. Pero quizás esa no sea la forma del tango de describir realidades.

Hay un tango de Haidé Diaban que propone en su letra Un tango nuevo (con música de Pascual Mamone): "Te puedo hacer un tango como los de antes, / Pero escuchame, pibe, no corre más. / La naifa ya no existe s'ejecutiva / Y al tipo no lo chapa ni de mamao. / El bulo está pasado: es apartamento / Y aquello del cotorro, también murió. / El tango hoy se baila corte y quebrada, / Pero no se usa el cuore sino los pies.

Y puede ser que sea cierto, aunque no estoy seguro que no existan más las naifas, ni el bulo, ni el cotorro. Creo que siguen existiendo, solo que con otros nombres, con otras pilchas. Buenos Aires sigue viva, cambió su aspecto, quizás hasta su gente cree que cambió (yo no creo que haya cambiado simplemente creo que se olvidó de algunas cosas), y si no hay más zaguanes ni malvones hay otros rincones para el amor y otras flores a las que cantar. Y si no hay conventillos no es porque no queden pobres, no es porque hemos mejorado y hay menos injusticia. Es, simplemente, porque hay casas tomadas y hoteles que ocultan el hacinamiento y la miseria. Es decir los temas y los personajes son los mismos quizás solo las circunstancias sean distintas. Sin embargo cantarle a esos nuevos escenarios no está dando resultado, al menos el esperado por los que amamos el tango y lo reconocemos como un gran arte. Suelen, sí, tener éxito en ciertos circuitos, fundamentalmente de Buenos Aires, pero no calan en el gusto de un pueblo.

Hay, por otro lado, tangos que no tienen época y que bien pudieron haber sido escritos hace 48 horas. Ej.: Desencuentro donde no hay minas que se fueron sino "el amor que te devoró de atrás"; no hay malevos en su ocaso, bulines abandonados ni guitarras en el ropero. Hay, como en cualquier época, desesperación, angustia, fracaso y el deseo, casi siempre impracticable, de suicidarse. Con esa misma, eterna, temática puede escribirse un tango hoy pero, aún, no apareció el letrista, ni tampoco el músico que tenga el don de convertir eso en tango. Y ahí está el problema: Que no se enoje nadie pero nos hemos olvidado como escribir un tango. Y con esto no estoy diciendo que en la actualidad no existan buenos poetas o letristas pero me animo a decir que no han comprendido o descubierto la esencia del tango. Lógicamente existe la evolución, el desarrollo, las búsquedas (no es lo mismo una letra de Villoldo, que una de Discépolo, o de Cátulo Castillo u Homero Expósito) pero me parece que en un momento ese camino se terminó y hago una comparación: Borges siempre fue considerado un escritor del siglo XIX, y aunque su sombra sigue gravitando en todos los escritores que vinieron después no se puede escribir como él, no porque no se pueda, sino que es necesario avanzar. Dudo mucho que alguien que escriba como Victor Hugo o Herman Melville en la actualidad sea considerado un gran escritor. La literatura siguió buscando caminos y en él encontró muchos grandes autores. Por qué el tango no puede seguir el mismo camino. Bien puede decirse que son disciplinas distintas y lo que vale para una no vale para la otra. Y si fuera así caeríamos en la idea que una vez volqué en las páginas de esta misma revista (N°78 - Nov. 2002: El tango,¿una eterna recreación?): El tango, a partir de cierto momento, no es más que una eterna recreación de los grandes clásicos en la voz de nuevos intérpretes de los cuales muy pocos alcanzan popularidad y reconocimiento en la gente.

Puede pasar otra cosa también, como sucede con otras artes (la pintura por ejemplo) que llega un momento en que se aleja del gran público, se convierte en arte para artistas; queda reducido a un grupo de iniciados y esta es otra cosa que le está sucediendo al tango. ¿Para qué público es el tango-tecno o el tango de cámara? ¿A cuantos tangueros llega Pablo Ziegler o Adrián Iaies? Hernán Oliva y Mito García tienen un disco de tango exquisito, pero ¿cuántos tangueros lo compraron? Son solo un par de ejemplos entre muchísimos.

En la ciudad de Salta, (provincia del norte argentino) donde vivo hay un muy buen cuarteto de cámara que interpreta tangos. Me pregunto cuantos tangueros irían a ver un concierto de este grupo. Creo que muy pocos. Ni hablar de un recital de tango-tecno. Es cierto que estas modalidades tienen sus públicos. Ahora si estas nuevas formas son solo un puente entre una época que todavía no fue olvidada y otra que está a punto de nacer me parece bien, de lo contrario, como dice un amigo "estamos fritos", entonces seguiremos con la eterna recreación.

Si nos tomamos el trabajo de hacer un catálogo de todo lo que se editó en tango solo en este año 2004 veremos que hay una producción enorme. La cantidad de intérpretes, (mucho más son las mujeres que los hombres), músicos, cuartetos, quintetos, orquestas, solistas que graban, dan conciertos, hacen giras, es enorme. Así y todo cualquier éxito que puedan obtener siempre está basado en Gallo ciego, Las cuarenta, Como dos extraños, Cafetín de Buenos Aires, Caminito y así. Le propongo que recorra el repertorio de la Orquesta El Arranque o la Fernández Fierro y solo verá un catálogo de clásicos del género. Esto sin invalidar la calidad enorme que tienen estas dos orquestas.

Yo he hecho la siguiente experiencia entre todos los difusores de tango que conozco en mi ciudad: A cada uno le pregunté sobre Ramiro Gallo Quinteto, Nicolás Ledesma Cuarteto, Carlos Moscardini, Vale Tango, Carlos Corrales Trío, Gerardo Gandini, Hernán Valencia Orquesta, entre otros, y eran nombres desconocidos. Lo mismo hice con los tradicionales consumidores de tango y la respuesta fue la misma: ¿Quiénes son? Y voy a insistir con esto: No es porque no hay difusión. Tengo la sensación que en los últimos treinta años no hubo tanta difusión de tango como en estos años. Hay una canal de cable que trasmite tango las 24 horas (Solo Tango), la mayoría de las radios tienen un programa de tango, la cantidad de milongas que hay en cada ciudad de la Argentina es enorme, ni hablar en Buenos Aires. Son cada día más las academias donde se puede aprender a bailar tango y cada vez más la gente que concurre para aprenderlo. Hay publicaciones de tango, libros, exposiciones. Libros sobre Manzi, Discépolo, Tita Merello, Astor Piazzolla, por nombrar algunos, siempre aparecen en las librerías. Hay festivales internacionales de tango, concursos internacionales de baile de tango, espectáculos, jornadas, publicidades que utilizan los íconos tangueros, ¿qué más podemos pedir? Hay tango por todos lados. Ni hablar de los grupos de rock que incorporan tangos a sus repertorio. Entonces ¿qué sucede, por qué nadie anda por la calle cantando Milonga del raje de Chico Novarro o Compás de espera de Raúl Carnota...? No lo sé, pero que no ocurra me subleva.

Y le voy a decir lo que falta. Falta más barrio que ciudad, más bizcochitos de grasa que galletitas diet, falta más café en mesas gastadas que comidas rápidas. Hace falta más sentimiento trágico de la vida que falsa alegría. Hace falta más actores y cantores nacionales que vedettes y profesionales del divertimento fácil. Hace falta más compromiso que vida light. Hace falta más adoquín que pavimento. Hace falta más lunfardo que malas palabras, hace falta más papel y lápiz que e-mail. Y casi enojado le digo: hace falta más tango. Y ojo, y la aclaración es forzosa, no estoy en contra del progreso, no hay época mejor que esta, ni tampoco estoy en contra de lo de afuera, al contrario, lo disfruto y lo admiro. Solo que nos hemos olvidado de algo.

Letristas, compositores, busquen en el fondo de su alma, en el escondite de su niñez, en la mirada perdida de aquella compañerita de la primaria y saldrá un tango para todos. Escarben en el ejercicio de la poesía, en la práctica de la docencia, muéstrenle al público que se puede seguir llenando de tango nuestras vidas. El resto viene solo.

Llamo al mozo, le pago los cafés, le dedico una sonrisa y el me la devuelve. Creo que sin decirle nada, me entendió. Encaro la calle y me voy cantando aquello de "Mi barrio fue mi gente que no está, las cosas que ya nunca volverán." Por que el tango es lo que no está, y es su tarea rescatarlo .

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