TANGO Reporter - Nota de Tapa - Agosto 2010, Nro 171
Tapa 167

Adquiera la colección completa de TANGO Reporter. Una verdadera enciclopedia del Tango.

Biografías, entrevistas, anécdotas, letras de tango. comentarios de discos, y mucho más, escritos por las mejores plumas del tango actual.

Quedan muy pocas colecciones. Adquiérala antes que se agote

Para más información haga click aqui.

Tango Reporter, 8033 Sunset Blvd., #704, Los Angeles, CA 90046, USA
Para más información, envie un e-mail

No se pierda otras Notas de Tapa sobre Robert Duvall, Jose Luis Borges, Julio Cortazar, Astor Piazzolla, Rodolfo Valentino, Carlos Gardel y otras personaliades tanto argentinas como internacionales ligadas al Tango.
Tapa libro

Ya apareció!!! The TANGO in the United States (en inglés) por Carlos G. Groppa. La historia del Tango en los EE.UU. desde sus antecedentes en Argentina, Paris y Londres hasta la actualidad. Cubriendo bailarines, músicos y cantantes, hay capítulos dedicados a Fresedo, Cobián, Canaro, Gardel, Piazzolla y otras grandes figuras del tango argentino que actuaron durante largas temporadas en los EE.UU. Solicitelo en librerias o en amazon.com,

Tapa 171TANGO Reporter
Paquita Bernardo, La primera mujer bandoneonista
Por Diego A. Del Pino

Francisca Cruz Bernardo -Paquita para familiares y amigos- asistió a la vieja escuela de la calle Padilla, que estaba frente al enorme edificio de la curtiembre La Nacional, donde trabajaban centenares de vecinos del lugar. A esa escuela, de las llamadas "del Consejo Nacional de Educación", concurrían niñas hasta el sexto grado y varones sólo hasta el tercero.

La casa de sus padres estaba a una decena de cuadras de la escuela, en el barrio conocido como Villa Malcolm, en la calle Gorriti, casi Canning, que hacía unos años era llamada Calle Larga del Ministro Inglés. Su madre, española del sur, María Giménez; su padre, andaluz de Almería, José María Bernardo, había nacido en 1860 y, ya en Buenos Aires por 1887, se había dedicado a comercializar aceite. Pronto comenzaron a nacer los hijos: Enrique en 1889, Mercedes en 1890, Josefina en 1891, Arturo en 1895, Paquita en 1900, Luis en 1903, y la última, María, en 1911.

Los hermanos varones pronto comenzaron a trabajar para ayudar al mantenimiento de la familia. Unos se ocuparon en fábricas o comercios del barrio, otros fueron, temporariamente, vendedores ambulantes de muebles de mimbre, plantas y macetas.

Paquita, faltando poco para concluir sus estudios primarios, cambió de escuela y cursó el sexto grado en otra que estaba en Corrientes, casi Pringles.

Y llegó el año 1911. La niña no podría seguir otros estudios por falta de recursos económicos y debía ayudar a sus padres, por lo que -según testimonio del vecino Atilio Pera- trabajó un tiempo en la fábrica de medias Smut que estaba en Vera entre Acevedo y Malabia.

El embrujo de la música

Desde muy pequeña, Paquita se sintió atraída por la música, y aunque en esos años era difícil para las familias humildes acceder al arte, pudo concurrir a un conservatorio particular dirigido por una vecina, Catalina Torres, en la calle Triunvirato. Allí compartió las clases con un muchacho de 14 años que más tarde se destacaría en el mundo tanguero: José Servidio, autor, entre otros tangos, de El bulín de la calle Ayacucho. La influencia de Servidio fue motivador de la decisión de Paquita de tocar el bandoneón.

El bandoneón

En esos días Paquita comenz6 a practicar, a escondidas, siguiendo el método que en 1915 creara el maestro Arturo Berto, que frecuentaba el barrio y que ya había integrado una orquesta de tango en el Centro Coral y Musical Defensores de Villa Crespo. Pero faltaba lo principal, informar a sus padres de su determinación de estudiar un instrumento inusitado para una mujer: el bandoneón. En su época, una joven de buena familia, si deseaba estudiar música, tenía que optar entre la guitarra, que tenía tono popular campesino, o el piano, de mayor prestigio. Para un padre inmigrante, que una hija llegara a tocar el piano, indicaba que la familia había logrado relevancia económica y hasta social.

Pero para Paquita, música sólo significaba bandoneón. Y cierto día, apoyada por sus hermanos, hizo conocer a sus padres la decisión. Don José se negó firmemente: su niña no tocaría jamás ese instrumento que correspondía a hombres y tan relacionado con el tango, música que hasta hacía poco era considerada con recelo. Y además, obligaba a estar abriendo y cerrando las piernas, algo impropio para una joven de buena familia.

Esa negativa se robustecía cada vez que llegaban visitantes. Un domingo por la tarde se acercaron varios amigos de don José y pronto se comentó la idea de Paquita. Allí estaban Fernando Dubini, dueño de una herrería no lejos del barrio, y Alejandro Pérez, ambos testigos del nacimiento de Paquita el lro de mayo de 1900, pero que por ser feriado, se anotó en el Registro Civil el día 3, según decía su hermano Arturo. También estaba el andaluz don Nicolás, dueño de una peluquería de Villa Crespo, en Serrano al 300, a la que acudía el notable vecino Leopoldo Marechal. Era la popular Peluquería del Andaluz. Al enterarse de la pretensión de la hija de su buen amigo no pudo evitar decirle: "Niña, eso está muy feo... ¡Pero que muy feo!...". Y otro amigo comentó: "Además, tendrías que tocar por las noches y llevar pantalones...".

Pero la decisión estaba ya tomada y finalmente, don José dio, a regañadientes, el necesario permiso.

Juventud: estudio y trabajo

En la casa de los Bernardo las hijas también ayudaban en las tareas domésticas. La periodista Mónica Tracey informaba sobre una curiosa costumbre de esa familia. Cuando una de las hijas se casaba pasaba su delantal, símbolo de las tareas hogareñas, a la hermana siguiente. Cuando Josefina debió cumplir con ese rito, al hacerle entrega a Paquita, ésta dijo: "A mí no deben darme el delantal porque yo soy una artista".

Paquita continuaba recibiendo lecciones del maestro Garci y de otro bandoneonista cuyo apellido no ha trascendido, de sobrenombre de Chumbita.

Entre 1917 y 1919 la joven, apreciada como "música" en su barrio, acostumbraba a amenizar reuniones familiares, cumpleaños, bautismos, casamientos y encuentros de beneficencia. En esas ocasiones la acompañaban los guitarrista Hortensio De Franco y José Yanussi. Ocasionalmente recibía orientación del que sería innovador del bandoneón, Pedro Mafia, que tenía su misma edad y estaba vinculado al barrio de Villa Crespo. A las citadas presentaciones, Paquita agregaba actuaciones en hospitales y asilos de los barrios vecinos, donde la conocían como la revolucionaria "mujer bandoneonista, la primera en nuestro medio".

Siempre salía a trabajar acompañada por sus hermanos: Arturo, que tocaba la batería y Enrique, que era dueño de un taxi y encargado de llevarlos y recogerlos, firme exigencia del padre.

Contaba Arturo que para que los padres accedieran a que Paquita tocara en el Café Domínguez, tuvieron que cumplirse estas condiciones: ella debía estar de regreso a la una de la mañana, descansaría un día por semana, comenzaría a trabajar a las nueve de la noche para finalizar a las doce y sólo haría una presentación diaria. Arturo, además de oficiar de acompañante y consejero, era el encargado de la percusión en el Sexteto Paquita.

¿Cómo era Paquita Bernardo a los 20 años? Si nos atenemos a la explicativa frialdad de su cédula de identidad (Nro 670.923) leemos: "Música. Cutis blanco, cabello castaño, nariz dorso recto, base horizontal, boca y orejas medianas".

La joven, para tocar el bandoneón, nunca usó pantalones -algo mal visto entonces en una mujer- y acostumbraba a usar camisa y a veces corbata como adorno. De su ropa cuidaba una modista vecina llamada Raquel, a la que le decían "doña Cachi".

Alma de bandoneón

Muy pronto comenzaron a escucharse los sones del bandoneón que tocara la primera mujer argentina con la suficiente audacia, en los numerosos cafés, glorietas y otros lugares de reunión tanguera de Villa Crespo, que abundaban en la calle Triunvirato (hoy Corrientes) y en otras del lugar, como Canning (hoy Scalabrini Ortiz).

En estos los cafés, peculiares locales propicios para cobijar los sueños de los hombres solos deseosos de escuchar tangos, jugar al billar, al ajedrez, al dominó, a los naipes, muchas veces por dinero, podían verse "quinieleros", apostadores a "los burros" ofreciendo "fijas", inmigrantes de diversos orígenes raciales y en algún palquito sencillo, a las "victroleras" pasando discos de tango, valses y milongas.

Más tarde, a los palcos -huerfanos ya de "victroleras"-, llegaron las orquestas típicas con bandoneón, violín, flauta, piano o guitarra. Y esos cafés fueron los iniciales escenario de Paquita, la "Mujer Bandoneón", la "Flor de Villa Crespo"...

Pronto ella formó la Orquesta Paquita, un sexteto integrado por Osvaldo Pugliese (piano), entonces un muchachito de poco más de 14 años y vecino de Villa Crespo; Alcides Palavecino y Elvino Vardaro (violines), Miguel Loduca (flauta), Paquita en bandoneón dirigiéndolos, y su hermano Arturo (batería). La joven ahora poseía un bandoneón alemán marca "Doble A", que había reemplazado al primero que usara.

Permanente presencia del barrio

La familia Bernardo, cuando los hermanos mayores se fueron casando, dejaron la casa de la calle Gorriti, lugar de nacimiento de la bandoneonista y retornado al barrio de Villa Crespo.

Se dice que Paquita y su familia vivieron un tiempo en una cortada entonces llamada Pasaje Mangiante, que existía en esos años en la calle Camargo 569, entre Canning y Malabia. El nombre recordaba a don Ángel Mangiante, un antiguo vecino, dueño de un almacén esquinero de aquellos con despacho de bebidas y cancha de bochas y quien además oficiaba de juez de Paz en la parroquia de San Bernardo.

Ocupaba la familia una casita compuesta por puerta angosta, zaguán, breve patio y dos o tres piezas de las llamadas "de cuatro por cuatro", con alto techo y piso de pinotea.

Aquellos cafés del barrio...

Paquita Bernardo con su orquesta se presentó en numerosos cafés y recreos o glorietas lugareñas, para luego pasar al Centro, llegando a la consagración definitiva que significaba tocar en el Café El Nacional, "La Catedral del Tango".

Los lugares que supieron de la valentía y la capacidad musical de la joven llegada desde un barrio casi perdido en el oeste porteño, fueron el Salón Peraca, el Café Venturita, La Gloritea, el ABC, el Café Iglesias, el Café La Paloma, la Confitería La Terraza y entre otros el Café Domínguez, el más renombrado café tanguero de la zona, ubicado en Corrientes 1537, entre Paraná y Montevideo y dirigido por un señor Domínguez quien procuraba que en su escenario actuaran los mejores conjuntos típicos.

Paquita llegó a tan consagratorio lugar, según narró su hermano Arturo: "A principios de 1921, se presentó en nuestra casa el violinista Elpidio Fernández, en representación del dueño del café, quien había escuchado a mi hermana en el conjunto de José Yanussi, en el Teatro Argentino de La Plata, y nos dijo: 'Le vengo a ofrecer 300 pesos por mes'; los bandoneonistas ganaban en esos años 120 pesos mensuales. Paquita no aceptó y el enviado retornó un mes más tarde. Finalmente aceptó un sueldo mensual de 600 pesos, correspondiéndole a cada ejecutante cuatro pesos por noche".

En el Café Domínguez, su sexteto pronto alcanzó mucho éxito, al extremo que el salón siempre estaba lleno. Algunas noches la concurrencia era tan numerosa que el público se amontonaba en la calle impidiendo el normal paso de los tranvías Lacroze, tanto que la empresa presentó quejas al dueño del café y hubo que buscar soluciones. Se instaló un vigilante en la esquina, se derivaron líneas tranviarias durante los 15días que allí tocó Paquita.

Jorge Alberto Bossio en su libro "Los Cafés de Buenos Aires", dice: "Quizá fue la única mujer que logró fama en la ejecución del fueye, instrumento que hasta entonces parecía ser destinado a un manejo varonil. Por ello es que en los primeros tiempos de sus actuaciones fue recibida con cierta hostilidad, la que desapareció cuando los clientes comprendieron la calidad humana e interpretativa de la inolvidable Paquita".

El escritor y letrista Francisco García Jiménez, anotó: "Gusté de las lúcidas interpretaciones de Paquita Bernardo en el Café Domínguez... Tenía un buen gusto innato para ejecutar en el bandoneón y lo más llamativo era que su figura adquiría singular vigor dirigiendo su orquesta".

Paquita se lució en ese café y motivó el comentario de un periodista: "En pocos años, ella acercó más familias al tango que todas las orquesta juntas.

Otras actuaciones

¡Cuánto hizo musicalmente la joven directora en escasos cinco años de presentaciones! En efecto, desde poco antes de 1920 hasta comienzos de 1925 fueron múltiples sus apariciones en diversos ámbitos. En 1922, para la inauguración de Radio Cultura, Paquita fue convocada para interpretar no sólo música popular sino algunos trozos de ópera, acompañada al piano por José Tanga. En octubre de 1923 viajó con su orquesta a Montevideo donde actuó en la confitería Nueve 18 de Julio y en La Avenida, con singular éxito. La gira montevideana duró un mes, y fue en Uruguay donde Paquita compuso el vals Cerro divino como homenaje a la ciudad que tan bien la había recibido.

A fines de ese mismo año Paquita se presentó en el Teatro Coliseo, que aún persiste, modificado, en Marcelo T. de Alvear 1125. Allí se cumplió la llamada "Fiesta del Tango" y se pudo escuchar a una orquesta constituida por un centenar de músicos, siendo la única mujer que tocara el bandoneón.

Al concluir 1923 su orquesta tomó parte en un homenaje tributado por la eminente actriz Blanca Podestá al maestro Amadeo Vives. El acto se cumplió en el Teatro Smart en Corrientes 1288. El Sexteto Paquita estuvo integrado por José Tanga (piano), Manuel De Vicente y Barrolo López (violines), Miguel Loduca (flauta), Arturo Bernardo (batería) y -naturalmente- Paquita en bandoneón. En esa ocasión también se rindió homenaje a la cantame Pastora Imperio.

A principios de 1924 la joven directora se presentó en el Teatro Argentino de La Plata. En una de sus actuaciones decidió dirigir y tocar desde el foso de la orquesta, y por consiguiente se la escuchaba, pero no se la veía...

Los concursos de tango

En ese fecundo año 1924 participó en uno de los eventos más notorios del mundo tanguero: los Certámenes de Tango organizados por la compañía discográfica de Max Glucksmann, que producía los discos Odeón. Se celebraban los encuentros en el Teatro Grand Splendid de la calle Santa Fe 1960, antiguamente llamado Nacional Norte.

En uno de esos concursos, Paquita presentó su tango Soñando, compitiendo con cerca de cien composiciones. La orquesta de Roberto Firpo tocaba fragmentos de las piezas que concursaban, que por ser tantas el reglamento no aceptaba ejecutarlas nuevamente. Cuando Paquita tocó su tango, el entusiasmo del público que llenaba las instalaciones fue tan grande que pidió la repetición del tango. Ante la negativa de Firpo intervino Carlos Gardel, que se hallaba presente, y le dijo: "Maestro, el público es soberano y hay que tener en cuenta que Paquita es la única mujer que ha dominado a ese taura que es el bandoneón".

Las posiciones logradas por los concursantes fueron: 1ro Francisco Canaro; 2do Francisco Lornuto; 3ro Cátulo Castillo, correspondiéndole el premio Accésit a Paquita, motivo de orgullo para ella al haberlo obtenido entre cien composiciones y ante notables maestros de la música popular.

De entrecasa

A pesar de la agitada vida que exigían las continuas presentaciones en distintos escenarios y lugares, Paquita se comportaba siempre como una "chica de su casa", respetando los conceptos morales de su familia. Vivía con sus padres en una nueva casa, pequeña y humilde, en el barrio de Villa Crespo, limitando con el de Caballito, en Hidalgo 1433.

Seguramente su afanosa vida musical impidió que se ocupara suficientemente de sus sentimientos, es decir, no mantener un noviazgo con vista a formar un hogar. La joven era bonita -sin ser una gran belleza-, de buen carácter y muy dulce por los que la trataban.

Un periodista, en un reportaje hecho a su hermano le preguntó: "¿Paquita tuvo novios?" Y la respuesta fue: "Formalmente, no, pero pretendientes, 'filitos', sí. Una vez tuve que correr a uno de la esquina... ¿No lo querés?, le pregunté. Yo te lo hago desaparecer... Ella no podía salir de la casa porque él siempre estaba por allí. Una vez le dijo: 'Paquita, yo tengo buenas intenciones y pienso casarme. Si usted quiere seguir tocando el bandoneón, lo hace. Si no quiere hacerlo, es igual'. Y ella, nada... 'Estoy comprometida...', le respondió. '¿Con quién?', preguntó él, 'Con la música, con el bandoneón', le respondió".

Respetada como música en el medio tanguero, es la aparición, un año antes de fallecer, de un tema musical en su homenaje: el pasodoble Amor gitano de Juan M. Vicente, en cuya partitura se lee "A la simpática bandoneonista, Srta. Paquita Bernardo".

Paquita compositora

Paquita también se destacó como compositora de varios tangos, algún vals y un par de pasodobles. Su hermano consideraba que había compuesto un total de 14 temas de los que media docena permanecen inéditos en los archivos de la familia.

Sus piezas más conocidas son:

Cachito, un tango que se presentó en el Café Domínguez. La partitura muestra la fotografía del hijo del dueño, de poco menos de diez años de edad, al que le fue dedicado.

Editada en el Establecimiento Gráfico Musical de Roque Gaudiosi, al conocerlo Carlos Gardel, le pidió a Arturo Bernardo que procurara le pusieran letra. Se encargó de ello Celedonio Flores que escribió una letra cargada de términos lunfardos. Gardel, al leerla, comentó: "No sirve para una chica como Paquita", y recomendó que se acudiera al poeta Francisco García Jiménez, que así lo hizo. Y "El zorzal" aconsejó cambiar el título original por el de La enmascarada.

Este tango fue grabado por Roberto Firpo en discos Odeón, reeditándose en 1955. La partitura de ese año indica: "Esta sensacional reliquia fonográfica, que actualmente se ha repuesto a la venta, forma parte, con esta edición de Crismar, del homenaje rendido a Paquita en el 30 aniversario de su fallecimiento".

Soñando fue uno de los tangos más celebrados de la bandoneonista y llevado al disco por la orquesta de Roberto Firpo. Esta pieza, con letra de Eugenio Cárdenas, obtuvo un premio en el concurso del Grand Splendid. En la partitura se observa una fotografía de la autora adornada con grandes aros y luciendo un reloj pulsera -casi una rareza en esos años- y un grueso anillo. El tango fue cantado por Gardel, circunstancia que indica su calidad musical.

Floreal, composición que tuvo, posteriormente a la época de Paquita, mucha aceptación, la había presentado poco antes de su fallecimiento en 1925.

Y entre otras composiciones fue autora también del tango La luciérnaga, y de los pasodobles ¡Dejádme solo! y La maja.

Cuando el bandoneón lloró

En tiempos de Paquita, especialmente las personas jóvenes, estaban amenazadas por la tuberculosis, conocida como "tisis", y por entonces fatal.

Paquita seguramente estaba en esos tiempos cansada y débil. Entre los años 1921 y 1924 había trabajado mucho. Esto significaba actuar de noche, a veces con tiempo desfavorable y recorrer lugares distantes unos de otros.

Según su hermano: "una mañana salió con una amiga para pasar un día de campo y fueron sorprendidas por una tormenta con fuerte lluvia. Ambas se empaparon y Paquita contrajo un resfriado que luego fue complicándose y concluyó en pulmonía".

Acaso la enfermedad haya sido mal atendida y Paquita falleció el 14 de abril de 1925, cuando le faltaban 17 días para cumplir 25 años. Esto acaeció en la casa de la familia -Hidalgo 1433-, poco después del mediodía.

Según la partida de defunción falleció como consecuencia de una bronconeumonía. Según la tradición, a causa de la tuberculosis.

Su sepelio indicó cabalmente cuánto se la había amado y qué hondas huellas había dejado en el alma del pueblo. Desde su humilde casita en Villa Crespo hasta el cementerio de la Chacarita, el féretro, cubierto de flores, avanzó por la calle Triunvirato, en cuyos cafés se escuchara la música de su bandoneón.

Hoy, sobre su tumba en la Chacarita se levanta su estatua de un material que imita al bronce, desgastado ya por el tiempo, muy cerca de la del payador José Betinoti. A la sombra espesa de una palmera descansa Paquita, y en su entorno una serie de placas de mármol y de bronce representan el homenaje popular.

Concluimos nuestro ensayo biográfico con esta nostálgica cita de Francisco García Jiménez: "Debe haber sido importante que Paquita fuera la primera y única bandoneonista femenina de Buenos Aires, ya que hace varias décadas en su tumba de la Chacarita, día por día, dejan flores frescas las piadosas manos del pueblo"

Si desea opinar sobre este articulo, envie un email- - - - - - - ©Tango Reporter 2010

Volver a TANGO Reporter. - - - - - -Subscribirse a TANGO Reporter.

Subscripciones / Indice / Números especiales /Tarifa de avisos / Notas de tapa / Tango Links/ TANGO Reporter Blog
Copyright © 1996-2010 Tango Reporter