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Tapa 147TANGO Reporter --- Nro 147 - Agosto 2008.
El Salón Peracca
Por Prof. Diago A. Del Pino

El poeta Enrique Cadícamo en su libro "Poemas del bajo fondo - Viento que lleva y trae", presentaba para admiración de todos los que aprendimos con su galana poesía, un celebrado tema que titulara "Salón Peracca" dedicado a ese lugar de baile.

En 1873 llegó a Buenos Aires José Cervera, un español nacido en Tarragona y verdadero pionero del barrio de Villa Crespo. Sólo tenía catorce años de edad y llegaba a una ciudad extraña, que recién se reponía de una tremenda epidemia de fiebre amarilla, pero enseguida comenzó a trabajar tesoneramente, y en pocos años pudo comprar, en sociedad, una casa por Rodríguez Peña y Posadas. Luego, en 1895, se interesó por el recién formado poblado denominado "Villa de Crespo" en homenaje al entonces Intendente de Buenos Aires, lugar que se iniciara en 1888 y que estaba hacia el oeste, en las cercanías del arroyo Maldonado. Ya había "tranways", y por todo ello José Cervera, en 1896, compró media manzana de tierra por las actuales calles Serrano y Gurruchaga, cerca del Boulevard Corrientes -luego Triunvirato y ahora avenida Corrientes. En 1902, encariñado con la zona, edificó casa allí, encargándose de ello un constructor apellidado Pellegri, que había hecho varias casonas en el lugar. En esos años Cervera empezó a interesarse en el ramo comercial de las panaderías y mandó levantar una, que denominara "La Catalana", en Corrientes 5468, edificio que persiste y que fue la primera casa de altos del nuevo barrio.

Poco después, al lado de ese comercio, hizo construir un gran salón para actos, teatro y bailes sociales, que fue pionero en la zona, al que llamó "Salón Villa Crespo". Llama la atención que en esos años fuera tan certera la visión de ese antiguo poblador, que pensó que era necesario ofrecer a los vecinos la posibilidad de tener un sitio especial donde reunirse con fines culturales y desde entonces, el "Salón Villa Crespo" fue el lugar obligado en la joven población para realizar fiestas familiares, conferencias, conciertos, asambleas de asociaciones vecinales, debates y funciones teatrales. El hijo del pionero, arquitecto Cervera, que presidiera la Biblioteca Popular Alberdi, escribió al respecto: "Constaba el Salón de un zaguán, amplia sala, patio descubierto y el salón propiamente dicho" (Como luego allí se instaló el "Salón Peracca", para bailes de tango, la descripción tiene valor para los interesados en estos temas). "La sala tenía unos treinta metros de largo por doce de ancho, agregando a esto el escenario. La ornamentación era rica: grandes arañas de cristal -que funcionaban en los primeros tiempos con gas-, señoriales espejos biselados, cortinados de felpa roja y aquellas gráciles ‘sillas de Viena' (Thonet), finamente esterilladas, entonces tan comunes y hoy 'antiques'".

El ilustre vecino don Remigio Yriondo, que fuera maestro, concejal y autor de muchas mejoras barriales, contaba que algunas veces fue "apuntador" durante representaciones teatrales y comentaba: "Salvando distancias, este Salón fue para Villa Crespo lo que el Teatro de la Comedia para el viejo Buenos Aires: base de su cultura artística y social".

Todos los antecedentes del "Salón" ratifican ese aserto: allí actuaron aficionados al teatro que llegaron a constituir -por ejemplo- un conjunto escénico llamado "Romea", en homenaje al eminente actor español fallecido en 1870.

La mayoría de los actores aficionados en Villa Crespo, eran entonces españoles y allí dio algunos pasos teatrales la eminente actriz hispana Lola Membrives, así como Orfilia Rico, y pronunció algunas conferencias el afamado Belisario Roldán ("Piquito de Oro"). Con el correr de los años, el Salón Villa Crespo fue centro de reuniones de distinta índole e importancia. Allí se constituyó la Sociedad La Nacional, que auspiciaba la Unión Musical, que ofrecía conciertos al vecindario y cuyos integrantes ensayaban sus partituras en un "conventillo" ubicado frente a la Comisaría que se halla en la calle Corrientes, y a cuyo lado estaba el chalet del pionero don Salvador Benedit, un prohombre del lugar. El conjunto musical era entonces dirigido por el Sr. Gialdroni y con él actuaban Reggio (director del periódico local El Progreso), el citado constructor Pellegri y Bourdeau, que era comisario de Policía. Los domingos se ofrecían conciertos, siempre gratuitos. En este salón nacieron asimismo, futuras asociaciones importantes como la llamada Sociedad Arte y Sport, el Club Ciclista Nacional, etc. El historiador Ricardo M. Llanes escribió alguna vez: "Se efectuaban funciones extraordinarias, que contaban con el concurso de la Compañia Lacroze, que hacia correr un servicio nocturno entre la esquina del Salón hasta Corrientes y Callao".

* El Salón Peracca

Años después, el señor Cervera primero alquiló y luego vendió el Salón Villa Crespo a José Peracca, italiano, quien prosiguió a su frente dándole a las instalaciones otro enfoque distinto, dedicándolo a salón de baile, en momentos en que ya el tango, la milonga y los valses criollos se habían entronizado en ese barrio casi suburbano, que recién luego de 1888 fue parte de la ciudad capital y que estaba cerca del mitológico arroyo Maldonado, cantado ya por los autores de sainetes, como Alberto Vacarezza y Mauricio Pacheco.

Villa Crespo fue un barrio propicio para el tango. Se bailó y se cantó con particular devoción en clubes y "salones" y en los numerosos cafés. Hay nombres de compositores de música, letristas y ejecutantes que son parte vital del pasado villacrespense y que vivieron o estuvieron relacionados estrechamente con el barrio: Augusto P. Berto, Celedonio Flores, Paquita Bernardo, Enrique Cadícamo, José Servidio, Osvaldo Pugliese y como "consumidor de tangos" en sus sainetes, don Alberto Vacarezza. Acaso exagerando, Salvador Llamas escribió: "El viejo farol de la esquina, / de luz mortecina, / me dice que es cierto, / que el tango nació en Villa Crespo...".

Nosotros no llegaremos a tanto, pero diremos que si no nació en este barrio, por muchos años allí estuvo a sus anchas... Pero volvamos al tema que nos ocupa. José Peracca transformó el Teatro Villa Crespo muy poco, pero decidió que fuera un sitio para bailes, el que pronto tomó su nombre: "Salón Peracca". Poco a poco fue conociéndose en el "ambiente tanguero", pero paralelamente fue declinando su fama, hasta ser centro de rencillas, a veces cruentas, y fue ganándose así cierta nombradía y lugar en los memorialistas. Celedonio Flores, en su libro "Chapaleando barro", escribió: "El café Venturita y los Istueta, / los matinés y bailes de Peracca...".

Alberto Vacarezza, conversando con Juan José de Soiza Reilly, el ameno -aunque fantasioso- cronista de la popular revista Caras y Caretas, tuvo palabras de rememoración para aquel reducto de tangos que tenía una aventura escondida en cada rincón y anécdotas que podían llegar a ser serias. Así decía: "Fue allí donde mejor se bailaba el tango arrabalero. En la calle Triunvirato existía una sala de baile, con despacho de bebidas al frente. Se llamaba ‘El Café de Peracca', nombre de su dueño, que era un peleador terrible. Los sábados venían hombres y mujeres del ‘centro' a bailar el tango verdadero. ¡A veces se armaba cada gresca!...".

Y Soiza Reilly completaba los recuerdos del autor de sainetes comentando, con evidente exageración: "Al amanecer, ya se sabia: la fiesta terminaba con un herido. Los sábados, el boticario de la esquina no dormía. Esperaba a las victimas...".

Ahora retornamos la cita inicial, leyendo a Enrique Cadícamo en su poema referido al lugar que historiamos: "Famoso Salón Peracca / de la calle Triunvirato, / donde siempre, a cada rato / se movia alguna hamaca (1) / Los hermanos Santa Cruz / tocaron en esas fiestas / y los Greco, con su orquesta, / hicieron temblar el piso / y hasta 'El Inglesito' hizo, / a muchos, bajar la cresta. / También supo en esos bailes, / tocar un bandoneonista / que no recuerdo ya el nombre, / pero que de sobrenombre / le llamaban 'Mascarita' (2). / Pero, sigamos cargando / el carro hasta las estacas... / Como les iba contando / era famoso el Peracca. / Con todo eso, que a la entrada, / eran palpados de armas, / siempre había alguna alarma / porque alguno se zafaba. / Volaban sillas y mesas, / la leña caía tupida / y al acabarse, en seguida, / venían nuevas remesas. / (...) / Y aquella y otras escenas / del Buenos Aires de ayer, / las voy viendo aparecer / cuando el recuerdo me abruma, / y en la punta de mi pluma / yo las siento estremecer."

Este trágico tema narrado por Cadícamo y que sucediera en el casi legendario Salón Peracca de la calle Triunvirato (hoy Av. Corrientes), tomó para nosotros valor de testimonio histórico al conocer el libro de Hugo Lamas y Enrique Binda, "El tango en la sociedad porteña, 1880-1920" editado en 1998 por ese el coleccionista y conocedor del tango Héctor L. Lucci.

Aquí, los autores reproducen del periódico La Razón del 1 de mayo de 1912, un fragmento del artículo titulado "El Salón de Villa Crespo", que comenzaba así: "En la calle Triunvirato 764 existe un salón que medirá 20 metros por 6 de ancho (3) y que lleva el nombre de ‘Salón Villa Crespo'. El propietario de él lo alquila constantemente para efectuar bailes particulares donde acuden todos los matones del barrio y se forman tertulias que terminan a la madrugada. Anoche se celebraba una de ellas. Estaba el salón ‘au grand complet': Todos los bailarines en corte se habían dado cita allí. Algunos con sus correspondientes compañeras para competir en el concurso de tangos que se desarrolla siempre durante la fiesta. A las tres y cuarenta de la mañana aquello estaba en todo su apogeo y como ‘entre bueyes no hay cornadas', según la expresión gráfica del compadraje, hasta esa hora todo había marchado con el mayor orden". Pie de foto - En la calle Thames al 100, con salida por Serrano, estaba el "Conventillo de la Nacional", que se cree inspiró a Alberto Vacareza para crear su sainete "El Conventillo de la Paloma".

Luego Lamas y Binda hacen algunas reflexiones: "Esto acaeció en 1912, en pleno barrio de Villa Crespo, sobre la Avenida Triunvirato, en época en que el tango ya había ‘conquistado' el ‘centro' y eran exitosos los discos de Pacho, Gardel estaba a punto de grabar los primeros y nuestra música ya triunfaba en Europa y Estados Unidos...".

Consideramos que Enrique Cadícamo se inspiró en tal noticia periodística para conformar el poema que -muchos años más tarde- hiciera conocer. Y no fue el único en referirse al "Salón", porque ya antes lo habían hecho Celedonio Flores y modernamente, Ricardo M. Llanes, ese otro recordado maestro de "porteñología", en un comunicado remitido a la Academia Porteña del Lunfardo, rememoraba poéticamente: "Dicen que no fue la faca / la que lo mató a Rivera, / sino un balazo certero / en el Salón de Peracca".

Aquel legendario lugar fue luego cambiando de uso y se alquiló a una empresa que se especializaba en vender y alquilar adornos y toldos. Por 1928 allí estuvo la imprenta del periódico vecinal El Látigo, dirigido por el vecino don Nicolás De Filpo.

Finalmente, el viejo y tradicional edificio fue demolido en 1945 y sólo persistió el recuerdo, como otro "Café de Hansen", en la historia menuda -o no- del tango en Buenos Aires NOTAS 1) Tenemos algunas dudas sobre esta cuarteta. En otra edición leemos: "donde siempre, a cada rato, solía armarse una milonga...". 2) Según Arturo Bernardo, el hermano de la celebrada Paquita Bernardo, ese bandoneonista, envuelto en nebulosas y que llamaban "Mascarita", dio las primeras clases de música a su hermana. 3) Los datos sobre las medidas del Salón Peracca dados por el periódico La Razón, difieren algo de los que mencionaba el hijo del dueño, José Cervera*

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