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Tapa 113
Valentino, Cobián, Canaro y Gardel
Por Carlos G. Groppa


Una de las figuras más relevantes del cine mudo, Rodolfo Valentino, por otra parte acreditado bailarín de tango, al tope de su fama trabó amistad con tres prestigiosos músicos de tango: Juan Carlos Cobián, Carlos Gardel y Francisco Canaro. ¿Fue esto cierto o sólo fue uno de los tantos utópicos encuentros que se tejen alrededor de los ídolos populares para crear su mitología?

Cobián y Valentino

Juan Carlos Cobián viajó a New York en 1923 y permaneció allí hasta 1928 tocando el piano en bares, componiendo, grabando y llevando una vida novelesca. Cuando su situación económica comienza a declinar alarmantemente, tiene un encuentro casual en las escaleras de una estación del subterráneo neoyorquino con un viejo amigo, Harry Kosarin.

Kosarin era un baterista judío-norteamericano que había vivido en Buenos Aires entre 1920 y 1922, y actuado, al frente de su "Harry Kosarin Jazz Band", en el "Armenonville", un refinado lugar de baile y refugio tanguero de esa época. Radicado definitivamente en New York después de abandonar la Argentina, Kosarin, conociendo la solvencia artística de Cobián, le ofreció ser su representante artístico en un audaz proyecto: conectarlo con Rodolfo Valentino. Kosarin estaba al tanto del proyecto del actor de montar en el Waldorf-Astoria Hotel el espectáculo de tango "The Wild Gaucho", y quería colocar a Cobián como pianista del mismo.

Lo notable del caso fue que la impecable labia de Kosarin y el conocimiento de la manera de llegarle al astro hizo efecto. Las palabras claves eran que representaba a "un auténtico músico argentino de tango". Bastó que Valentino, cuyo espectáculo estaba totalmente armado con personal ajeno al tango, oyese dichas palabras para que escuchase atentamente la oferta de Kosarin. Sin titubear, Cobián fue contratado por ocho semanas como asesor musical del espectáculo, aparte de permitírsele ejecutar tangos en solos de piano durante los intervalos.

Lo que lucía sensacional no duró mucho. A las dos semanas el espectáculo fue cancelado. El contrato que tenía firmado Valentino con Paramount en Hollywood le prohibía toda actuación pública sin autorización del estudio. El astro, creyendo que de una costa a la otra del país nadie se enteraría, montó su espectáculo en New York. Pero los chismes, en tiempos en que aún no existían los cronistas de televisión, corrían con la misma velocidad que las llamadas de los teléfonos celulares. Y para Valentino, como para Cobián, todo quedó en la nada. La diferencia fue que Valentino frecuentemente nadaba con holgura en dólares, mientras que Cobián permanentemente andaba a la pesca de papel moneda para mantenerse a flote.

Este episodio, contado así por Cadícamo en su libro "El desconocido Juan Carlos Cobián" (Editorial Rueda, Bs. Aires, 1976), no coincide con lo que dicen las biografías de Valentino. Ninguna nombra "The Wild Gaucho", el Waldorf-Astoria Hotel o a Cobián tocando el piano durante la gira. A su vez, Cadícamo tampoco habla de Mineralava, la arcilla de belleza que promovía Valentino en su gira de tango, gira que presumiblemente se realizó en su totalidad, ya que el contrato de Valentino con los estudios era como actor y no como bailarín.

Sea como fuere, esta es otra discrepancia más entre biógrafos de la leyenda de los ricos y famosos, y otro disgusto para Cobián, que nuevamente tenía que salir a la búsqueda de los billetes verdes para seguir su vida en New York.

Valentino y Gardel

El 15 de noviembre de 1923 en Buenos Aires, el renombrado dúo Carlos Gardel-José Razzano, con dos guitarristas y un valet, se embarcan rumbo a España. Es el primer viaje del dúo a Europa. El 10 de diciembre ambos se presentan en el Teatro Apolo de Madrid como final de fiesta en la compañía teatral Rivera-De Rosas.

Terminadas las actuaciones, en enero de 1924 el dúo cruza la frontera en tren hacia Toulouse, Francia, donde Gardel había nacido. Gardel deseaba conocer su ciudad natal, que había dejado casi 30 años atrás, saludar a su madre y tomar contacto con su desconocida familia. Luego se trasladan a París, desde donde abandonan Francia en las primeras semanas del año embarcándose para la Argentina en el "SS Giulio Cesare". El dúo debía estar en Buenos Aires a mediados de febrero de 1924 para cumplir con un contrato.

En julio de 1923, Rudolph Valentino y su esposa Natacha Rambova viajaron de Londres a París, luego a Italia para visitar a unos familiares de astro y regresaron a Francia para embarcarse nuevamente a los EE.UU.

Simon Collier en su libro "The Life, Music and Times Of Carlos Gardel" (1986) conjetura que tiene que haber sido imposible que Gardel no visitara "El garrón" de París. Creado por el músico argentino Manuel Pizzarro y sus hermanos, el cabaret de la calle Fontaine era un famoso reducto del tango en Europa, visitado incluso por Rodolfo Valentino. Por otra parte, se sabe con certeza que tanto Gardel como Valentino eran habitúes del "Café de Paris", otro de los refugios tangueros en París.

Lamentablemente poco o casi nada se sabe en concreto de esta primera visita de Gardel a París. Entonces, ya que tanto Valentino como Gardel arribaron a París en la misma época, ¿se conocieron realmente, como muchos suponen?

De haberse conocido, ésta sería la única oportunidad que tuvieron, pues para el segundo viaje de Gardel a París, realizado ya separado de Razzano, en mayo de 1928, ya hacía dos años que Valentino había muerto.

El escritor inglés David Bret en su libro "Valentino: A Dream Of Desire" (Londres, 1999), afirma que Valentino fue invitado por el editor y empresario teatral francés Jacques Hébertot, a un palco privado de "Les Ambassadeurs" en Paris donde actuaba Gardel, "tan grande en Francia como Valentino en Norteamérica".

Antes de abandonar el cabaret, sigue narrando Bret, Valentino escribió una nota en español dirigida a Gardel invitándolo a conocerse, nota que Hébertot se la entregó al cantante en el camarín. La respuesta de Gardel fue que lo disculpara, pero no podía encontrarse en ese momento con su "actor favorito". Como atención, el Zorzal le envió a Valentino un par de entradas para su actuación del día siguiente.

Valentino reiteró la invitación. Y siempre según Bret, Hébertot manifestó que "lo mismo pasó tres noches seguidas, pero este legendario encuentro nunca tuvo lugar".

Bret, para narrar este episodio se basa en las memorias de Hébertot. Curiosamente no menciona para nada la impresionante bibliografía sobre Gardel escrita en español, francés, e incluso inglés, en donde no existe constancia de sus afirmaciones. ¿Ignorancia idiomática? ¿Oculto deseo de consignar datos falsos? Quién sabe.

De acuerdo a lo que dice Alan Arnold en su biografía de Valentino, el actor abandonó New York rumbo a París a fines de noviembre de 1923 -Arnold no especifica día- y regresó a New York en enero de 1924. Y aceptando lo que manifiesta Simon Collier en su biografía sobre Gardel, el cantor se embarcó en Buenos Aires con destino a Madrid el 15 de ese mismo noviembre de 1923, pasando luego de la capital española a Francia en enero de 1924 -Collier tampoco especifica día. Es decir que si Gardel y Valentino se conocieron sólo les quedó algo así como un par de días para el encuentro. Quizás los tres días que menciona Hébertot que Valentino fue a escuchar a Gardel.

Por otra parte, si este encuentro fue cierto, tuvo que haber ocurrido en 1923 cuando Gardel estuvo en París y no a fines de 1925, como afirma Bret. En noviembre y diciembre de 1925 Gardel estaba actuando en Madrid, no en París. Además, en honor a la verdad, Gardel nunca actuó en "Les Ambassadeurs". En todo caso, Valentino pudo haber visto a Gardel en "El garrón" o el "Café de Paris", sacudirse con su canto y querer conocerlo.

Según José Gobello, uno de los más prestigiosos historiadores del tango y por lo tanto fuente de información mucho más veraz y confiable, Gardel le manifestó a un amigo que detestaba al "alambicado actor".

Valentino y Canaro

La relación de Valentino con el auténtico tango no termina aquí. A mediados de noviembre 1925, Valentino se embarcó de nuevo en el "Leviathan" rumbo a Londres para estar presente para el estreno de su película "The Eagle". Una semana después viajó a París envuelto en un malentendido ocasionado por S. George Ullman, representante artístico de astro, entre éste, los estudios y Natacha, que derivó en el divorcio de ambos.

Entrado el nuevo año de 1926, mientras Valentino estaba en París preparándose para retornar a los EE.UU., conoce a Francisco Canaro en la capital francesa. Considerado como uno de los grandes del tango, Canaro con su orquesta llegada de Argentina, se presentaba diariamente en el restaurante "El Florida" como gran atracción. El astro del cine mudo concurría allí asiduamente por ser el único lugar donde podía bailar tango con un acompañamiento auténtico. Entusiasmado por el ritmo de la orquesta de Canaro, tentó a éste para actuar en New York.

El astro, que le habló del furor que el tango estaba haciendo en los EE.UU., le ofreció su ayuda para introducirlo en el mundo artístico y social de New York. Canaro, que había debutado en "El Florida" el 25 de abril de 1925 con enorme éxito, no se mostró muy entusiasmado con la idea y la descartó, en principio.

"El Florida" era un aristocrático cabaret parisino donde no todo el mundo podía actuar, y una plaza muy difícil de conquistar. Una ola de personalidades del mundo del arte de paso por París se reunía allí para escuchar y bailar tango. Arthur Rubinstein, Pearl White, Adolphe Menjou, Gloria Swanson, entre otros. Valentino en particular, concurría allí habitualmente a lucir sus habilidades de bailarín al compás de una auténtica orquesta de tango argentino cada vez que visitaba París. Asi, mientras disfrutaba el ritmo de la orquesta de Canaro, ambos trabaron amistad entendiéndose en italiano, lengua que Valentino hablaba por nacimiento y Canaro por haber aprendido de sus padres.

Tiempo después, mientras Canaro aún estaba actuando en "El Florida", concurrió al lugar el empresario de teatro norteamericano E. Ray Goetz. Impresionado por el sonido de la orquesta de Canaro, Goetz le hizo una jugosa oferta para trabajar en New York. Titubeando, pero también recordando la ayuda que le había prometido Valentino, Canaro aceptó.

Lamentablemente, al arribar Canaro a New York se enteró que Valentino había muerto, y con él sus promesas de conectarlo con el ambiente artístico neoyorquino.

Lo curioso es que Canaro, amigo de Gardel y que trabó amistad con Valentino después del supuesto encuentro de éste con Gardel, no menciona el episodio en sus memorias. O sea que el encuentro Valentino-Gardel bien pudo haber sido una delirante falta de información por parte de Bret.

Tres encuentros sin testigos

La única fuente de información sobre el encuentro de Valentino con Juan Carlos Cobián en New York es en el libro biográfico "El desconocido Juan Carlos Cobián" (1976) escrito por su íntimo amigo Enrique Cadícamo. La única fuente de información sobre el encuentro con Francisco Canaro en París, es el libro de memorias del propio Canaro, "Mis bodas de oro con el tango" (1957). La única fuente de información sobre el encuentro con Gardel es otro libro biográfico, "Valentino, A Dream of Desire" (1999), escrito por el autor contemporáneo David Bret.

De ninguno de estos encuentros quedó testigo, sólo lo que estos tres libros dicen. El encuentro de Cobián con Valentino le fue contado a Cadícamo por el mismo Cobián, el de Canaro es un relato personal dejado en sus memorias, y el de Gardel fue reconstruido más de 75 años después de ocurrido sin haber conocido el autor a sus protagonistas.

Hasta ahora, estos tres libros son la única fuente de información sobre estos encuentros. Ninguna otra biografía, autobiografía o relato periodístico de esa época habla de ellos.

La ausencia de un segundo documento que corrobore lo narrado en estos tres libros, tiende un manto de duda sobre la veracidad de sus relatos. A su vez, el único hecho en que estos tres libros coinciden es en ubicar los encuentros en un tiempo impreciso entre 1923 y 1926. Por lo tanto, increíbles, falsos o veraces, ¿qué hay de cierto en estos encuentros?

El relato de Cadícamo sobre cómo Cobián conoció a Valentino al ser contratado alrededor de 1923 como pianista del actor durante una gira de éste, es vidrioso. Cabe suponer que el representante de Cobián, Harry Kosarin, habló en ingles con el representante de Valentino, S. George Ullman, sobre el contrato de Cobián, y éste, al no saber inglés, probablemente no entendió bien lo que arreglaron. Cinco años después, Cobián, de regreso a Buenos Aires, le contó la historia a su íntimo amigo Cadícamo como mejor pudo, quizás copa en mano, ya que según el mismo Cadícamo, Cobián era un gran bebedor. Cincuenta y cinco años más tarde Cadícamo recontó el encuentro en su biografía de Cobián, donde nada de lo narrado sobre el particular coincide con las dos más fieles biografías de Valentino. Una, la de Natacha Rambova, su esposa y pareja de baile durante la gira; otra, la del mismo Ullman, productor de dicha gira y agente de Valentino y Natacha. Además, ninguna de las dos menciona el nombre de Cobián.

Canaro manifiesta en sus memorias haber debutado en París el 23 de abril de 1925 en el cabaret "El Florida". Allí conoció a Valentino, que concurría a bailar tango. Canaro también afirma que Valentino "había estrechado cordial amistad con nosotros" y le "había prometido su eficaz ayuda para imponer el tango en Norteamérica" si viajaba con su orquesta a New York.

Analizando esto fríamente, se concluye que para conocer a Valentino en dicha ciudad Canaro tiene que haber permanecido hasta diciembre de ese año, mes en que Valentino llegó a París después de asistir en Londres al estreno de su película "The Eagle", su más reciente película. Si bien Canaro comenta ambiguamente que "en mi primera visita (a París) estuve nueve meses consecutivos", esto es hasta noviembre, hay que considerar en esto que la memoria para recordar fechas es elástica. O sea que bien pudieron haberse conocido, pero no como para "estrechar una cordial amistad". Por otra parte, Canaro no explica, o no recuerda, como hizo, ya estando en Buenos Aires desde diciembre de 1925, para embarcarse en París rumbo a New York en septiembre del año siguiente sin viajar a la capital francesa. Esta desubicación geográfica, coloca sus palabras también en el terreno de lo vidrioso.

Bret, el único de los tres que narra hechos que no vivió, habla de un intento por parte de Valentino de entablar una relación homosexual con Gardel mientras éste actuaba en París a fines de 1925. Al remarcar este hecho, Bret se pasa por alto el detalle histórico de que a fines de 1925 Gardel estaba actuando en Madrid y no en París.

Bret, indudablemente el más vidrioso de los tres, para ligar a Valentino con Gardel, ubica a Gardel en Francia en un momento en que, de acuerdo a documentos probatorios estaba actuando en Madrid y no en París.

Quizás esta es la manera en que ciertos biógrafos consideran que debe de ser escrita la historia de la música popular y la vida de los artistas. Pero una cosa es la historia y otra muy distinta es el orgullo por un amigo -Cadícamo- como para ligar a Cobián con una personalidad mundial, la exageración de un director de orquesta -Canaro- para lograr otra estatura histórica, o el uso de material controversial por un autor -Bret- para empujar la venta de un libro.

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