TANGO Reporter - Nota de Tapa - Marzo-Abril 2015
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Angel Vargas, el Ruiseñor de las Calles Porteñas
Por Tino Diez
En momentos en que el tango lucía todo el esplendor de sus orquestas, donde la muerte de Gardel, había producido una acefalía en el primer puesto de las voces tangueras y varios cantantes venían empujando para consolidarse como sucesores de ese liderazgo, aparece poco antes de la década de 1940, Ángel Vargas, con su primer seudónimo, Carlos Vargas, cuando dejó algunas grabaciones principalmente en la Típica Víctor. Y aquellas voces, como Oscar Alonso o Héctor Mauré, se destacaban por la potencia y la indudable influencia de la escuela gardeliana.

El Estilo Vargas

José Lomio, tal su verdadero nombre, intentó no quedar afuera del gusto popular, aplicando toda la fuerza y toda la garra de que era capaz, al momento de dejar registrados sus temas. Dicen que en el sello Víctor, los técnicos, le observaron que era imposible poder supervisar el desarrollo de la grabación, dada la estridencia y lo agudo de sus registros.
Ángel entonces trató, y lo vaya si lo logró, d e modular sus interpretaciones, lo que dio lugar al "estilo Vargas", tan melódico, tan afinado, tan coloquial, del que Horacio Ferrer comentó: "¡Pero debe ser difícil cantar sencillo como él…!"
"Es que, paradójicamente, en vez de cantar con voz potente y de enorme caudal (…) ha llegado a calar tan hondo en el alma del pueblo".
Porque quien tenga la suerte de ver videos de Ángel Vargas, porque existe muy poco material, habrá comprobado que este cantor expresaba la letra de cada tema, sin alardes seudotecnicistas toda la emoción del idioma que le tocó interpretar: el del tango que provenía de su extraordinaria modulación vocal.
"Cantor de una personalidad impresionante, es el símbolo del fraseo porteño de los años de la década de 1940. Vargas canta como únicamente se cantó en esa década.
Su fraseo era reo y compadrito pero al mismo tiempo, de un infinito buen gusto. Tenía una dulzura que disimulaba su voz pequeña pero varonil, transmitía simpatía y era sobretodo, un cantor carismático.
"La dupla D'Agostino-Vargas, es a mi juicio uno de los engranajes más perfectos que nos dio el tango, sólo comparable a la de Aníbal Troilo con Francisco Florentino". (Todo Tango por Ricardo García Blaya)

Datos ciudadanos

José Ángel Lomio nació en el barrio de Parque de los Patricios, el 22 de octubre de 1904, donde concurrió a la escuela primaria y parcialmente a la escuela secundaria.
Fue de pibe tornero en el frigorífico La Negra, para a partir de esa experiencia, convencido de lo suyo, decidió largarse a su profesión de ruiseñor.
Luego de un fracaso matrimonial del que nació su hijo Rodolfo Salvador Lomio, actuando en el Club Estudiantes de Villa Devoto, conoció a Ana María Salomone y gracias al tango y al baile encontraron el camino donde la vida los unió, a pesar de la diferencia de doce años con que Ángel superaba en edad a su compañera.
Ana María fue para el cantor una compañera excepcional que estaba presente en todos los detalles, desde los más ríspidos a los más sencillos, como el arreglo final del pañuelo en el bolsillo del saco antes de ingresar a cantar.
De esa unión nacieron tres hijos Ana María, José Ángel y Julio Mario, éste último nacido once meses antes del fallecimiento de su padre.
Llegaron años de privaciones y estrecheces. Superadas con mucho sacrificio y una estrecha unión familiar, se logró evitar la enajenación de sus bienes, primero, y luego, aunque no alcanzaron el nivel económico anterior, si pudieron mantener la memoria de Angelito Vargas dentro de un ámbito respetable.
Ana María Salomón, sobrevivió a Angelito doce años, falleciendo el 23 de enero de 1971 y a partir de entonces ambos siguen juntos en el último descanso, como deben estar sus almas unidas en la eternidad.
La familia de Ángel Vargas siempre estuvo abrazada por el recuerdo de un hombre que los amó aun sin estar junto a ellos "en cuerpo presente"

¡Cantar…!

Cantar fue natural en Vargas, como lo es en los pájaros, y llevaba implícito en el canto el deseo de volar y consolidarse. Luego de haber integrado coros de la escuela secundaria, parroquiales y alternando en los cines en reemplazos a Theda Vara, Bola Negra, Tom Mix, Rodolfo Valentino, un día, tímida pero firmemente, planteó que su trabajo de cantor debía ser remunerado. Y cuando esperaba alguna resistencia empresaria, los dueños del cine estuvieron de acuerdo y comenzó a cantar "profesionalmente".
Su voz se iba madurando, en ese medio, influenciado por Ignacio Corsini, Santiago Devin o Agustin Magaldi, pero modulando el estilo vocinglero del "Caballero Cantor" y la queja lastimera de "La Voz Sentimental de Buenos Aires" y marcando la voz melodiosa y definida, con Devín, quien llevó a disputarle y ganarle al mismísimo Gardel, en giras por la provincia de Buenos Aires

Su carrera artística

Se produce el debut en 1930 en el Café Marzotto en la orquesta típica Lando Matino y aunque era en el horario de 1 de la tarde a 5, Vargas sintió ese temblor que la responsabilidad de su primera incursión en la escena tanguera, ponía indecisiones en sus rodillas mientras subía los peldaños del palco.
Casi inmediatamente, cantó con la orquesta de Augusto P. Berto, luego en la orquesta D'Agostino-Mazzeo, en 1932, para seguir con Ángel D'Agos-tino, hasta 1946.
Ya a partir de ese año prosiguió como solista con las orquestas de Eduardo del Piano (1947-50), Armando Lacava (1851-54), el Trío Alejandro Scarpino (1954-55), Edelmiro "Toto" D'Amario (1955-58), Luis Stazo (1958) y José Libertella (1959).

Grabaciones

Todas las grabaciones de Ángel Vargas fueron registradas por el sello RCA Víctor
Las primeras con la Orquesta Típica Víctor, en el año 1938: Adiós Buenos Aires (Música de Rodolfo Sciammarella y letra de Leopoldo Torres Ríos), Sin rumbo (Música de Hermes.Peresini y letra de Eugenio.Carrere) e Incertidumbre, (Música de Guillermo Alo y letra de Lito Bayardo)
Con Ángel D'Agostino, en 1940, los primeros temas fueron No aflojés (Música: Pedro Maffia / Sebastián Piana. Letra: Mario Battistella) y Muchacho (Música: Edgardo Donato / Letra: Celedonio Esteban Flores), llegando a los 94 títulos con el tango Camino de Tucumán con música de José Razzano y letra de Cátulo Castillo.
Y como solista con los acompañamientos indicados y con guitarras, nos dejó 86 títulos.
En el cierre de su etapa solista se despidió en diminutivo con la milonga, música de Leo Lipesker y letra de Reinaldo Yiso , La porteñita y el tango Galleguita de los ibéricos Ramuncho (Román Beltrán Reina) y Kleper-Lais (Patricio Muñoz Acella).

Estilo porteño y milonguero

Cuando algún compositor le traía una partitura para que Vargas la incluyera en su repertorio, la hacía interpretar al piano y la bailaba con su señora. Si la obra era apta para ser bailada, la adoptaba. En caso contrario, el compositor, debía volverse con la partitura bajo el brazo en busca de otro cantor…"
Precisamente por eso siempre se rodeo de directores con estilo bien milonguero.

Opinaron sobre Ángel Vargas

Rosita Quiroga, decía que su manera de cantar no había dejado una escuela de canto, pero sí un alumno valioso: Ángel Vargas. Es que la media voz que ambos brindaron al tango, era aquella de los conventillos cantando en familia, pero con voz diáfana y bella; un sutilísimo instinto que lleva a privilegiar la frase -literaria o musical- con relación a la palabra o al compás.
Jorge Göttling, manifestó que la voz de Vargas era una hilacha íntima, un silbido apenas confesado, y que quien lo bautizó como "ruiseñor" sabía mucho de pájaros y de tangos mientras Roberto Selles lo denomina "duende". Añadiendo: "Ángel Vargas fue, es y seguirá siendo una de las auténticas voces del tango".
Hace algunos años, un periodista especialista en tango decía: "Vargas fue un descriptor pictórico del paisaje de la ciudad y de sus prototipos. A la vez sintió siempre gran respeto para con el público…"

Algunos apuntes

Ángel Vargas, no incluyó en su repertorio ninguna obra de Enrique Santos Discépolo. Tampoco pudo dejar temas grabados de sus primeras actuaciones con Eduardo Attadía en 1934.
Hay un tango que Vargas grabó con Eduardo del Piano el 27 de septiembre de 1948 titulado A los muchachos con música de José Ranieri y letra de Julián Centeya que es el mismo que grabó el 17 de marzo de 1943 Roberto Rufino con Carlos Di Sarli, con el nombre de Pa los muchachos.
En los primeros tiempos, podemos situarnos en 1934, con el acompañamiento de Ángel D'Agostino y Pascual Mazzeo, Vargas cerraba sus actuaciones con el tema de Francisco Canero (música) e Ivo Pelay (letra) Te quiero.
Sin embargo, años más tarde, su caballito de batalla era el tango Muchacho de Edgardo Donato (música) y Celedonio E.Flores (letra).
Su seudónimo está inspirado en el escritor colombiano José María Vargas Vila, primero como Carlos Vargas devenido en Ángel Vargas cuando tenía veintitrés años, es decir desde 1927.
Y propósito de Vargas Vila, era en 1924 era popularísimo en la Argentina, tanto que se decidió a visitarlo, pero su estadía fue ignorada olímpicamente por la sociedad porteña y solamente el doctor Alfredo Palacios le hizo los honores que correspondían a tan grande personalidad. El escritor se marchó indignado llamando a Buenos Aires "bluffsópolis" y "esnobópolis".
El primer tema cantado con Ángel D'Agostino en el Teatro Cómico, en 1932, fue el tango de Carlos Gardel y Manuel Romero en música y letra, respectivamente Tomo y Obligo.
La primera orquesta de Ángel Vargas, dirigida por el bandoneonista Eduardo del Piano, se integraba con los bandoneones de Salvador Cascote, Jacinto Nievas y Horacio Gollino; los violines de Víctor Felice, Alberto Del Mónaco, Juan Eingia, y Floreal Zanola; el contrabajo de José Fava y el piano a cargo de Oscar Grimaldi; en la dirección, orquestación y primer bandoneón Eduardo Del Piano. Muchos de estos integrantes, componían la orquesta del maestro Ángel D'Agostino.
Sin duda, como queda dicho, el binomio de los Ángeles -D'Agostino / Vargas- fue sin lugar a duda el mejor dúo que tuvo el tango en su época de esplendor, solamente comparable a ese otro par indispensable que fueron Troilo-Fiorentino.
Por si hiciera falta, era tal la demanda de sus actuaciones, que los contratos debían preverse con más de seis meses de antelación, tal la demanda existente, que no sólo se daba con las orquestas y cantores indicados sino que era, aunque en menor proporción en casi todas las orquestas de tango, con predilección y predominio, claro, de una media docena de ellas, sobre las demás.

Mutis

En julio, el médico de cabecera le indica a Vargas que debía internarse para realizarle una operación quirúrgica. Se entendía que la misma era casi de rutina, de poca trascendencia y no se tornaría peligrosa para su existencia.
Pero ese mediodía del 7 de julio de 1959, luego de una exitosa operación, que le había extirpado un pulmón, Ángel Vargas, nos dejaba para siempre.
Se tejieron versiones, que hablaban de errores en el suministro de anestesia y otras historias o contratiempos. Lo cierto, lo concreto, era que "El ruiseñor de las calles porteñas" había dejado de existir.
De aquel pibe de Parque Patricios, José Ángel Lomio, que tan magistralmente pintó Buenos Aires como Ángel Vargas, quedaba su recuerdo y sus temas inmortales.
Cuando en el relevo de las vitrolas, los reproductores de discos compactos nos acaricien el alma y los recuerdos cantándole a las Tres Esquinas, cuando vemos volar un ruiseñor en la geografía de la Argentina, pensemos que en esa voz querendona y suave tiene nombre y apellido… Angelito Vargas.
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