TANGO Reporter - Nota de Tapa - Noviembre - Diciemre 2019

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Tapa 232TANGO Reporter
"Yugarla" es cosa de tangueros
Por Catalina Pantuso
El tango refleja y expresa el mundo del trabajo porque nació en los arrabales, allí donde se ponía el cuerpo para ganarse el sustento cotidiano y también para disfrutar de los pequeños lujos como tocar de oído una melodía improvisada; escribir letras de añoranzas por tiempos mejores, de denuncia de las injusticias, de amor o desencanto; canturrear alguna composición sencilla y abrazarse en un baile que permitiera sentir el cuerpo más allá del cansancio y del sacrificio rutinario.
Gracias a la memoria tanguera, que reflejó la actualidad y el cambio social, hoy tenemos una valiosísima fuente de información poética que nos permite comprender el sacrificio de los laburantes, el desprecio por la haraganería y también el drama de las transformaciones en el mundo del trabajo.
Laburante es, para los tangueros rioplatenses, el término más apropiado para nombrar a todos los que trabajan con las manos, con la mente y con el alma. "Yugar" es otro argentinismo ligado directamente al trabajo duro y pesado, realizado por una retribución insignificante y que casi no deja tiempo para el descanso. Gracias a los letristas y poetas estos lunfardismos fueron aceptados por la Real Academia Española pero es casi imposible encontrar a un abogado que diga "este juicio me dio un laburo bárbaro y tuve que yugarla ante el juez"; tampoco escucharemos de los labios de un médico "tuve que yugar como un loco para poder operar los cálculos de esa vesícula", es que los profesionales trabajan más o menos cómodamente y en su desempeño satisfacen su vocación.
Para la inmensa mayoría de los trabajadores el laburo no se elige, con suerte se consigue; no es el placer de laburar lo que permite soportar los esfuerzos sino la necesidad de ganarse el sustento. Es el pobrerío laburante quien haciendo distintas changas la yuga a quemarropa, a veces sin chistar y otras veces a las puteadas. Pappo, porteño de ley y rockero heavy, en su tema Trabajo forzado (2003) dejó una descripción muy elocuente de estas realidades contemporáneas: "Soy un desempleado con buen coeficiente mental,/ si no me queda otra tengo que salir a yugar,/ trabajaría con gusto si tuviera un salario normal…" En el laburo hay que yugarla y no siempre el resultado del sacrificio es el esperado, fundamentalmente cuando son otros los se benefician indebidamente del esfuerzo propio; en el tango Chorra (1928) Enrique Santos Discépolo cuenta amargamente como "Se tragaron/ vos, la viuda y el guerrero/ lo que me costó diez años/ de paciencia y de yugar…"
El trabajo es el escenario donde se dirimen los permanentes conflictos de intereses y el tango, reflejo poético de esa realidad, nos relata cómo se viven las relaciones laborales. Cuando las huelgas estaban prohibidas éstas se reprimían con dureza y en el tema Al pie de la Santa Cruz, (1933) Mario Battistella, nos lo recuerda: "Declaran la huelga, hay hambre en las casas, es mucho el trabajo y poco el jornal, y en ese entrevero de lucha sangrienta, se venga de un hombre la ley patronal". Pasó el tiempo y, actualmente, la Constitución Nacional garantiza el derecho a protestar sin embargo, no todos están de acuerdo con quienes utilizan este método para reclamar por los salarios y las condiciones de trabajo. La cuestión no es nueva y la milonga Laburo (1957), con letra de los hermanos Guillermo y Horacio Pelay, compuesta durante la Revolución Libertadora, es un claro testimonio de quienes se oponen a las protestas organizadas y sus manifestaciones callejeras : "No protestés… no protestés… no protestés… ¡Cartón!/ Si terminás juntando puchos al lao del buzón,/ Que en Buenos Aires nadie quiere trabajar/ Y el fabricante de catreras, es el único que va a ganar./ No me sequés… no me sequés… no me sequés… ¡Chauchón!/ Metele aceite a las bisagras por la oxidación,/ Para disolver una gran manifestación/ La Federal grita: ¡Laburo!, Y se desbandan al montón".

Los que la yugan y los que le rajan al laburo.

Resulta casi obvio que el laburo es uno de los temas más frecuente del 2×4. Dando una mirada muy superficial, y sólo a modo de ejemplo, encontramos referencias explícitas en Lunes (1947) un tango de Francisco García Jiménez: "El triste lunes se asomó,/ mi sueño al diablo fue a parar,/ la redoblona se cortó/ y pa'l laburo hay que rumbear. Como en el cuento de cenicienta, las fantasías románticas desaparecen cuando las muchachas deben levantarse temprano para fichar la entrada en la fábrica o en el taller. "Rumbeando pa'l taller/ va Josefina,/ que en la milonga, ayer,/ la iba de fina./ La reina del salón/ ayer se oyó llamar…/ Del trono se bajó/ pa'ir a trabajar".
Los obreros, normalmente trabajaban de lunes a viernes y, cuando juntaban algunos mangos, se daban el gusto de ir a una milonga luciendo sus mejores pilchas; aparece entonces el Garufa (1927) tan bien retratado por Víctor Soliño y Roberto Fontaina: "Durante la semana, meta laburo, /y el sábado a la noche sos un doctor:/ te encajás las polainas y el cuello duro/ y te venís p'al centro de rompedor".
Si la pereza es uno de los siete pecados capitales y la "madre de todos los vicios", el haragán es un personaje indeseable para quienes, con ganas o sin ellas, madrugan o trasnochan frente a un mostrador, en una computadora, en un tractor o manejando un camión. José Hernández en los "Consejos de Martín Fierro" señalaba: "Debe trabajar el hombre/ para ganarse su pan;/ pues la miseria en su afán/ de perseguir de mil modos / llama en la puerta de todos/ y entra en la del haragán." Pero no todos quieren laburar.
Están aquellos que hacen "fiaca", los que siempre están cansados de tanto no hacer nada, esos que están esperando que alguien los despierte con una nueva aventura laboral muy bien paga pero cuando se les recomienda que busquen un empleo contestan muy tranquilamente "Si el trabajo es salud, que trabajen los enfermos". El tango Haragán de Manuel Romero y Luis Bayón Herrera pinta un excelente retrato de estos personajes: "¡La pucha que sos reo/ y enemigo de yugarla!/ La esquena se te frunce/ si tenés que laburarla…"; enfáticamente le dicen al protagonista "si encontrás al inventor/ del laburo, lo fajás…"; para concluir de un modo satírico: "Si en tren de cara rota/ pensás continuar,/ ‘Primero de Mayo'/ te van a llamar". En alguna radio se escucha todavía la inconfundible voz de Tita Merello que con bronca le canta a Pepino, El que atrasó el reloj, que se levante de la catrera porque está cansada y "¡Ya estoy en llanta de llevarte a pulso,/ buscate un changador pa' que te cargue!"
Laburantes que pasaron a retiro.

Cotidianamente escuchamos que la nueva revolución tecnológica que estamos viviendo es el comienzo de una nueva fase de la civilización y que su característica más importante es una permanente e inevitable transformación de lo que hasta ahora entendíamos por trabajo. Muchos son los laburos que, con el tiempo, perdieron vigencia.
Hoy nadie llama al "cardador", ese que iba casa por casa reciclando los antiguos colchones de lana que se apelmazaban; el mimbrero ya no recorre las calles con su carro repleto de sillas de madera, sillones y canastos de mimbre que además vendía escobas; tampoco circula por el barrio el lechero con sus clásicos tarros de aluminio.
La calles de la ciudad ya no se ven transitadas por el verdulero ambulante de Celedonio Flores que, a fines de los años 20, hacía un recorrido maratónico desde Villa Crespo a Avellaneda con su perfumada mercadería y ofrecía "Durazno a 40 el cien".
Tampoco sabemos nada de aquella Fosforerita (1925) de Amaro Giura, "Obreritas de mi pueblo,/ tan alegres, tan limpitas,/ que encontré en las mañanitas/ cuando el sol iba a llegar./ Hoy las miro con respeto y bendigo vuestras manos/ que era el pan de tus hermanos/ y alegría de un hogar". Los puestos de flores en las esquinas reemplazaron a la Pregonera (1945), esa chica que repartía flores por las calles, "Una rosa roja para usted,/ roja como el ansia de querer,/ rosas y claveles blancos,/ blancos de ilusión/ y sigue la princesa su pregón".
Ya no existe más el organillero —personaje emblemático en las calles porteñas— que llevaba colgado de un hombro un organito a manivela, con el que ejecutaba diversas melodías pero siempre incluía un tango. En Organito de la tarde (1924), José González describe a este personaje "Al paso tardo de un pobre viejo,/ puebla de notas al arrabal/ con un concierto de vidrios rotos / el organito crepuscular./ Dándole vueltas a la manija,/ un hombre rengo marcha detrás/ mientras la dura pata de palo/ marca del tango el compás".
Un trabajo común para los muchachitos de mediados del siglo pasado era el de lustrabotas, él llevaba su "mini emprendimiento" por las calles de Buenos Aires, y buscando clientes se paraba en una esquina, generalmente frente a un Cine o una oficina pública. El tango Se lustra, señor(1946) de Marvil lo cuenta así: "Con sus ropitas viejas, curtido por el sol, / la vida lo ha tratado con todo su rigor…/ Siempre en la misma esquina, voceando su pregón:/ ¡Señor!…aquí se lustra mejor que en el salón./ Conozco su historia…y sé de su valor;/ que cierto día el padre no regresó al hogar / y que él sin decir nada se hizo aquél cajón,/ y que en su casa nunca les ha faltado el pan".
El oficio de zapatero remendón fue uno de los destinos laborales de los numerosos inmigrantes llegados al país. Cada barrio tenía uno, generalmente ubicado en una piecita que daba a la calle. Guillermo del Ciancio compuso Giuseppe el zapatero (1930), donde señala los afanes de un padre que ayuda a su hijo en el camino de la graduación académica: "E tique, tuque, taque, se pasa todo el día/ Giuseppe el zapatero, alegre remendón,/ masticando el toscano y haciendo economía,/ pues quiere que su hijo estudie de doctor./ Tarareando la violeta/ Don Giuseppe está contento;/ ha dejado la trincheta:/ ¡el hijo se recibió!/ Con el dinero juntado/ ha puesto chapa en la puerta;/ el vestíbulo arreglado,/ consultorio con confort".

El tiempo pasa, el drama de yugarla duele cada vez más.

El tema del laburo es complejo y muchas veces hasta contradictorio. El trabajo está considerado como una obligación—si hasta en la Biblia está escrito "Te ganarás el pan con el sudor de tu frente"— y José Hernández advertía: "El trabajar es la ley/ porque es preciso adquirir./ No se expongan a sufrir /una triste situación,/ sangra mucho el corazón/ del que tiene que pedir". Los tiempos han cambiado y el laburo ya no es un castigo sino que se ha convertido en un bien social escaso y difícil de mantener. El trabajo es la base imprescindible de una vida digna y condición necesaria para la realización de otros derechos humanos, por esta razón se lo considera también un derecho reconocido a nivel internacional. La falta de empleo es una novedad en tiempos de crisis, ya Celedonio Flores lo expresaba muy bien en el tango Pan (1939) cuando se interrogaba "¿Trabajar?… ¿En dónde?… Extender la mano/ pidiendo al que pasa limosna, ¿por qué?/ Recibir la afrenta de un ¡perdone, hermano!/ Él, que es fuerte y tiene valor y altivez".
Los míticos tranvías fueron reemplazados por los colectivos, pero los nuevos poetas del tango continúan la tradición de cantarle a los medios de transporte. Jorge Padula Perkins compuso Al volante del bondi, porque para los pasajeros del tango esta palabra nombra a ese medio de transporte que recorre todos los barrios "de mañana,/ por la noche, la tarde/ o madrugada,/ transitando pavimentos/ y empedrados,/ caminos de tu andar/ siempre rodando.(…) Al volante del bondi,/ consecuente,/ aunque queme el calor/ o apriete el frío;/ aunque arrecie/ potente la tormenta/ o acaricie la llovizna/ el colectivo". Carlos Rodolfo Taboada compuso la música y letra de Taxi mío (1973) que se hizo famoso por la telenovela "Rolando Rivas, taxista" creada por Alberto Migré y protagonizada por Claudio García Satur, Soledad Silveyra y Nora Cárpena.
El laburo en la industria del vestido siempre fue muy sufrido especialmente por las mujeres. Una importante cantidad de los temas abordaron el desamparo de quienes pasaban días y noches sentadas a la máquina de coser. En Caminito del taller (1925), el recordado poeta Catulo Castillo compuso la música y letra de este tango que expresaba el sufrimiento de aquellas que, cotidianamente, salían de sus casas a ganarse el sustento. "Caminito al conchabo, caminito a la muerte,/ bajo el fardo de ropas que llevás a coser,/ quién sabe si otro día quizá pueda verte,/ pobre costurerita, camino del taller" Pasaron más de ochenta años y, en Argentina, la crueldad de las condiciones de trabajo empeoraron. En el siglo XXI se siguen violando los derechos más elementales y fue la voz de una mujer, Marta Pizzo, quien en su tema Ocho horas y punto (2010) reflejó la realidad de una reiterada explotación: "Talleres clandestinos, ropa sucia/ por paga miserable del negrero/ vampiro que recluta la penuria,/ patrón en el infierno de los lienzos. (…) Sucio galpón de sótano inmigrado,/ trabajo humedecido en servidumbre,/ inviernos ateridos, sin alumbre/ veranos de sudor, sin almanaque".
Hace años que Buenos Aires desactivó el "Trencito de la Basura" que, en siete viajes por día, llevaba los residuos de la ciudad hasta Parque Patricios para incinerarla. Allí funcionaba "la quema", en la que laburaban hombres, mujeres y niños recolectando metales, cartones, trapos, latas, huesos y vidrios para venderlos. El personaje típico, el "ciruja" —término lunfardo que recuerda la labor de los cirujanos, "por aquello de revolver con hierro"— "operaba" la basura hasta encontrar algo que le sirviera para subsistir. También los "linyeras" se ganaban la vida cirujeando;"; este personaje está muy bien retratado en el tango La quema de Rao Santillán, que grabó Ignacio Corsini (1927): "Entre basuras, llorando una pena/ La vista al suelo, moviendo el bastón, De trapo y vidrios, la bolsa llena/ Y de amargura sólo, el corazón. (…) Roncos sollozos, desgarradores/ Salen del pecho del hombre aquel,/ Jura y maldice y los dolores/ Hablan del alma de aquel infiel./ De pronto un grito se oye en la quema/ Al rato un cuerpo se ve caer,/ Y allá a lo lejos aún gime el tango/ Bajo las ramas del sauce aquel". La mercadería se pesaba con la famosa balanza "romana" que siempre favorecía al empresario del cirujeo, ese que hacía un negocio millonario utilizando la mano de obra de los miserables cuentapropitas obligatorios.
Después de la crisis del 2001 los cirujas y los linyeras se convirtieron en los modernos cartoneros. Casi la mitad de los cartoneros eran nuevos en el oficio y en su currículum mostraban experiencias como operarios de fábrica, albañiles, vendedores o mozos. Si bien hubo una recuperación económica, el trabajo formal no alcanzó para todos y, en los últimos 15 años, familias enteras se dedicaron a cartonear. Un nuevo poeta del tango, Jorge Eduardo Padula Perkins, que continua la tradición de reflejar en sus versos el cotidiano vivir y el sentir de los porteños, compuso el tema Ahijado de Buenos Aires (2010): "Cartonero…/ …vos si que sos personaje/ obrero del reciclaje/ sin capataz ni patrón./ Nuevo urbano laburante/ hijo de la mishiadura/ que revolviendo basura/ busca el mango en el cartón.(…) Cartonero…./ Ambientalista del llano,/ pertinaz gorrión nocturno/ que frente a frente se topa/ con esos cientos de cosas/ que a los otros le hacen bulto/ y serán en la mañana/ su pan, su guiso o su sopa".
Hoy como ayer, los sueños del pibe de cualquier barriada es salir de pobre por su destreza física convirtiéndose en un jugador de fútbol; se imagina trabajando como el verdadero crack que salvará a la familia de la miseria: "Mamita querida/ Ganare dinero. (…) Vas a ver qué lindo/ Cuando allá en la cancha/ Mis goles aplaudan/ Seré un triunfador/ Jugare en la quinta/ Después en primera/ Yo sé que me espera/ La consagración" (tango de Reynaldo Yiso, 1945). Pero, para la mayoría de los chicos que se acercan a un club en busca de oportunidades, los sueños siguen siendo sólo sueños cuando provenir ya se convirtió en pasado.
De nada valen las leyes nacionales y las normas internacionales que prohíben el laburo de los pibes porque cuando la necesidad apremia y, con o sin autorización de los padres, los chicos salen a ganarse unos manguitos repartiendo estampitas y pidiendo por las calles. Ya no se quedan con la "ñata junto al vidrio" mirando la vidriera del Cafetín de Buenos Aires y entran en los restaurantes a buscar algo para comer. Con singular ternura Horacio Ferrer le dedicó sus versos al chiquilín, ese que "come luna y pan de hollín" y que "Por las noches, caras sucias/ de angelito con bluyín,/ vende rosas en las mesas/ del boliche de Bachín". Cuando el laburante tuvo la suerte de tener un trabajo durante más de 35 años, con los aportes y contribuciones que mandan las leyes, el laburante se jubila y se gana el derecho a haraganear sin recriminaciones ni culpas. Pero de tanto acostumbrarse a yugarla no encuentra fácilmente en qué ocupar su tiempo ni como insertarse en el mundo de la "clase pasiva". El poeta Héctor Gagliardi le dedicó sus versos "Sería ese jubilado /que hasta en su casa molesta,/ tendría que hacer la siesta/ aguantar a los de al lado, ir a misa y al mercado/ ayudar a su mujer, /pintar, podar y barrer…/y no fumar demasiado. "Pasó de activo a pasivo/ en el mayor de la vida/ al jubilarse se archivan/ los desengaños sufridos…./ Cruel desquite del Destino,/ que al darle su independencia/ se cobra en indiferencia/ un descanso merecido.
El tango nos cuenta que conseguir laburo es difícil y mantenerlo es problemático; trabajar cansa porque yugarla es peliagudo y no siempre se tienen el ánimo y las fuerzas necesarias. Quizás por esto los antiguos temas, como Acquaforte, mantienen su vigencia "Y pienso en la vida…/ las madres que sufren,/ los hijos que vagan,/ sin techo y sin pan…/ vendiendo La Prensa,/ ganando "dos guitas". /Que triste es todo eso,/ quisiera llorar!" Pero si yugarla es difícil, no tener laburo resulta el peor de los castigos porque atenta contra la inTegridad personal y carcome el tejido social.
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